Martes, 25 Julio, 2017

            

"Todo es posible en Granada. En Granada puedes verlo todo, lo ideal y lo irreal"

Declaración de amor a Granada



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Y es que, nadie me avisó del peligro que corría, nadie me advirtió que ya nada sería lo mismo ni nada borraría aquellas horas de mi mente. Nunca.

Bañada por el sol de un septiembre caluroso; así fue la primera vez que viví Granada, dejándola entrar yo a ella, pensando que entraba yo.

Es el sonido del agua corriendo por la piedra, haciendo sordo el momento a todo lo demás;
color verde, de tallos, de hojas, de musgo, que también suenan cuando quieres escuchar.
Va el embrujo afectado mientras sumas calles que pisar, ¿son especias?
Como neblina del alba, jazmín, malva, canela, albahaca, ajedrea, azahar, cayena, eneldo, laurel y regaliz, impregnan fulminantes los caminos.

Granada es poesía, cada árbol y farola, la cal de sus paredes y todos los bancos escondidos en esquinas invisibles. Cada flor, cada acorde de una guitarra que siempre está sonando, porque la poesía es música; la música del aire que baila cuando subes a la Alhambra, cuando vas dejando atrás lo más tangible, va oliendo a historia, voces muertas y encendidas para siempre, cuando el hechizo ya te llega al alma.
Cuando, por más gente que haya, el Paseo de los Tristes te sigue pareciendo de otro mundo, las cuestas que van al mirador, se te hacen una senda un tanto mágica y una lata de cerveza allí, sentada, cuando va cayendo la tarde, el mayor de los placeres.

Granada es respirar y sonreír, son noches con lunas diferentes, son noches oscuras con más luz que el mediodía, bombillas llenas de recuerdos salpicadas por los callejones, por las plazas, por los portales.
Cerámica pintada de blanco y azul, a veces decorada por versos, todos los versos que ella escribió, usando los más grandes nombres que el arte ha dado, los versos que se perdieron en los jardines árabes y en el espejo de sus estanques. Los versos que da vergüenza escribir, porque no sabes si tus manos estarán a la altura, los que están por venir, porque su belleza no conoce el tiempo ni entiende de idiomas.

Hay quienes dicen haber escuchado voces en la ciudad palatina, rezos escritos en sus paredes, que rodean las columnas y coronan los arcos. Las voces de los cantos que llegaban a cada pétalo, de todos los ojos negros que brillaron al compás ondulado de las sedas, que nunca se han ido. Porque nunca te vas de Granada después de haber caído en su hechizo, porque Granada suena a millares de trozos de corazones que se quedaron con ella.

Como el que dejé yo.

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