Sábado, 16 Diciembre, 2017

            

Si encuentras el amor verdadero te ha tocado la lotería

Imagen ilustrativa | Foto remitida
Marisa Chacón


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Por mi profesión, soy una forofa de los anuncios, sobre todo, de algunos de ciertas marcas. Por supuesto, cada año espero con ganas el de la Lotería de navidad. Creo que todos estamos de acuerdo en que desde que el ‘calvo’ desapareció nada ha vuelto a ser igual. Pero es que este año el anuncio, como buena obra de Amenábar, da para más de un análisis.

Hace como una semana lo vi por primera vez y, ciertamente, mi cara al acabar de verlo era un poema, casi tanto como el año del anuncio de Montserrat Caballé y Raphael.

¿Alguien puede decirme de qué va el anuncio de la Lotería de Navidad de este año?

Pues yo os voy a dar mi humilde interpretación: en este mundo de locos, si encuentras el amor verdadero o eres extraterrestre o puedes decir que te ha tocado la lotería.

Y es que el tema de las relaciones está duro, pero más duro que el turrón de Alicante, por seguir con la temática navideña.

Creo que parte de esta insatisfacción generalizada con las relaciones sentimentales viene motivada por dos factores principales: las películas románticas (o los cuentos de Disney, que para el caso lo mismo da) y el egoísmo mal entendido.

Las películas tienen mucha culpa de nuestro concepto de ‘amor amoroso’. La mayoría de nosotros (hombres y mujeres), aún teniendo pareja, guardamos la esperanza de cruzar un día cualquiera la mirada con un ser especial y único y quedar completa, total e irremediablemente enamorados. No seáis hipocritillas y reconocedlo: en el fondo esperáis tener un flechazo arrebatador y que la otra persona sienta lo mismo –of course-; pasear cogidos de la mano mientras suena de fondo música de Whitney Houston y tener sexo salvaje a todas horas mientras sigue sonando la banda sonora de El Guardaespaldas. Seamos realistas, esto no pasa o, al menos, no le ha pasado a nadie que yo conozca.

La realidad es muy diferente y, por supuesto, incapaz de cumplir con nuestras expectativas. Aparece la frustración por las razones más absurdas y esto nos hace perder la oportunidad de disfrutar de cosas realmente maravillosas, simplemente, porque nos faltan otras que, a lo mejor, tampoco son tan importantes.

En segundo lugar, vivimos en una época individualista, egoísta. Y yo siempre digo que el egoísmo es bueno, pero, claro, bien entendido. El problema está en que no somos egoístas para buscar nuestra felicidad -lo cual debe contribuir forzosamente a que los demás también sean felices- sino que somos egoístas en cuestión de sentimientos. Somos unos tacaños emocionales. La falta de empatía nos mata y eso también mata el amor, es matemática pura. Si vas a lo tuyo, si no eres capaz de ponerte en el lugar del otro, al final no vas a ninguna parte o, al menos, a ningún sitio bueno. Por desgracia, esa actitud es una práctica muy habitual.

Y ahora que estoy inspirada, voy a coger carrerilla. Creo que hay una tercera causa de fracaso sentimental: se vive de maravilla solo. Es verdad, vivir sin dar explicaciones, sin tener que amoldarse a las rarezas de nadie y sin aguantar malas caras, es simplemente MA-RA-VI-LLO-SO. ¡Anda, pero si esto también es otra versión del egoísmo! Pero es cierto, como la vida misma. Y esto se debe a que queremos una pareja tipo maniquí, que no dé mucho ruido y moleste lo menos posible, igual que queremos que los perros se comporten como un peluche o que los niños sean siempre rechonchetes, risueños y monísimos. ¡Es que la vida no es justa!

Mi cerebro racional ha llegado a la conclusión de que el amor romántico es caduco y dura lo que dura. Vamos, ¡nada de nada! Luego queda compañerismo, amistad y una relación familiar más que otra cosa. Comodidad, conformismo. A algunos solo les queda aguantarse (de eso, por desgracia, yo sé un rato largo… demasiado largo).

Mi cerebro racional me dice: “Quisiera ver a la pareja del anuncio de la Lotería en seis meses”.

Pero no voy a ser yo quien le quite la razón a Amenábar, el amor es lo más importante de la vida. A mí me tocó la Lotería el día que tuve a mi hijo. De hecho, mi niño nació días antes de Navidad y, desde entonces, no he vuelto a comprar Lotería porque me siento la persona más afortunada de la tierra.
Y os voy a decir una cosa. Seré idiota y habré visto muchas películas, pero no renuncio. Creo que es posible encontrar ese arrebato. De hecho, yo no quiero en mi vida alguien que sume. Quiero alguien que multiplique hasta el infinito. Para medias tintas, mejor nada. Quiero pasión, locura y fuego. Quiero miradas que hablan, caricias que despierten el alma, besos sin fin. Quiero apoyo, respeto y complicidad. Quiero compartir y que esa actitud sea bidireccional.

LO QUIERO TODO.

En fin. Como no compro Lotería, ni soy extraterrestre (aunque a veces lo dudo), solo me queda decir que espero que algún día el anuncio de la Lotería de Navidad vuelva a ser lo que era y desearos ¡QUE LA SUERTE OS ACOMPAÑE!

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