Lunes, 20 Noviembre, 2017

            

Se buscan familias de acogida en Granada

La Asociación Aldaima hace un llamamiento a la ciudadanía para conseguir hogares de urgencia, temporales o permanentes para menores de la provincia

Imagen ilustrativa | Archivo GD
Ángela Gómez


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En Granada, alrededor de 20 niños necesitan una familia que les acoja. Aldaima, la asociación granadina que se encarga de los programas de acogida familiar de menores tutelados por la Junta de Andalucía, está haciendo un llamamiento por medio de campañas publicitarias para intentar sumar más familias a este proyecto, que busca que los menores no tengan que pasar por centros de protección, sino que hasta que se normalice su situación puedan vivir en un hogar con familias que les ofrezcan amparo, cariño y educación.

La realidad de la mayoría de estos menores es dura. Muchos son ‘apartados’ de sus padres u otros familiares por haber sido víctimas de malos tratos, abusos o vivir en unas condiciones lamentables, injustas e incomprensibles a su corta edad.

Aldaima gestiona en Granada desde 1998 los Programas de Acogimiento Familiar de la Junta de Andalucía, y gracias a su labor, alrededor de 300 menores están ahora mismo protegidos y queridos en un nuevo hogar. Unos 150 se encuentran viviendo con otros familiares y, el resto, en familias de acogida ajenas. Pero faltan familias, sobre todo en las modalidades de acogimiento de urgencia y temporal, que pasamos a explicar.

Los menores en acogida de David y Cristina (de espaldas) disfrutan en la piscina

TIPOS DE ACOGIDAS

Hay diferentes tipos de acogida, según la edad del menor y el tiempo de duración. Según la vinculación del menor con la familia, el acogimiento se puede constituir en su familia extensa (familiares de segundo grado) o en una familia ajena.

En la acogida de urgencia, la familia está disponible para acoger de forma inmediata a los menores para evitar su ingreso en un centro de protección. Por lo general, esta medida va dirigida a menores con edad inferior a los seis años.

Con este tipo de acogida se pretende evitar su ingreso en un centro a edad tan temprana, con las secuelas que este proceso puede ocasionar.

Mientras dura el acogimiento, cuya duración máxima es de seis meses, se lleva a cabo el estudio de la situación del menor y la búsqueda de la reintegración con su familia de origen, u otra medida de protección más adecuada. Este tipo de acogimiento es remunerado, por la atención del menor y por la disponibilidad de la familia.

Por otro lado, existe el acogimiento temporal. Al igual que en el caso de urgencia, la familia se ofrece a cuidar o educar a un menor mientras se estudia su caso. Tiene una duración máxima de dos años. Esta medida va dirigida a menores de cualquier edad, aunque generalmente se utiliza para menores de 0 a 7 años.

La acogida permanente llega cuando no es posible la reintegración del menor con su familia biológica. De ese modo, el niño o la niña convive con su familia acogedora a largo plazo, por lo general hasta los 18 años, edad en la que el menor, ya mayor de edad, puede elegir si continuar su camino o seguir al lado de su familia acogedora. Por lo general, esta tipo de acogimiento va dirigido a niños y niñas con edad superior a los siete años.

Dentro de las acogidas temporales y permanente, existe otra modalidad, la acogida especializada. Este tipo está pensado para necesidades especiales ocasionadas por una enfermedad, problemas de conducta, discapacidad física, psíquica…o para menores que necesitan un apoyo especial consecuencia de los malos tratos o abusos sexuales que han sufrido. “Se buscan familias con una formación específica. Por ejemplo, si tenemos a un niño con problemas emocionales, buscamos una familia en la que algún miembro tenga una formación profesional que pueda aplicar con el menor, por ejemplo, un psicólogo”, explica María Jesús, trabajadora social de Aldaima.

En las acogidas de urgencia y temporales, los menores tienen contacto con sus familias biológicas, al menos una vez al mes, aunque siempre supervisados por técnicos de Aldaima. “Si pretendemos que un niño vuelva a integrarse con su familia, no lógico romper el vínculo”, añade Maria Jesús.

REQUISITOS

Para ser familia acogedora, existen una serie de requisitos que tanto la Junta de Andalucía como esta asociación tienen muy en cuenta para asegurarse de la calidad de vida que va a tener el menor con su nueva familia.

En líneas generales, se pide a las familias (incluidas también las monoparentales) que tengan estabilidad económica, disponibilidad, espacio en la vivienda y apoyo socio-familiar.

