Lunes, 27 Marzo, 2017

Sí al ejercicio en el agua, pero con garantías

La mejora en el control del cuerpo que se consigue de forma progresiva con la práctica genera una mayor sensación de dominio del medio y del cuerpo



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Son los profesionales de la actividad física los que indican después de una recomendación médica y tras realizar una entrevista personal, qué actividad en el agua es mejor y cómo se puede adaptar a cada persona. Para ello, lo mejor es estar en un inicio bajo la tutela de un profesional más que empezar con prácticas individuales, ya que si la técnica no es la correcta puede ocasionar una lesión.

Según explica a Infosalus Esperanza Pericet, entrenadora y técnico deportivo de actividades acuáticas en el Club Fidias de Natación de Córdoba, hay que tener en cuenta en gran medida no sólo el diagnóstico de la persona sino también su estilo de vida para desarrollar una actividad física en el agua adaptada a sus necesidades.

Falsas creencias y actividades acuáticas

– Si hay problemas de espalda apúntate a natación: esto no es del todo correcto. Lo primero es que el médico proporcione la información sobre el tipo de actividad física recomendada para que el profesional de la actividad física pueda orientar al cliente y diseñar un plan de trabajo adecuado.

Si se desea realizar natación deportiva, que no de competición, lo más recomendable es apuntarse a un curso en el que se aprenda o perfeccione una técnica de nado correcta, lo que permitirá practicar con el tiempo de forma independiente y con un menor riesgo de lesión y más conocimientos.

– El ‘aquafitness’ es una actividad de baja intensidad porque sólo la realizan mayores: esto tampoco es verdad ya que la intensidad de las sesiones o la actividad puede incrementarse o reducirse en función de diversas variables como el grupo al que va dirigido, los objetivos de la sesión, etc. Es verdad que es una actividad de elección para los mayores porque se divierten, se mueven y se socializan.

BENEFICIOS PSICOLÓGICOS DEL MEDIO ACUÁTICO

Los principales factores que influyen en el bienestar psicológico derivado de la práctica acuática son los relacionados con la psicomotricidad, como los reajustes del esquema corporal que debemos realizar cuando nos sumergimos en el agua.

La mejora en el control del cuerpo que se consigue de forma progresiva con la práctica genera una mayor sensación de dominio del medio y del cuerpo (nos sentimos más ágiles), lo que conlleva un sentimiento de satisfacción con nosotros mismos.

Puede generar ansiedad en un inicio pero tras varios meses de actividad se ven mejoras y avances, todo ello mejora la autoestima y el sentimiento de competencia, refuerza la práctica del ejercicio físico y mejora el estado físico y mental“, señala Pericet.

Los resultados se observan tras los dos o tres primeros meses, ya que suelen ser sesiones de 45 minutos o una hora en dos clases semanales. Es así a partir de las 10 clases cuando se pueden ir notando los beneficios ya que primero el cuerpo tiene que adaptarse a la actividad.

“El problema es que muchas personas vienen con unas expectativas muy altas y hay que aceptar que en sólo un mes no se van a ver progresos ya que la mejora de la condición física requiere de un periodo de aclimatación antes de empezar a notar los progresos”, concluye la entrenadora.

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