Lunes, 21 Agosto, 2017

            

“Solo pensaba en buscar dinero para poder ir al prostíbulo y tener relaciones”

La adicción al sexo es una problemática aún por estudiar que hace que quien la padezca deje a un lado sus aficiones y su vida personal y solo reciba sensaciones positivas de los estímulos sexuales constantes

Foto: Archivo
Sarai Bausán García | @Sarai_Bausan


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Comiendo, trabajando, hablando con su familia. No importaba donde estuviese, Miguel solo tenía una cosa en mente: poner cualquier excusa para poder salir del lugar en el que estuviese y poder dirigirse al prostíbulo, el único lugar en el que, desde los 16 años, se siente seguro y feliz. Un hecho que hoy en día combate y que le ha hecho querer mostrar su realidad como ejemplo de superación, aunque respaldado tras el nombre falso de “Miguel” por los prejuicios que esta experiencia pueda ocasionar en su vida actual y su familia.

Al observarlo, poco queda en su persona de ese hombre tímido e inseguro que se veía incapaz de mantener más de dos palabras con una mujer. Ya puede dar dos besos a las chicas y mantener una “pequeña conversación” con ellas, algo que, aunque parezca de lo más cotidiano, para él “era un mundo”.

Porque su realidad era muy diferente a la que vive en la actualidad. Todo comenzó cuando tenia 16 años y la pubertad empezaba a revolotear entre su grupo de amigos. Todos sus amigos comenzaban a ligar con chicas y mantener relaciones sexuales, mientras que él, por su timidez y por los complejos que le hacían sentirse “un ogro feo y gordo”, acabó refugiándose en los “pisos relax” para poder vivir las mismas experiencias que sus compañeros.

Lo que en un principio se mostraba como un hecho casual que solo realizaba porque todos practicaban sexo, acabó convirtiéndose en el centro de su vida. “Cuando entré la primera vez en un club iba con la cabeza agachada, iba avergonzado y siempre me iba con las prostitutas que ya tenía confianza. En los últimos meses yo era el rey allí, me sentía mejor que nunca, entraba y todo eran abrazos, besos y muestras de cariño, pero claro, por el dinero”, explica Miguel con claridad y sin tapujos.

Pero todo se descontroló los últimos meses, cuando ya no le bastaba con visitar el prostíbulo una vez a la semana, sino que, para satisfacer sus necesidades, se acercaba al lugar diariamente a visitar a “sus chicas” durante una media de cuatro horas al día.

Y es que una de las cosas de las que se desprenden las personas que sufren este tipo de dependencias- que, por la falta de estudios y de personas que reconocen padecerla, no está recogido por los estudios como una adicción propiamente dicha- es el alejamiento de su vida diaria y de lo que anteriormente daba sentido a sus días.

Así lo señala Marta López Gómez, una de las psicólogas de la Asociación Granadina de Jugadores de Azar en Rehabilitación –Agrajer- que ha ayudado a Miguel a dejar todo eso atrás: “La adicción te hace perder mucho tiempo no solo por ver videos, quedar gente por Internet o en persona, sino que tu pensamiento generalmente no para hasta buscar la próxima ‘aventura’. Esto les hace perder concentración a nivel laboral o llegar tarde, faltar, tener problemas de sueño, de alimentación, las relaciones se deterioran mucho y además dejan sus aficiones para dedicarle todo el tiempo al sexo”.

Eso es lo que le sucedió a Miguel, que dejó de hacer todo lo que le gustaba para dedicarse únicamente a conseguir su principal objetivo: conseguir dinero de donde fuese para poder seguir pagando a prostitutas.

Porque, tal y como él expresa, su “problema” no estaba en el sexo en sí, si no en la prostitución. “Yo nunca he sido de ver películas porno ni de tocarme, lo que a mí me gustaba era ir al club porque ahí era donde me sentía a gusto y donde me hacían sentir bien”, indica Miguel.

Tal era su sensación de inseguridad con las mujeres que en ocasiones intentó quedar con chicas, pero se vio imposibilitado de poner mantener relaciones sexuales con ellas. “Había una chica a la que yo le gustaba y, por la insistencia de mis amigos, quedé con ella, pero no fui capaz de hacer nada. Tuve que irme de su casa y fui directo al prostíbulo a poder terminar la noche con una de las chicas de siempre”, relata.

Sobre su relación con el “sexo opuesto”, Migue añade: “Yo veía una mujer en la calle y pensaba ‘que folla tiene’, ni que bonica ni nada, solo veía sexo en la mujer. Aquí me están enseñando a que puedo tener más relación con las mujeres. Ya no pienso como antes, ahora puedo darle dos besos, algo que era inimaginable para mí antes”.

Su dinámica diaria estaba marcada: cada día tenía una chica elegida. Así, cuando entraba en el club, las prostitutas ya sabían que ese día era su día y que tenían que ser ellas quien se acercasen a Miguel. “Yo iba al club, echaba mi kiki y fuera. Con amigos incluso hacíamos rutas en las que nos acercábamos a todos los prostíbulos de Granada, pero yo siempre mantenía relaciones en el mismo prostíbulo. Las chicas me veían y ya sabía cuál quería ese día y si quería que además viniera otra compañera ellas lo solucionaba y listo”.