Además, en las modalidad de urgencia, se pide especialmente que, al menos, uno de los miembros tenga disponibilidad plena para cuidar del menor. “En ocasiones son bebés que precisan de una persona en todo momento, y más si vienen con algún tipo de retraso en el desarrollo o falta de estimulación”, explica Mª Jesús. “También, las familias de urgencia deben aceptar grupos de hermanos para evitar su separación”, apostilla.

Para más información, la asociación Aldaima pone a disposición un teléfono gratuito para las familias interesadas (900 101 438)

Menores en acogida disfrutan jugando

17 NIÑOS EN SU CASA

Cristina y David tienen sobrada experiencia en acogimientos, aunque cada uno supone un reto y una despedida clavada en la mente.

Desde 2011, esta pareja ha realizado 7 acogimientos con un total de 17 niños, ya que en algunos casos han acogido a grupos de hermanos.

Actualmente, Cristina y David tienen en casa a dos hermanos ingleses, de 10 y 6 años de edad. Llegaron como acogida de urgencia, pero ya han pasado los 6 meses fijados en esta modalidad y siguen en su casa para evitar que cambie de familia mientras se resuelve el futuro de estos dos chicos.

Llegaron a manos de la Junta por situación de desamparo. Al parecer, la madre no cuidaba bien de ellos y el padre estaba en el hospital. La Administración está pendiente de que Inglaterra apruebe que estos dos chicos se vayan a vivir con sus abuelos. En este sentido, Cristina opina que “deberían agilizar los trámites burocráticos” para dar respuesta lo antes posible a la situación de estos menores, “no por nosotros, que ya estamos mentalizados, sino por los chicos, porque cuando más tiempo pasa, más doloroso es para ellos”.

Cristina y David, padres de acogida

“Te tienes que mentalizar todos los días de que se van a ir. Es muy fuerte el vínculo que se crea en poco tiempo. Sabes cuando llegan, pero no cuando se marchan. Hay que estar mentalmente preparado para eso”, nos comenta Cristina a quien se le llena la boca de alegría al hablar de todos los niños que han pasado meses bajo su techo.

Cristina relata los retos que supone ser una familia de acogida. Al principio, los menores se muestran herméticos y cohibidos. No es fácil conseguir que se abran y que se adapten rápido a su nueva situación. “No saben de normas y les falta cariño”, matiza esta mujer, quien recuerda como uno de los menores que tuvo en casa hace unos años, los primeros días, le pegaba patadas en la espinillas para pedirle agua.

 

Cristina y David tienen su casa prácticamente preparada para el disfrute de los niños. Tienen piscina, cama elástica, juegos, mascotas… Pero lo material no es la única vía para ofrecerles comodidad. El afecto y la comprensión tienen que ir de la mano. “Cada uno es un mundo. Tienes que adaptarte a ellos y ellos a ti, pero os aseguro que es algo muy agradecido”, afirma. “Un centro de protección no es el mejor sitio para ellos, y más cuando son tan pequeños”, apostilla.

Lo peor del proceso, las despedidas. “Es lo más complicado, aunque cuando se marchan te queda la satisfacción de saber que en el tiempo en el que han estado contigo, no han estado metidos en un centro de menores, sino con una familia que les ha dado cariño y les ha mostrado un mundo que, la mayoría, jamás han tenido”.

David y Cristina han tenido que despedir a muchos de estos menores, que han pasado a otro tipo de acogidas o han vuelto a su núcleo familiar biológico. “El más duro fue el tercer acogimiento”, recuerda Cristina. Ella y su pareja pasaron año y medio con dos hermanos. Llegaba la hora de la despedida del mayor de estos dos hermanos. “Tenía sentimientos encontrados. Por una parte, él se quería ir y, por otra, quería quedarse con nosotros”, relata Cristina. “Fue muy duro tener que aguantar las lágrimas cuando, casi forzado, tuvo que meterse en un coche para irse”.

Sin embargo, son más las cosas buenas que hacen que merezca la pena el acogimiento. Cristina y David no le han puesto fecha de caducidad a seguir formando parte de este programa de acogimiento. “Nos satisface demasiado como para dejar de ser familia de acogida. Cuando me avisan de que alguno de mis niños se tiene que marchar, siempre les digo que me ‘preparen’ otros. No sabemos estar solos, nos falta la vida cuando se van, los necesitamos, y ellos a nosotros también”, asegura.

Comments

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  1. Hola me yamo Rocío vivo en granada soy mamá de 2 niños y me encantaría formar parte de familia de acogida muchas gracias un daludo

  2. Hoy he visto en el telediario que en toda España se necesitaban familias de acogida para niños, no se muy bien como funciona esto pero me ha tocado la fibra y me gustaria poder ayudar.