Viernes, 20 Octubre, 2017

            

“Sin ayuda no sales de esto. Crees que puedes controlarlo, pero no”

Los trastornos de la conducta alimentaria se han convertido en la tercera enfermedad crónica en adolescentes | Marina y Blanca, dos granadinas, luchan para acabar con la bulimia, un 'demonio' que les devora por dentro

Marina, que está superando la bulimia, nos cuenta su experiencia | Asun Rodríguez
Ángela Gómez | @_Angela_GA


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La voz de alerta en la casa de Pilar la dio una llamada del colegio de su hija. Blanca se había hecho cortes en los brazos. Estaba llamando la atención. Fue su especial forma desesperada de transmitir a sus padres de que ya no podía más. Eso sucedió cuando Blanca estaba a punto de cumplir 15 años.  Tres años después, a través de un blog que ha abierto para contar sus experiencias, podemos comprender qué era lo que estaba amargando su existencia, lo que estaba provocando demasiados llantos, tanto agobio, tanta obsesión.

“Eras simplemente una marioneta movido por un único impulso, el cuerpo perfecto, y estabas completa y absolutamente decidida a conseguirlo conllevase lo que conllevase. Aprendiste a mentir tan bien que hasta tu misma comenzaste a creerte tus propias mentiras, “no mamá, he cenado en la calle”, “estoy con la regla,no tengo hambre…” mientras tratabas de ahogar el sonido de tu estomago con tu voz. Se te daba bien, jodidamente bien, podías mentir todo lo que querías, que nadie podría apreciarlo, aunque al final hay ciertos gestos que te delatan. Empiezan las preguntas y las respuestas cada vez menos convincentes, luego las explicaciones y más tarde las promesas de no volver a hacerlo más… y bueno, aquí estás de nuevo frente al váter intentando dilucidar de nuevo cómo has acabado allí otra vez. Te has vuelto aún más callada y triste, eres como un fantasma que se pasea por tu casa hasta llegar a tu cuarto y cerrar la puerta”.

Marina, otra chica de Granada, también ha pisado y se ha hundido en el mismo barrizal.  “Siento que he perdido mi adolescencia”, nos asegura esta chica de 21 años.

Ambas, Marina y Blanca, llevan varios años luchando contra su personal demonio interno: la bulimia.

Hay falsos mitos que giran en torno a los dos trastornos de la conducta alimentaria más frecuentes, que afecta al 5% de los jóvenes españoles, en el caso de la bulimia, y a cerca de 3%, en el caso de la anorexia.

En ambos trastornos, las personas que lo sufren experimentan un miedo extremo a subir de peso, alteran su ingesta alimentaria y, a veces, utilizan métodos de compensación, como provocarse el vómito, hacer ejercicio físico en exceso o el uso de laxantes. La diferencia más notable es que, mientras una persona anoréxica tiende a restringir la ingesta de comida, una persona bulímica se da atracones de comida en un corto espacio de tiempo con la sensación de  pérdida de control.

“POR FUERA QUIZÁ NO SE VE DETERIORO FÍSICO,
PERO POR DENTRO ESTÁS DESTROZADA”

A menudo, la gente piensa, y ahí encontramos un falso mito, que la persona que padece alguno de estos trastornos, está sumamente delgada, en los huesos, y eso no es así siempre. Una persona con obesidad y sobrepeso puede tener un problema de bulimia. “Es lo que me pasaba a mi”, relata Marina. “Cuando me lo diagnosticaron, pensé que me estaban mintiendo. ¿Cómo iba a ser bulímica si no estoy delgada? Ahora que Marina ya conoce perfectamente todo lo que abarca su enfermedad, quiere que las personas entiendan que no se trata de un problema físico, sino mental. “Por fuera quizá no se ve deterioro físico, pero por dentro estás destrozada”, apostilla.

Marina forma parte de los alrededor de 300 jóvenes que están bajo la atención y el asesoramiento de la Asociación ADANER. En este grupo de afectados hay un 88% de chicas y un 12% de chicos. No es casual, los trastornos de la alimentación afectan más a mujeres que a hombres. “Y está bajando la edad”, asegura a Granada Digital, el presidente de esta asociación.

