Viernes, 18 Agosto, 2017

            

Sus ideas caminarán con nuestras piernas

Imagen ilustrativa de una manifestación contra la presencia de ETA en las instituciones | Foto: E.P.
Martín Domingo


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El 8 de febrero de 2003, mientras agarraba con fuerza la mano inerte de Joxeba en la uvi de un hospital donostiarra, su hermana Maite le prometió la palabra.

Pilar, la aparentemente frágil madre de los Pagaza, se impuso también, desde ese día, con disciplina de hierro, la tarea de perpetuar la voz de su hijo, prematuramente silenciada.

“Ay, madre, me han de matar y no puedo evitarlo, mi grito de libertad lo acojan los ciudadanos…” había dejado escrito Joxeba.

Fue la suya la crónica de una muerte anunciada, en la que participaron asesinos de pensamiento, palabra, obra y omisión: ciudadanos ejemplares, terroristas fanatizados y políticos de corazón pétreo. Ninguno de ellos quiso escuchar el grito desesperado de Joxeba.

Me lo decía Pilar, hace unos años, con su voz firme, en el salón de casa de su hija, mientras Titi, la viuda, asentía con la cabeza. Me contó también una anécdota que ya había escuchado: unos días después del asesinato de su hijo se cruzó con el obispo Setién, y no le dirigió más que una mirada de desprecio; pero cuando ya lo había dejado atrás, se arrepintió, volvió sobre sus pasos y le espetó: ”Fariseo, no piense entrar en el cielo, porque usted donde va a ir es al infierno”.

Unos meses antes de morir también asesinado, el juez Giovanni Falcone escribió un libro a cuatro manos con la periodista francesa Marcelle Padovani. El libro –su vida- terminaba así: “El condicionamiento del ambiente siciliano, la atmósfera global, adquieren gran importancia en los delitos políticos: ciertas declaraciones, ciertos comportamientos sirven para señalar a la futura víctima. Se muere generalmente porque se está solo o porque se ha entrado en un juego demasiado grande. Se muere a menudo porque no se dispone de las necesarias alianzas, porque no se tiene el apoyo de nadie. En Sicilia, la mafia golpea a los servidores del Estado que el Estado no ha conseguido o no ha querido proteger”. Cambien Falcone por Pagaza y Sicilia por Euskadi.

Pilar intuyó antes que nadie que a su hijo y al resto de los asesinados por ETA los iban a matar más veces. En 2005 publicó en el diario ABC una carta dirigida a Patxi López, inmerso ya en el mal llamado proceso de paz, en la que, con determinación y enorme lucidez, hizo el diagnóstico de los años venideros: “Patxi, ahora veo que, efectivamente, has puesto a un lado de la balanza la vida y la dignidad, y en el otro el poder y el interés del partido. Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son. A tus pasos los llamarán valientes ¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!, Patxi ¡Qué solos estamos los que no hemos cerrado los ojos!”.

Doce años después de aquella carta la realidad no ha hecho más que confirmar las palabras premonitorias de Pilar Ruiz.

Ni vencedores ni vencidos. Es el slogan del nuevo tiempo. O lo que es lo mismo, aceptar el relato político de los asesinos, a cambio de que no vuelvan a matar.

Pero la situación actual se puede (se debe) revertir.

Tras la muerte de Falcone y Borsellino, los sicilianos de bien acuñaron un lema: “No los habéis matado, sus ideas caminarán con nuestras piernas”. Maite y Pilar prometieron, ante el cadáver de Joxeba, ser la voz de los sin voz y nunca han faltado a la palabra dada.

No podemos dejarlas solas. En estos tiempos de confusión moral, tenemos que ser miles, cientos de miles, los que gritemos que Joxeba, Goyo, Fernando, Jorge, Alberto, Ascen y todos los demás eran de los nuestros, que dieron sus vidas por la libertad de todos y que no vamos a consentir que se pise su dignidad ni se manipule la historia. De lo contrario, no podremos mirarnos al espejo sin sentir vergüenza.

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