Jueves, 14 Diciembre, 2017

            

Solemnización del agua del grifo

Imagen ilustrativa | Foto: Archivo
Ramón Ramos


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Granada cuenta con una nueva seña identitaria: sus aguas, “de las mejores de Europa” según los expertos que genéricamente cita la empresa municipal suministradora, Emasagra, sin entrar en más detalles. Un carácter de calidad que también es invocado reiteradamente por el alcalde, el socialista Francisco Cuenca, que solemnizó con su presencia la promoción del agua del grifo mediante la distribución de 1.300 jarras entre bares y hoteles de la ciudad.

La solemnidad del momento requería una promoción acorde con la trascendencia del acto: un convenio con la Federación de Hostelería y la propia Emasagra que el alcalde ha firmado la pasada semana en un acto que no dejó ni un detalle al azar: una furgoneta recogió a periodistas y cámaras en el Ayuntamiento y recorrió los 500 metros que separan el caserón municipal del señero restaurante Las Titas, donde iniciar la entrega simbólica de las jarras que “podrán servir este recurso natural a los clientes que lo soliciten”, según las declaraciones de prensa que se sucedieron tras la firma del acuerdo. Para la firma y entrega de la ‘Jarra Uno’ el establecimiento montó un escenario acorde con la rueda de prensa que sucedió al evento, aunque no pudo evitar esos detalles tan característicos de una cafetería: cuando el camarero calienta la leche y el sonido del vapor interrumpe la conversación, que en este caso no era una ‘charleta’ cualquiera, sino la declaración de Granada como “ciudad de aguas”.

De hecho, la firma del convenio se retrasó unos días porque el alcalde, en su condición también de presidente del consejo de administración de Emasagra, sugirió el aplazamiento hasta que las jarras en cuestión estuviesen a disposición de los establecimientos hoteleros. A la solemnidad del momento se suma la Federación de Hostelería. Su presidente provincial, Trinitario Betoret, asegura que una de las preguntas que con mayor reiteración formulan los clientes es precisamente “si el agua del grifo se puede beber”. La respuesta de Betoret no puede ser más contundente: “No solo se puede beber, es que les invitamos a disfrutarla”.

Así, Betoret eleva el listón de de los elogios a la “fantástica” iniciativa de Emasagra y el Ayuntamiento, que a través de Cuenca proclama a Granada como “ciudad de aguas”, cimentada en criterios medioambientales y de calidad, que la empresa suministradora ratifica: “de una excelente calidad y sometida a un continuado y exhaustivo control de todos sus parámetros” que se extiende ahora a las jarras que gratuitamente repartirá Emasagra, “de vidrio, un material inerte, inocuo e higiénico”, según su gerente, Federico Sánchez, que los clientes recibirán con gozo ante -añade Betoret- “la ansiedad del calor” que despiadadamente azota estos días la ciudad.

Con la distribución de jarras Ayuntamiento, Emasagra y Federación de Hostelería se anticipan a la normativa que prepara la Consejería de Salud, que tiene en trámite de información pública el ‘Anteproyecto de ley para la Promoción de una vida Saludable y una Alimentación Equilibrada’, donde se fija la obligación de tener a disposición de los clientes “un recipiente con agua fresca y vasos para su consumo de forma gratuita y complementaria a la oferta del establecimiento”. Iniciativas similares a la de Granada existen ya en Pamplona o Córdoba y también en Praga, París o San Francisco, según Emasagra.

Al alcalde se le preguntó si la persistencia de la sequía obligase a cortes y restricciones de consumo. Cuenca dijo que “está previsto”, aunque portavoces de Emasagra precisan que la empresa dispone de catorce pozos que entrarían en servicio si se perpetúa la carencia de lluvias, antes que proceder a impopulares interrupciones de suministro. Los firmantes del convenio no brindaron con agua (dicen que trae mala suerte…).

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