Jueves, 19 enero, 2017

Sandoval lo tiene claro: quien no arriesga, no gana

El de Humanes volvió a jugársela, esta vez con un cambio de sistema, cuando la corbata estaba apretando demasiado

José Ramón Sandoval, durante el Granada-Sevilla | Foto: LFP
Daniel Sánchez-Garrido | @Danisgr


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Sandoval volvió a salir triunfador de otra ‘match ball’. El Sevilla, otro rival de gran entidad visitaba Los Cármenes con el Granada casi ahogándose. De nuevo en puestos de descenso y tras un desastroso partido en el archipiélago canario para despedir el año. Una derrota ante un rival directo que dejaba muchas dudas acerca de si es el técnico de Humanes el idóneo para llevar hacia arriba al equipo.

Hace algo más de mes y medio, Sandoval ya tomó una decisión con nombre y apellidos: Adalberto Peñaranda. El delantero del filial salió titular ante el Athletic de Bilbao con el mal partido en Vallecas en la retina de todos. Se la jugaba arriba con un chaval de 18 años, en sustitución de su delantero franquicia, El-Arabi, que estaba tocado. La jugada le salió magistral, el equipo consiguió los tres puntos con un gran partido del joven venezolano.

Ante el Sevilla, una vez más, Sandoval sale airoso y con más crédito que nunca. Lo advirtió en la rueda de prensa previa: “Hay que hacer algo diferente”. Todos esperábamos posiblemente que hiciera algún cambio de hombre por hombre, alguna sorpresa que nadie espera en la alineación… pero seguramente nadie esperaba el cambio de sistema por el que apostó Sandoval. “Tan solo hemos tenido dos días para trabajarlo”, apuntaba Mainz en zona mixta tras el partido. Algo que añade el riesgo que tomó Sandoval en este envite. El técnico nazarí colocó dos centrales no habituales en el centro de una zaga que se mostró muy debilitada ante Las Palmas. Dória y Mainz acompañaban a Lombán. Colocó cinco centrocampistas de largo recorrido, con Édgar y Foulquier subiendo y bajando, y un poco de más libertad para Rochina, y las dos bestias arriba: Success y Peñaranda.

El experimento salió redondo. Édgar mostró gran forma física y ayudó muchísimo al equipo en balones aéreos. Foulquier confirmó su gran mejoría y que le ha comido la tostada a Miguel Lopes. Y Krhin… ese esloveno de melena larga, cómo se le ha echado de menos. Lo cortó todo junto a un siempre correcto y necesario Rubén Pérez, y con Márquez equilibrando defensa y ataque junto con un Rochina más ‘disfrutón’.

Rochina merece mención aparte. El valenciano hizo un partidazo en todos los sentidos. Tomó las decisiones correctas en todo momento. Quizás la más errónea terminó con el primer tanto del equipo, obra de Success. Tenía pase claro a la izquierda, donde entraba Édgar, pero eligió disparar. Le saló bien, como todo el partido. Filtró y nutrió balones a los delanteros, y también ayudó al equipo en defensa cuando fue necesario.

Obviamente los grandes triunfadores de la tarde fueron Peñaranda y Success. Cuando ellos cogen el balón, todo se para, y Los Cármenes se viste de Champions. Dos adolescentes recién llegados a adultos que se están echando el equipo a la espalda. El nigeriano monopoliza todos los balones y si tiene un buen día no pierde ningún duelo. Además, parece haber vuelto a su mejor nivel. Adalberto coge el balón y le da tranquilidad, lo mima, lo pisa, y elige lo correcto, que a veces es lo más complicado. Y si encima, te hace un eslalon cruzado que termina en un golazo para alargar distancia, no tienes más opciones que rendirte a una exhibición evidente. Son los niños de un Sandoval que se acoge a aquello de ‘quien no arriesga, no gana’.

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