Viernes, 23 Junio, 2017

            

Síndrome de Capgras: la enfermedad que te hace creer que tus seres queridos han sido reemplazos por impostores

Los expertos afirman que ‘seguirle la corriente’ a estos pacientes no les ayuda a mejorar e, incluso, puede hacer que los errores de identificación que padecen se incrementen

Sarai Bausán García | @Sarai_Bausan


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Imagínate que un día te levantas y aquellos que te rodean han sido eliminados y cambiados por impostores idénticos a ellos. Una imagen bastante angustiosa, ¿verdad? Pues es la realidad que viven quienes sufren el síndrome de Capgras. Estas personas aseguran, según explica la neuropsiquiatra Estrella Ródenas, que alguien cercano afectivamente a ellos –un familiar, un amigo o, incluso, ellos mismos- han sido reemplazados por un doble idéntico.

Un trastorno que en su labor en el Servicio de Neuropsicología del Hospital Universitario San Rafael se ha encontrado en repetidas ocasiones. Como ejemplo cuenta la historia de una mujer que sufría Alzheimer y aseguraba que desde que su esposo había fallecido hacía dos años un hombre que se parecía mucho a él vivía con ella en su casa. “Obviamente el hombre que vivía con ella era su esposo, el cual no había fallecido”, expresa Ródenas.

Pero esta patología no solo provoca que tengan estos pensamientos de sus seres queridos, sino que también puede afectar a su percepción de lugares, animales u objetos que les son cercanos. Es lo que le sucedía a otra mujer que no reconocía su casa como tal y todas las mañanas, al levantarse, estaba convencida de que se encontraba en la casa de la vecina. “La mujer nos preguntaba con desasosiego: ‘¿Cómo hace mi marido para sacarme cada noche de mi casa y llevarme a la de la vecina sin que yo me de cuenta?”, muestra la neuropsiquiatra.

Según señala la experta, tradicionalmente este síndrome ha sido asociado a patologías psiquiátricas, especialmente a trastornos mentales como la esquizofrenia u otros trastornos psicóticos o de la personalidad; pero también ha aparecido en casos en los que el paciente ha sufrido un daño cerebral –como en el Alzheimer o el Parkinson- o tras sufrir un traumatismo craneoencefálico o un accidente cerebrovascular.

“La aparición del síndrome de Capgras tras un daño cerebral ha permitido delimitar las áreas del cerebro que pueden estar implicadas. De hecho, parece que los lóbulos frontales y algunas estructuras fronto-temporales del hemisferio derecho son las áreas que se encuentran comprometidas en este síndrome”, afirma la especialista, quien, además, afirma que “los modelos neuropsicológicos actuales plantean que estas estructuras son esenciales para el reconocimiento facial y la atribución de familiaridad, lo cual nos permite identificar un rostro para después determinar si es familiar o no”.

Se trata de un síndrome que, al igual que el resto de trastornos relacionados con errores de identificación, ha sido considerado de forma tradicional como inusual y circunscrito a extraños casos pero, según las palabras de Ródenas, cada vez existen más estudios que proporcionan datos sobre la posibilidad de cronificación e, incluso, sobre que su frecuencia y su contexto de aparición se encuentren subestimados. “En las últimas décadas, la cantidad de casos informados ha aumentado significativamente, destacándose su alta frecuencia en fases avanzadas de demencia”, recalca Estrella Ródenas.

Una enfermedad que podría darse con mayor predisposición en personas que tienen cierta tendencia continuada a la suspicacia. Cuando el origen del síndrome de Capgras es una lesión cerebral, por su parte, parece que se produce con más frecuencia cuando las estructuras cerebrales frontales se encuentran comprometidas y, sobre todo, cuando el daño se produce en el hemisferio derecho.

El síndrome de Capgras suele ocasionar un gran impacto en la vida diaria no solo de los pacientes que lo padecen sino, también, de sus familiares o su entorno. Además, la seguridad que tienen los afectados de que sus seres queridos han sido reemplazados hace que se comporten de acuerdo a sus falsas creencias, manifestando gran hostilidad hacia la persona que creen impostor y suspicacia hacia el entorno en general. Esto, a su vez, limita su independencia, ya que dejarlos actuar de forma autónoma puede conllevar grandes riesgos físicos, pues lo más común es que intenten escapar del impostor saltando incluso por ventanas o huyendo sin rumbo por la noche.

“Lamentablemente, no hay un tratamiento demostrado para este tipo de alteraciones. Sin embargo, sí parece que darles la razón o seguirles la corriente no mejora al paciente e, incluso, puede hacer que los errores de identificación vayan a más”, señala Estrella Ródenas. La forma de proceder en casos en los que los pacientes tienen estas confabulaciones, según indica la experta, es provocar falsas memorias e identificaciones en los pacientes para, inmediatamente, confrontarlos con sus errores y darles pautas para que mejoren su atención selectiva. “En algunos casos los pacientes han dejado totalmente de confabular y de cometer falsas identificaciones, mientras que en otros se han reducido considerablemente sus errores”, matiza.

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