Martes, 19 Septiembre, 2017

            

Sobre el Granada B y un contraste enojoso

El filial nazarí encuentra en Los Cármenes un trance confortable que se diluye y desentona frente a su papel como visitante

Los jugadores del Granada B se lamentan tras encajar un gol esta temporada | Foto: Antonio L. Juárez
Gabriel Sánchez @Gabisancara


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Como en casa en ningún sitio. Que se lo digan al Granada B. El bisoño y cosmopolita plantel es cada vez más consciente de la importancia que tiene su labor en zona amiga. Primero en Armilla y ahora en el Nuevo Los Cármenes, la valía materializada en puntos solamente se gesta ante su público. Francamente, el equipo se gusta frente al espejo cuando juega en casa. Pero la pasarela se le hace cuesta arriba cuando toca percutir en territorio ajeno. Ese contraste de apariencias le penaliza demasiado. La plantilla tiene un decoroso fondo de armario, expone un juego cada vez más sensato y además tiene facilidad goleadora, aunque echa de menos el condimento principal en el que bucean los equipos ganadores: regularidad en sus prestaciones.

Esa ausencia condiciona actualmente las aspiraciones de un equipo que podría abordar con una apetencia superior cotas más ambiciosas. El vivo ejemplo se atisba en la recién exhalada jornada. Se desperdició una ventaja de dos tantos en prácticamente dos minutos, ante un inmediato perseguidor como es el San Fernando y el cual porteaba cinco derrotas consecutivas. Esas concesiones secundan la autoría de hacer un alto en el camino, otear los motivos del desbarajuste y eliminar asperezas, pues la mala suerte no avisa tantas veces a la puerta, y ni mucho menos debería encajar con el papel de los chicos en casa, donde sí dan la cara con solvencia.

El primero que ha lanzado la piedra al aire ha sido Planagumà. En declaraciones posteriores al partido, el técnico barcelonés achaca la debacle a la falta de actitud de algunos jugadores. El envite se puso de cara muy rápidamente, y el filial se vio con una ventaja que no supo gestionar. La desdicha del visitante se hizo aún más caprichosa, y ni con un jugador más ni con varias oportunidades manifiestas de gol fueron capaces de volver con tres unidades bajo el brazo. La quimera se acrecienta bajo estas condiciones.

Ahora y más que nunca es la ocasión de coger las riendas unidireccionalmente. Es patente la solidez de las dos dinámicas, la cara y la cruz, la armonía y el espasmo. La tesitura actual pasa por propiciar que sea la parte noble la que engulla al desatino, y no al revés. Si eso sucediese, podríamos hablar de un equipo que pugnaría por cualquier enmienda, pues reúne las condiciones necesarias. Si no, la autonomía del conjunto dependerá de terceros, siendo previsible una campaña de volantazos con destino a cualquier lugar.

El escenario apaciguador vuelve este domingo ante un rival de eminente categoría. La alineación que ponga en liza Planagumà ante el potente Cartagena podría desnortar a profesionales señalados; es necesario mantener el poderío en barco propio dada la altura del proceso competitivo. Un nuevo triunfo local certificaría nuevamente que el pobre bagaje como forasteros es cuestión de algún repunte con remedio al alcance de la dirección técnica y de la propia escuadra. Sucumbir en la afrenta agilizaría seguramente la puesta en marcha del trámite para hallar la traba. A fin de cuentas, se trata de abatir al contraste enojoso y comenzar una línea de acción más virtuosa. El tiempo dirá.

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