Miércoles, 29 Marzo, 2017

Sherezade o Sara Sae

Descubrimos un pasado andalusí casi olvidado a través de la voz de esta soprano



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Para hablarles de Sara Sae comenzaré contándoles una anécdota y, aunque parezca irrelevante en un principio, al final de estas breves líneas – me refiero a la brevedad del relato, porque habrá que cuestionarse lo breve que puede ser una línea, y si eso es una característica posible de las susodichas – tendrá sentido y coherencia.

Sara Sae le cantó a la virgen de El Cristo de los Gitanos el Ave María de Schubert. Puede considerarse un dato superfluo, pero si atendemos a las partes del todo quizá pudiese tener relevancia, por lo que se les recomienda que en cuanto terminen de leer lo que prosigue rememoren el hecho, ya que pudiera pasar desapercibido colocado en otra parte del texto.

Así, una vez acabada la lectura volverán al principio y no habrán acabado, sino empezado otra vez, por lo que redibujarán el círculo.

La relación de Sara con la música comienza a través de la danza. Bailarina y coreógrafa, interrumpe sus sinuosos bailes orientales al formar  familia. Al tiempo de abandonar siente la necesidad de recuperar la forma física de aquella misma mujer que se dedicaba en cuerpo y alma a contorsionarse guiada por la armonía de la música.

“Se quedó el baile en segundo plano”, dice.

Siempre hay un génesis, incluso en el texto sagrado de los cristianos. En el caso de Sara fue la danza, pero lo que hace especial a Sara Sae es descubrirse en su segundo génesis, un día en una fiesta en casa de los Morente en el que por impulso siente la necesidad de elevar la voz – empostarla – cantar e interrumpir a un amigo que tarareaba una canción lírica, una aria operística.

Todos aquellos que pudieran estar reunidos en una fiesta en casa de los Morente la miraron, imagínense el tipo de parroquia que asiste a esos saraos.

“Tienes un potencial que hay que mirarlo”, dijo Aurora Carbonell – viuda de Enrique Morente –  a Sara, pero ella, en su momento, no le dio importancia.

Sara nunca se había atrevido a cantar por “respeto” y porque considera que es algo reservado a gente que “se cría en un ambiente donde esto se favorece”. Lo suyo era el baile.

Pasadas unas semanas después del episodio en casa de los Morente Aurora le pregunta a Sara: “¿Has hecho algo con eso?¿Has buscado academia?”, a lo que Sara responde “¿lo dices en serio?”, y Aurora añade

“¿Por qué no? Somos mujeres, a nuestra edad tenemos que hacer cosas, ahora es cuando hay que hacer cosas, inténtalo”.

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Sara decide formarse en canto en el Centro Profesional de Canto de Granada (SCAEM) para adiestrar la voz. Sara es soprano lírica. Ésta es sólo es una de las piezas del puzle, armémoslo pues. Añadan otra pieza, el flamenco, otra más – derivado de su origen -, la música e idioma andalusí, y la última, canción sefardí. Completémoslo: Lírico flamenco andalusí sefardí, fusión.

Resumido y escueto, pero lo que no le he contado de Sara es que detrás de su primer disco “Desde Boabdil hasta Enrique Morente” hay horas y horas de estudio y esfuerzo por musicalizar versos de poetas andalusíes como Ibn Zamrak, respetar canciones de la tradición sefardí, adaptar a sus registros “El lenguaje de las Flores” de Lorca y Morente cerrando con versos de La Alhambra y así unirlos, y mil matices más en pos de preservar la cultura andalusí, con el único objetivo de rescatar de la tradición esos aspectos culturales casi olvidados de nosotros mismos, de devolvernos el pasado y presentarnos nuestro legado bajo su prisma.

Sara habla de su primer trabajo con forma de disco como de “una investigación” y en cierta manera lo es, porque hay tanto de labor investigadora en los interminables días en los que estudiando los versos que visten la Alhambra busca un poema que pueda encajar con una idea de canción que tiene, porque hay tanto de labor investigadora en sumergirse en las canciones sefardíes y desde el respeto hacerlas suyas, líricamente hablando, porque hay tanto de investigación al navegar en Federico a través de Morente y ahondar en Morente a través de Federico…

Hacer todo esto y dotarlo de unidad y sentido conlleva, por un lado vasto conocimiento de lo que trabaja y, por otro, el arduo estudio de lo que parece inconexo pero que se funde a base esfuerzo. ¡Claro que tiene algo de investigación titánica! Humilde y sencilla, como la hormiga de la fábula atribuida Esopo Sara trabaja sin descanso.

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Si su primer trabajo tiene esa dimensión, no les contaré lo que Sara tiene en mente.

Último apunte: si quieren saber más sobre Sara Sae o escucharla – porque escuchar no es lo mismo que oír – no dejen de visitar su página web para que puedan informarse de dónde, cuándo y cómo dará su próximo recital, y más cosas. Digo todo esto porque me siento en deuda con ella al no comentarlo en el texto, porque uno deja que la pluma siga su curso y el espacio es reducido.

“Soy mora, soy gitana, soy sefardí, soy andalusí”, dice Sara.

Pueden volver al principio.

Un artículo de 18010

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