Eduardo Oblaré, quien antes de ser presidente fue padre de una niña afectada, nos detalla que en estos últimos años son cada vez más jóvenes las chicas y chicos que sufren anorexia o bulimia. Si antes la franja de edad con más personas afectadas se situaba en los 16-18 años, ahora está en los 13 y 14 años. “Hay mucha presión sociocultural“, responde cuando le preguntamos el motivo de este descenso. “Es todo: la publicidad, los consejos, las dietas milagrosas, la estética, la moda…”, y reflexiona sobre este último punto que acaba de enumerar: “Cómo es posible que para una misma talla, según el fabricante, varíen tantos centímetros las medidas de la prenda”.

“NO SABES CÓMO LE VA A ATACAR LA ANSIEDAD”

“Todo el mundo oye hablar de la anorexia y la bulimia, pero no se hacen una idea de lo que cambia la vida. Por una larga temporada, cambia absolutamente todo”, nos relata al otro lado del teléfono Pilar, la madre de Blanca.

Cuando Blanca empezó el tratamiento para salir de la bulimia, una serie de normas y recomendaciones se implantaron en casa y se intentaron cumplir a rajatabla.”Nos aconsejaron evitar hablar de la enfermedad o sacar temas de conversación sobre ropa, moda, estética… Cuando veíamos la televisión con ella, si salía el típico anuncio de una chica súper esbelta anunciando un perfume, automáticamente cambiábamos de canal. Dejamos de ver programas del estilo a Masterchef”, recuerda Pilar. A su hija le prohibieron entrar a la cocina. Todos los espejos de la casa, tapados. Toda la familia tenía que hacer las mismas tomas al día que Blanca y seguir la misma dieta.

Sin embargo,  el mayor reto para estos padres ha sido crear un clima de normalidad en casa, aun cuando la preocupación era la tónica en casa. “Lo que más te inquieta es que no sabes cómo le va a atacar la ansiedad. Hay noches que no dormía pensando que ella, en su habitación, podía estar haciéndose daño”, asegura Pilar. “Los padres en este proceso somos como perros lazarillo: estamos ahí para cuando ella nos llame, pero sin invadir su espacio, algo muy complicado cuando sientes tal preocupación por ella”, expresa Pilar.

“AHORA, UN MAL MOMENTO, DURA ESO: UN MOMENTO”

Al principio es inevitable que a los padres no les inunde un sentimiento de culpabilidad y que miles de preguntas exploten en el cerebro de los progenitores: “Pero… ¿cuándo ha sido esto?¿Cómo no me he dado cuenta? ¿En qué momento ha pasado todo esto? Si mi hija es muy inteligente, ¿cómo ha podido caer en esto?”, y muchos más ‘peros’ se suceden. “Al poco tiempo empiezas a atar cabos”. En contra de lo que pensaba Pilar, no era el cambio hormonal de la pubertad lo que provocaba que su hija se encerrase en el cuarto o estuviese más triste. Tampoco era casualidad que faltase comida en la despensa.

“Me han devuelto a mi hija. De verdad, me la han devuelto”. A Pilar le faltan palabras para agradecer lo que la asociación y el equipo de profesionales del centro Elca, la Unidad multidisciplinar de la Conducta Alimentaria, han hecho por su hija.

A Blanca le dieron el alta en la Unidad de Día de este centro en junio de 2016. Ahora acude puntualmente a consultas ambulatorias. “Antes, un mal momento se convertía en una mala semana; ahora, un mal momento, dura eso: un momento”, argumenta así la evolución de su hija.

“ENTIÉNDEME…HE DESPERDICIADO MI ADOLESCENCIA”

Marina entra a la habitación donde nos encontramos charlando con Isabel, una de las psicólogas del centro y con Carolina, la nutricionista. No tiene que ser fácil contar algo que te ha marcado, y quizás lo haga para el resto de tu vida, a personas desconocidas. Pero ella, que sabe lo importante que es concienciar sobre esta enfermedad, no duda en contestar el folio de preguntas que hemos preparado y, ante alguna de ellas, una lágrima se escapa. “Entiéndeme, he desperdiciado mi adolescencia”, me dice.

Marina no sabe situar exactamente en el tiempo cuándo empezó a tener problemas con la comida. Se remonta a su infancia, a eso de los 8 años, y lo relaciona con las burlas en el colegio y con presiones para que bajase de peso. “Yo sabía que algo no iba bien con la comida, pero no reconocía que tenía un problema”. Fue su madre la que dio la voz de alarma y la puso en mano de los profesionales. No tardó mucho en ingresar en la Unidad de Día. “Me dolió mucho. Estaba conociendo ya a gente en la Universidad, y alejarme de todo eso de golpe fue un palo”, recuerda esta joven que, sin embargo, sabe que esa obligación fue el paso necesario para empezar a salir del pozo.

