Domingo, 22 enero, 2017

Se me están muriendo demasiados amigos

Columna semana del periodista Andrés Cardenas

Foto: YouTube
Andrés Cardes


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Últimamente estoy yendo mucho al cementerio: Fidel Villar, Gregorio Morales, Emilio de Santiago, Cayetano Aníbal, Manuel Villar Raso, Jesús Arias… Todos amigos con los que he compartido muchas conversaciones (y discusiones) en torno a cualquier tema que pasara por nuestro lado. Y ayer mismo me enteré de que se ha muerto Eva Galán, escritora y experta en Arte que durante años ejerció la crítica en Ideal. Ha fallecido en Córdoba y su muerte ha pasado desapercibida en esta ciudad que tanto amaba.

Y es en los cementerios cuando entiendes que es la muerte una de las pocas verdades que encierra la vida. Pasas por la existencia como si fuera una jungla en la que tienes que estar continuamente dando machetazos en un camino que nunca sabes a ciencia cierta adonde te puede llegar. Estás convencido de que vas avanzando, pero en realidad cada machetazo es una renuncia, un cacho que le quitas a tu alma. Cuando te das cuenta el corazón lo tienes duro y empequeñecido, como un canto rodado en el que es difícil que penetre el amor, la compasión o la solidaridad, que son los sentimientos que distinguen (o deben distinguir) a la humanidad. Todo lo que ves a tu alrededor son engaños, insolidaridad y violencia, pilares en los que hoy hemos asentado la existencia (no tienes más que ver un telediario). Y llega el momento que compruebas que sobrevivir consiste simplemente en una excusa para no morir antes de tiempo. Te conviertes de esa manera en un ser que duda y desconfía, incluso de los que tienes más cerca, y no haces nada para para ocultar emociones negativas como el odio y el resentimiento. Pero he aquí que en ese estado tan lamentable, cualquier detalle puede darle la vuelta al calcetín de tu alma: la sonrisa de un niño con síndrome de Down, un motorista joven cediéndole el paso a una anciana, los arrumacos de una pareja pelando la pava en el quicio de la puerta, la atención de un camarero que sin preguntarle te pone aquello que te gusta, el ademán de una niña que aparta el pie para no pisar una hormiga, el abrazo de un hijo a su padre cuando intuye que éste está preocupado, la conversación con un amigo sobre la mejor época para plantar un rosal… Sólo así, buscando pequeñas emociones que te proporciona el devenir diario, puedes desafiar a tu destino. Sólo así, purificando tu alma con los gestos sencillos de cada día, puede confiar de nuevo en la humanidad. En estos días, al ver a tantas personas llorar desconsoladamente por los amigos que se han ido, he creído otra vez en la vida.

 

Comments

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  1. Hay que fomentar el optimismoy las relaciones personales porque la vida se vaa …gran columna.un abrazo para una de las personas que conozco que lleva como bandera todo lo dicho.

  2. A mí también se me están muriendo demasiados amigos, estimado Andrés, incluido mi primo Gregorio Morales. Lloro desconsoladamente por todos ellos. Mi corazón no está ni duro ni empequeñecido… Pese a todo, yo he creído y sigo creyendo en la Vida.

    Requiescat in pace, Gregorio Morales Villena.