Martes, 12 Diciembre, 2017

            

Tontos del Bulo

Ramón Ramos


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Me he preguntado con frecuencia qué estaría pasando por el pequeño cerebro de esa gente que en día de atentado, antes de que existiesen las redes sociales, se dedicaban a llamar por teléfono desde cabinas y hasta domicilios particulares anunciando la colocación de una bomba o la inminente explosión… A menudo, la Policía los encontraba y, por lo general, se trataba de adolescentes mal criados que creían estar haciendo una broma. ¡Qué gracia! Supongo que una buena multa a los padres -como responsables de la educación- les quitó las ganas de repetir.

Un día de aquellos aciagos que en Granada golpeó el terrorismo en un corro tratando de conocer las incidencias y pormenores de la jornada, en el entonces Gobierno Civil un director de la Policía lamentaba las llamadas de esa índole que se estaban recibiendo. “Algún gilipollas…”, dijo un buen amigo. Y aquel policía se le acercó y le dijo: “Gracias por decirlo usted, que así no tengo que decirlo yo”.

Han pasado más de veinte años pero los tiempos, en ese aspecto, han ido a peor. Nos hemos librado de la amenaza palpable de aquel terrorismo de entonces, los demócratas hemos ganado esa batalla. Pero ha emergido otro tipo de violentos más indetectable, menos previsible, más indiscriminado y, por lo tanto, más difícil de evitar y perseguir. Al hilo de esa transformación, también el ‘gilipollas’ intoxicador de antaño se ha transformado -decir ‘evolucionado’ sería ofender esa palabra- y con la facilidad multiplicadora que dan las redes sociales se dedica otra vez a intoxicar, por ejemplo, con ese que se ha difundido estos días y anuncia la inminencia de un atentado en Granada que en su osada osadía indica incluso los puntos donde podría producirse y que -dice- han confirmado Policía y Guardia Civil. Hay que ser también un poco simple para creerse que Policía y Guardia Civil confirmasen por esa vía tal inminencia y no la difundiesen ellos directamente. Por eso, sencillamente por eso: porque no es verdad.

Pero, entretanto, obligan a los agentes a distraer esfuerzos en desmentir tales infundios (Por cierto, enhorabuena a quien en la Guardia Civil ha sabido calificar con tanta certeza e ironía y finura a tales intoxicadores: ‘TontosdelBulo’). Hace un par de años, al día siguiente del atentado de París, crucéme con uno de esos que siempre cree saber más que los demás. Se me acercó raudo: “Es verdad que estamos en ‘alerta máxima’?”. Y yo: “No. Ha dicho Subdelegación del Gobierno que no se ha elevado el nivel de la alerta”. Él, tomándome el brazo con misericordia para reforzar su afirmación: “¡Estamos en alerta máxima!”. Le podría haber preguntado por qué me preguntaba a mí si era él portador de tan certera información. Preferí preguntar otra cosa: “¿Y dónde están los vigilantes? Yo no los veo”. Estábamos delante de un monumento señero de Granada. No tuvo respuesta, pero me juego un brazo a que dos esquinas más abajo, si se encontró con otro incauto, se lanzó a compartir el inquietante bulo…

“Ni caso a las cadenas de whatsapp. Sólo fuentes oficiales”.  Es el mensaje oficial de las autoridades. Pues eso.

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