“Cuando ves que tu hija come y directamente se va a su cuarto a llorar; cuando de los siete días que tiene la semana, cuatro está mala del estómago, la sospecha está más que fundada”.

Isabel y Carolina, trabajadoras del Centro Elca durante la entrevista con GD | Autora: Asun Rodríguez

“SÉ QUE TENGO QUE SALIR DE ESTO, POR MUCHO QUE ME CUESTE VENIR AQUÍ”

Marina es franca y nos cuenta su ‘yo’ pasado. No confiaba en nadie, no tenía amigos, y los pocos que tenía, les mentía cada dos por tres. Necesitaba aparentar algo que ella realmente no era. Fardaba de planes que jamás había hecho y utilizaba la red social Tuenti como escaparate para sentir aceptación social. “Todos los días subía fotos y me fijaba cuántas personas visitaban mi perfil. Cuantas más lo hacían, más querida me sentía”, relata. Los estudios empezaron a torcerse. No era capaz de concentrarse cuando se ponía frente a los libros. Se obsesionaba pensando en qué estaría pensando el compañero de clase que tenía detrás. “¿Bailar? ¿Yo? Jamás. Cuando salíamos de fiesta, me quedaba sentada en un rincón porque me daba vergüenza que se fijaran en alguna parte de mi cuerpo que no me gustase”, recuerda.

Marina progresivamente ha conseguido tener más horas ‘libres’, fuera de su tratamiento en el Centro de Día. Se ha apuntado a patinaje artístico y está motivada. No saca sobresalientes, pero un aprobado le basta para estar satisfecha y orgullosa de su avances. En la Facultad ha hecho un grupillo de amigos y sale de vez en cuando con ellos, y no tiene una preocupación continua con la comida. “No soy lo que era antes. Yo antes no vivía, sobrevivía”. “Sé que tengo que salir de esto. Por mucho que me cueste venir, tengo que hacerlo”, asegura esta chica, quien ha aprendido a quererse más y a impedir que le afecte lo que la gente le diga.

“Sin ayuda no sales de esto”, matiza Marina, quien lanza un consejo labrado en su experiencia personal. “Crees que puedes controlarlo, que lo harás un día y al siguiente no, pero eso no es así. Así que, por mucho que cueste, pide ayuda y olvídate del ‘no, estoy bien’ “.

El presidente de ADANER, Eduardo Oblaré, atiende a Granada Digital | Autora: Asun Rodríguez

ATENCIÓN INTEGRAL

Cuando una persona con un trastorno de la conducta alimentaria toca a la puerta de la Asociación ADANER, un gran grupo de profesionales (nutricionistas, psicólogos, psiquiátras, enfermeros, trabajadores sociales…) se pone a disposición del paciente.

Según el estado de la enfermedad, el paciente necesitará subir más o menos escalones. Pero, por lo general, el proceso, engloba un diagnóstico y, a partir de ahí, se pueden combinar o suceder las consultas ambulatorias, el ingreso en la Unidad de Día (de forma total o parcial), la hospitalización y, en la última etapa del tratamiento, el seguimiento.

“Casi de forma paralela se llevan a cabo consultas psicológicas, nutricionales y terapias grupales. Poco a poco se va creando un hábito alimentario normalizado, en el que el paciente se expone a esas cinco tomas diarias para romper la relación insana que tenía con la comida. Mientras, a nivel psicológico, se trabajan los miedos, la ansiedad, la autoestima, la imagen corporal distorsionada que tienen y el deterioro en las diferentes esferas de su vida. Cuando la persona está más preparada, el soporte terapéutico y la contención se va reduciendo”, nos detalla Isabel, la psicóloga.

Salir de esta enfermedad es un proceso largo y, como otra cualquiera, depende de muchos factores que determinarán la duración del tratamiento. Por lo general, para curarse de le enfermedad y dotarse de las herramientas necesarias para ahuyentarla si aparece, se necesita una media de 3 años. “Si llegas a que te den el alta, difícilmente vas a recaer. Las recaídas son el fracaso del tratamiento, no haber cumplido con las pautas que te marcan”, asegura Eduardo, el presidente de la Asociación.

