Viernes, 21 Septiembre, 2018

            

Se busca personal cualificado y con experiencia

Congreso de los Diputados | Foto: Archivo GD
Marisa Chacón


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El otro día me tocó redactar un anuncio de trabajo. Al hacer la descripción del puesto, para el que era necesario reunir una serie de requisitos básicos, como tener una licenciatura, varios años de experiencia laboral, conocer dos idiomas a nivel alto o tener habilidades comunicativas, me hice la siguiente pregunta:

¿Pero quién es el garrulo que hace las selecciones de personal en los partidos políticos de este país llamado España?

Porque, seamos honestos, da igual al partido que mires, en todos encontrarás políticos de carrera por doquier… Y digo políticos de carrera, esos maravillosos profesionales de la fauna autóctona, cuyo único oficio (y beneficio) ha sido y es la política.

Y no es una cuestión de filiación ni de ideario, encontramos personas sin formación universitaria, sin dotes comunicativas y sin experiencia laboral de ningún tipo en absolutamente todos los signos, colores y posiciones.
¿Y qué decir del conocimiento de otros idiomas que no sea el castellano? Pues eso… Que el más afortunado de ellos hace un bonito uso del ‘chapurringlish’ al más puro estilo “cup of café con leche in Plaza Mayor”.

Os voy a decir algo que creo que no admite discusión: para acceder a un puesto político, sea el que sea, lo mínimo sería que las personas que aspiran a ocuparlo cumpliesen con unos requisitos básicos e inamovibles.

Ellos tienen nuestro presente y futuro en sus manos, ergo si para un puesto cualquiera se requiere lo indecible a los candidatos ¿no habría que exigirles a ellos eso y mucho más?

Para mí hay cinco requisitos mínimos que todo aspirante a un cargo público (desde un alcalde de pueblo a un presidente de Gobierno, debería cumplir). Aquí va mi particular anuncio con los requisitos que debería cumplir un político:

1. Estudios: Licenciado en Económicas y Licenciado en Derecho

2. Experiencia laboral: Mínimo 2 años en empresa privada y 2 años en Administración Pública

3. Idiomas: Inglés nivel muy alto. Conocimientos a nivel avanzado de otro idioma

4. Capacidad Comunicativa, Facilidad de Expresión

5. SENTIDO COMÚN

Y ahora voy a tratar de justificar punto por punto, por si a alguien le parece que estoy pidiéndoles demasiado a estos pobres trabajadores sobre-explotados.

Creo que es obvio e incuestionable que, si vas a manejar presupuestos complejos, conceptos macro y micro económicos y legislación, lo menos es saber lo que tienes entre manos. Y la única garantía que tenemos los ciudadanos para saber si la criaturita que va a desempeñar el puesto en cuestión está preparada es que nos enseñe el título universitario. Porque seamos claros: qué cara se le podría quedar a un seleccionador de personal si durante la entrevista el candidato le dice: “No, si la carrera que piden yo no la he estudiado. Pero tengo un primo en Cuenca que la estudió y así de oídas me he ido preparando”. Pues eso, básicamente, es lo que hacen muchos políticos que ocupan puestos relevantes.

Respecto a la experiencia… está claro: si solo has sido político, tú no sabes lo que es la vida; si no has estado en la empresa privada no has estado en la calle; y si no has estado en la administración pública no sabes cómo funciona. Por tanto, una persona que tenga experiencia laboral en ambas parcelas podría aportar una visión más completa y realista de las necesidades, preocupaciones y carencias de cada parcela.

Lo del idioma no es tan complicado, ¿no? Si a cualquier camarero de la Plaza Bib-Rambla (o de la Plaza Mayor) se le exige un buen nivel de inglés para poder hacer correctamente su trabajo, ¿por qué no se le pide a un político que nos va a representar en reuniones internacionales por doquier?

De la capacidad de comunicación y el sentido común mejor no me pronuncio. Pero en este país sobran charlatanes y faltan personas con iniciativa y la cabecita bien amueblada.

Los ciudadanos somos los jefes y, sin embargo, somos los últimos monos a la hora de poner sobre la mesa los requisitos que tienen que cumplir nuestros políticos.

Y creo que aquí está el quid de la cuestión.

Como sucedería en cualquier empresa, la mala selección de personal que hacen los diferentes partidos políticos nos está matando.

Y la situación se agrava por la bicoca que supone el tener un puesto en el mundo de la política.

El refrán “cría fama y échate a dormir” debería actualizarse y decir: “Métete a político y échate a dormir”. Solo hay que ver las sesiones del Congreso, con más de la mitad de las sillas vacías, las dietas de alojamiento, los sueldos vitalicios, los aforamientos… y la erótica del poder. ¡Que no se nos olvide! (aunque erótico, lo que se dice erótico, aún no he conocido a ningún político).

Júntalo todo y tendrás el reclamo perfecto para oportunistas e inútiles varios que no tendrían cabida en ningún otro sitio, pero que aquí son incluso aclamados.

Como decía, todo un despropósito.

Y aunque no puedo cerrar este artículo con una conclusión que reconforte a nadie, al menos acabaré con una frase que para mí refleja perfectamente la situación: prefiero un tonto bien preparado y bienintencionado que a un listo que acabe siendo un listillo.


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