Viernes, 24 Marzo, 2017

Sabañones: cuando el frío duele

En el origen de los sabañones podría existir un componente inmune activado por el frío, similar al que se produce en trastornos sistémicos asociados a la vasculitis (inflamación de los vasos sanguíneos)



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La perniosis, el término clínico para los sabañones, es una respuesta de inflamación de la pared de las arterias y venitas superficiales de las zonas distales, las que más tienden al enfriamiento, como dedos de manos y pies y el reborde las orejas.

Según explica a Infosalus el doctor Agustín Alomar, profesor del Instituto Universitario Quirón Dexeus de Barcelona y miembro de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV), los sabañones se producen en personas que tienen una predisposición a esta enfermedad de los vasos sanguíneos (vasculopatía) y sus causas aún no están claras.

Más común entre las mujeres y en las zonas rurales, se desconoce por qué bajo las mismas condiciones de frío y protección térmica existen personas que padecen sabañones mientras otras no los sufren.

Es un proceso inflamatorio que puede ocasionar picor y dolor, sobre todo cuando se recalientan las manos, que conduce a que, al estar inflamada, la piel ceda y pierda elasticidad, dando lugar a pequeñas heridas y fisuras que pueden además sobreinfectarse.

“En realidad no es un problema de inflamación de la piel, sino de las capas que se encuentran por debajo pero que en su evolución ocasiona la inflamación y el eritema pernio, la coloración rojiza que toma la piel afectada”, explica el profesor Alomar.

Además, cada año los sabañones pueden aparecer en distintos dedos, localizándose en uno o varios y en los casos más graves, aunque raros, podría también darse en la nariz.

“Hacia finales de noviembre y principios de diciembre las personas predispuestas empiezan a tener problemas. El mejor remedio es la prevención ya que, una vez establecidos los sabañones, el tratamiento que se puede realizar es muy limitado pues las rutinas que han llevado a su aparición continúan ya que suelen estar asociadas al tipo de trabajo o actividad diaria”, asegura Alomar.

El profesor señala que al ser un proceso secundario que desaparece con el ascenso de las temperaturas y que no conlleva riesgo vital se realiza una escasa investigación para conocer sus causas. “Se tendrían que realizar biopsias de tejido de los dedos que conllevan una intervención más que incómoda para los pacientes cuando en realidad la patología no reviste gravedad”, apunta Alomar.

En el origen de los sabañones podría existir un componente inmune activado por el frío, similar al que se produce en trastornos sistémicos asociados a la vasculitis (inflamación de los vasos sanguíneos) en los que el frío es un desencadenante como sucede en la crioglobulinemia o también el lupus eritematoso sistémico.

“En ocasiones los dermatólogos somos un poco ‘Sherlock Holmes’ y descubrimos trastornos más graves al examinar síntomas en la piel como, por ejemplo, los casos de sabañones que en realidad son una manifestación del lupus”, señala el especialista.

PROTEGERSE DESDE EL OTOÑO

Alomar señala que el principal mensaje para quienes padecen sabañones cada año es que se protejan desde septiembre y octubre, que acudan a su médico y si es necesario comiencen un tratamiento con medicaciones que favorezcan la circulación de las venas superficiales dadas las limitaciones del tratamiento una vez que aparecen las lesiones.

“La pentoxifilina es una medicación que hace que los hematíes (glóbulos rojos), que son más o menos rígidos, se vuelvan más flexibles y puedan pasar por venas más finas ya que cuando existe inflamación les es más difícil pasar, contribuyendo así al problema”, señala Alomar haciendo alusión a este fármaco que ayuda en la prevención de los sabañones al favorecer la microcirculación periférica.

Las cremas con nitroglicerina también promueven la vasodilatación periférica aunque el especialista señala que son pocos los dermatólogos que las recetan ya que se trata de una fórmula magistral que debe preparar el farmacéutico y con dosis muy ajustadas a las necesidades del paciente, que además no puede ser hipotenso.

Las medidas habituales de protección del frío son también necesarias, entre ellas las más importantes se refieren a las manos, las más expuestas, y aconsejan el uso de guantes para todo tipo de actividad realizada en el exterior y que suponga exponerse a bajas temperaturas y cuando se trate de limpieza, además de emplear guantes gruesos, utilizar agua caliente.

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