CÓMO DISTINGUIR ADICCIÓN DE UNA ACCIÓN SANA
Durante sus visitas a Agrajer, las psicólogas iban mostrando a Miguel qué camino seguir para poder dejar atrás su adicción. Un problema que, en ocasiones, cuesta reconocer. Sobre todo los hombres, cuando tienen este tipo de instintos, no solo no se ven coartados por su entorno, sino que son sus propios amigos quienes les animan y les dan “palmadas a la espalda” para que continúen, sin saber que eso es el realidad un problema.

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Imagen de archivo de dos personas manteniendo relaciones | Foto: Archivo

Así lo destaca la psicóloga Marta López Gómez, quien también indica que la forma de saber si las relaciones sexuales están pasando a ser un “enganche” para una persona es ver si le genera un sufrimiento personal, social o económico a él o a su entorno. “El sexo es un tema tabú y por eso no hay un camino a seguir. La sexualidad es un tema tan personal que cada uno tiene que saber vivirlo con íntimamente, pero el problema está cuando te hace daño a ti o alguien”, recalca López Gómez.

Tanto el perfil de las personas que sufren de adicción al sexo como las causas que le han llevado a esa situación sigue siendo una incógnita para los profesionales pues, al ser pocas las personas que se someten a tratamiento por este asunto –comparado con adicciones más comunes como el juego o la droga-, es complicado hacer una estimación general. A pesar de ello, Marta López afirma que el origen suele ser un “cóctel” de varios factores que se unen. Estos pueden ser la timidez de la persona o el haber tenido unos inicios en la vida sexual traumáticos. “Se trata de gente que no sabe vivir su sexualidad de forma saludable y encuentra en esta forma de practicar sexo compulsivamente una manera de satisfacer otras necesidades más profundas que tienen”, expresa la experta.

Lo que llevó a Miguel a adentrarse en esta práctica sexual fue los problemas de autoestima que él mismo tenía. Se veía imposibilitado de relacionarse con cualquier persona por lo que él mismo pensaba de su aspecto. “Me encontraba muy mal. Odiaba mi aspecto. Me consideraba una persona horrible, muy fea, no creía que fuese capaz de tener una persona de la calle. Ahora me doy cuenta de que es posible”, muestra Miguel.

LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS, UNA DE LAS CONSECUENCIAS DE LA ADICCIÓN
“La primera vez que vine a Agrajer vine con la cabeza agachada por la vergüenza y me acabé yendo porque vine un poco forzado por mi hermano, que ya sabía en la situación en la que me encontraba. No fue hasta meses más tarde cuando vine yo solo porque me di cuenta del problema que tenía cuando vi las deudas que acumulaba”, destaca Miguel.

La mayoría de adictos al sexo suelen darse cuenta de que la práctica del coito se ha convertido en un problema para ellos cuando descubren el dinero que se han gastado. “Muchos recurren a la prostitución o a Internet y es un gasto económico grande. La luz se les enciende cuando hay problemas de dinero”, expresa López Gómez.

Eso es lo que le sucedió a Miguel, que, “enganchado” por una prostituta con la que acabó teniendo más relaciones que con las demás, decidió comprarle un coche y sacaba dinero “de donde fuese necesario” para contentarla y que así ella “quisiera hacerlo”.

“Solo pensaba en buscar dinero para poder ir al prostíbulo y para darle dinero a ella. Hubo un momento en el que empecé a sacar facturas y ya no sabía ni cuánto dinero debía. Mi familia me ha ayudado y ya no debo dinero por ningún lado, pero yo he hecho de todo por conseguir dinero, obsesionado por poder tener más relaciones”, explica Miguel.

LOS TRES MESES PRIMEROS, LOS MÁS COMPLICADOS
Desde que emprendió su camino de deshacerse de su adicción, Miguel no ha vuelto a mirar atrás. Ha dejado a un lado sus antiguas amistades que le hacían ir a los club, ya no aparece por el mismo entorno y ha comenzado a recuperar aficiones que parecían perdidas durante tantos años.

No son muchas las tentativas de recaer que ha tenido, pero afirma orgulloso que supo cómo contenerse ante ellas. El momento en el que estuvo más cerca de sucumbir fue un día que acabó por instinto en la puerta del prostíbulo que solía visitar. Sentado en su coche a punto de entrar se dio cuenta que no quería hacerlo, que no podía. Era mucho lo que había luchado y no quería dejarlo por perdido.

Porque, tal y como destaca Marta López, lo peor para los adictos son los tres primeros meses, pues todo les recuerda a su adición y en ocasiones les es complicado no caer de nuevo en la tentación.

Ahora Miguel por fin se siente a gusto consigo mismo. Puede mirarse al espejo sin sentirse incómodo. Es feliz y se le nota. Consigue ríe y habla sin parar. Se relaciona con gente nueva y se centra en su trabajo más que nunca. Y ha conseguido una de las cosas que más aprecia: recuperar el cariño y la relación con su familia.

Dos años hace ya que Miguel no se acerca a un prostíbulo y que no frecuenta los ambientes que antes daban sentido a su vida. Ahora va orgulloso y con la cabeza alta por la calle. Lo ha conseguido. Con la ayuda de sus “grandes compañeros” de Agrajer, ahora solo piensa en intentar seguir avanzando y cumplir el único sueño que le queda por lograr: tener una relación sana con una mujer y sentirse al fin querido.

Comments

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  1. Lo moismito que el poder y la corrupcion ,,,…la diferencia es que ……la pagan los ciudadanos ..en lugar de ..los corruptos….