Eduardo nos cuenta las principales actividades que se llevan a cabo en ADANER, que van desde talleres de prevención, grupos de autoayuda, escuela de padres hasta campamentos terapéuticos, una actividad de la que se sienten especialmente orgullosos por haber sido pioneros en España y por su efectividad, ya que consiguen que los jóvenes aprendan a ‘normalizar’ sus vidas a la vez que disfrutan de un ambiente distinto.

ANA Y MÍA NO SON PRINCESAS DE CRISTAL

Solo en el ejercicio de documentación para este reportaje, nos ha bastado cinco minutos navegando por la red para encontrar imágenes de cuerpos irreales esqueléticos que las chicas toman como referencia, foros con consejos de “cómo vomitar sin que nadie se de cuenta”, o recomendaciones en una página en Facebook que aconsejan comer desnuda frente al espejo, evitar salir con los amigos para no comer comida rápida o masticar hielo si te da hambre. Sí, así, literal. Imagínense el impacto que pueden tener estos ‘consejos’ en una niña o en un niño que está caminando por esa cuerda floja.

Los contenidos que se ofrece en estos espacios cibernéticos carecen de soporte científico, pues en su mayoría son experiencias, propuestas, insinuaciones basadas en la suposición. Detrás de esas líneas y vídeos hay un patrón de pensamiento y comportamiento obsesivo-compulsivo propio del trastorno de conducta alimentaria que padecen quienes alimentan estos foros.

A menudo, estos dos trastornos se esconden bajo el seudónimo de Mía ( por bulimia) y Ana (por anorexia). No vamos a citar ninguna de estas páginas web por no darle publicidad a personas y empresas que promueven e incitan a la anorexia y la bulimia, algo que es delito. Sin embargo, pese a millones de denuncias para el cierre y censura de este tipo de contenido, sigue siendo muy fácil encontrar contenidos que apoyan y fomentan los métodos de compensación y el enaltecimiento a un cuerpo extremamente delgado.

 

Comments

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  1. yo soy una mujer que hoy dia tengo 47 años pero que alrededor de los 35 empeze a tener una perdida ponderada de peso,tenia una familia y un trabajon

    soy una mujer de 47 años que por el ritmo de trabajo acelerado y mis labores de hogar como mujer casada y madre de un hijo a la edad mas o menos de 35 pues la verdad no se muy bien cuando empeze,empeze a perder peso a dejar de comer ,comer fruta y lo poco que comia a vomitarlo,al principio provocado y luego ya simplemente vomitaba ,cuando mi perdida de peso fue tan ponderada empece a tratarme y hacerme pruebas digestivas pero todas eran negativas pero mi peso cada vez caia mas,me deribaron a la unidad ambulatoria de spicologia de motril pero no recibi tratamiento adecuado hasta llegar a tal deterio que mis tias me pusieron un ultimato buscar yo informacion o lo hacian ellas pues mi marido lo dejaba estar,asi que decidi buscarla yo y di con la unidad de ELCA donde me hicieron un primer estudio y entrevista en la cual directamente se decidio que lo mejor era ingresar en la unidad de dia,fue dificil y largo donde durante la semana estaba sola y por la noche dormia en un convento que me busco mi parroco ,pero el tratamiento fue duro y largo y llego un momento donde ya no podiamos hacer frente a los pagos pero alguien anonimo a travez de caritas de Almuñecar de donde soy hizo frente a pagar durante mas de 18 meses elcoste de la unidad que tenia una cifra considerable ,en el camino se rompio mi matrimonio de 25 años pero gracias a la ayuda de mis tias,hermanas,familiares y el apoyo de la clinica consegui seguir luchando y hoy aun lo sigo haciendo de forma ambulatoria,pero se que sin ellos no lo estaria consiguiendo,es una enfermedad dura y que mucha gente no entiende pues a mi me decian y aun lo siguen haciendo que como con mi edad habia caido en la anorexia nerviosa que es la mia,pero la enfermedad no tiene edad ni sexo,pero yo confio en que si Dios quiere conseguire salir y debo a agradecer a tantas personas que me ayudaron desde mi Parroco ,mi familia ,a la unidad que hacen una gran labor y como no a esa persona anonima que tanto me ha ayudado, y desde aqui quiero decir que hay que prestar mucha atencion a los sintomas pues yo se que si hubiera acudido a Elca antes me hubiera recuperado pero ya solo me queda que mirar asia adelante y seguir luchando pues en la unidad hay grandes profesionales

    so

    • la anorexia no es un juego ni tiene edad ni sexo pues tambien estamos mujeres de siertas edades que la padecemos