Lunes, 29 Mayo, 2017

Retraso de fase: no confundir con insomnio

Puede aparecer en cualquier persona aunque el prototipo es el del adolescente, en el que la predisposición genética se puede unir a los cambios normales de la edad en los hábitos de vida.



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Esta patología del sueño constituye una alteración del ritmo biológico por el que los seres humanos se coordinan con el medio ambiente en ciclos de 24 horas. El ritmo circadiano de luz-oscuridad marca el patrón de sueño, así, el retraso de fase no es más que el retraso estable del periodo de sueño nocturno habitual.

Según explica a Infosalus el doctor Joaquín Terán-Santos, presidente de la Sociedad Española del Sueño (SES), estas personas no se pueden dormir hasta más tarde de lo habitual y tienen dificultad para levantarse por la mañana. Es un retraso de tres o cuatro horas en quedarse dormidos que se acompaña de la necesidad de dormir hasta las 11 o las 12 de la mañana.

En el cerebro, el núcleo supraquiasmático del hipotálamo controla estos relojes biológicos que vienen marcados por los genes. Hay genes que controlan este marcapasos central y que predisponen a un ritmo de sueño normal, de retraso de fase o de adelanto de fase. El gen más asociado con el retraso de fase es el PER3. Existe un patrón genético de agregación familiar y sobre este marcador inciden factores ambientales, los llamados factores epigenéticos.

Así, el retraso de fase es más común en los adolescentes, que muestran un sueño diurno excesivo y duermen más los fines de semana y en los que son claves los factores psicosociales. Los hombres son más vespertinos que las mujeres. La exposición a la luz también es un factor importante ya que se asocia con la secreción de melatonina, la hormona promotora del sueño, poco tiempo de exposición a la luz por la mañana y más exposición al final del día inhiben su producción y retrasan la aparición de sueño.

Puede aparecer en cualquier persona aunque el prototipo es el del adolescente, en el que la predisposición genética se puede unir a los cambios normales de la edad en los hábitos de vida. En los más jóvenes el retraso de fase puede cronificarse y convertirse en el patrón de sueño para toda la vida. Los estados depresivos o el trabajo por turnos también constituyen factores de riesgo.

“Si estamos obligados por la sociedad a un ritmo de sueño ligado al trabajo de levantarnos a las 8 o las 9 de la mañana y nos dormimos a las 3 o las 4 de la madrugada no se duerme lo suficiente y esto lleva a somnolencia diurna, menor reactividad, menos memoria y un rendimiento que disminuye”, explica el especialista en Medicina del Sueño que añade que estas personas suelen ser más productivos a partir de las 12 de la mañana y al final de la tarde.

Todo ello lleva a una desadaptación social, problemas laborales y de rendimiento escolar e incluso a un mal diagnóstico de insomnio con una consecuente medicalización que se convierte en un problema añadido. Si esto se mantiene en el tiempo las consecuencias son problemas psicológicos, psiquiátricos, hipertensión o accidentabilidad laboral entre otros.

“Estas personas podrían ser grandes trabajadores nocturnos, realizar incorporaciones más tardías al trabajo y en vez de ello en muchos casos se les acusa de vagos o de que se van de fiesta”, comenta el doctor Terán-Santos, jefe de la Unidad del Sueño del Hospital Universitario de Burgos.

IDENTIFICAR EL RETRASO DE FASE

El gran problema es que según las encuestas del SES, entre un 8% y un 10% de los insomnios serían retrasos de fase. “Los datos de la literatura señalan que entre el 0,5% y el 1% de la población padecería un retraso de fase pero existe un gran infradiagnóstico”, comenta el especialista.

Para evitar confundir el retraso de fase con el insomnio u otro trastorno de distinto origen, se requiere de una buena historia de sueño, conocer el perfil horario del sueño, la vida laboral y el estilo de vida con hábitos alimentarios, consumo de sustancias, exposición a la luz y conocer si es algo sistemático y prolongado en el tiempo.

Las herramientas son muy variadas, entre ellas una agenda del sueño (descargable en www.ses.org) para saber si está desplazado el marco horario, actígrafos que a modo de reloj de pulsera miden los periodos de reposo o actividad según el movimiento y otros dispositivos que detectan movimiento, exposición a la luz y variaciones en la temperatura corporal. Esto dibuja el perfil cronobiológico de la persona que incluye los máximos en sueño y reposo.

Además, se puede realizar un estudio del sueño y mediciones de la melatonina en saliva o sangre segregada en respuesta a la oscuridad, ya que las células retinianas de los ojos envían un estimulo al reloj central supraquiasmático y aumenta la secreción de melatonina en respuesta a la disminución de la luz. Se puede observar cuándo se segrega más melatonina, si a las 11 de la noche o a las 3 de la madrugada, por ejemplo.

CRONOTERAPIA

Con la cronoterapia se intenta devolver al reloj biológico a su ritmo normal mediante un avance progresivo del horario al acostarse. Los consejos asociados son:

·No exponerse a la luz solar a las últimas horas del día y promover una mayor exposición entre las 6 y las 9 de la mañana.

·Usar gafas de sol a últimas horas del día, para promover una mayor producción de melatonina.

·Disminuir la actividad física al final del día. Sin embargo, se recomienda realizar más ejercicio físico en las primeras horas de la mañana ya que inhibe la segregación de melatonina.

·Dejar estimulantes como el café y el té.

·Evitar las actividades intelectuales y la exposición a la luz de la tableta, el móvil y la televisión que tienen una longitud de onda que estimula la actividad cerebral.

·Emplear melatonina como suplemento ya que en el retraso de fase existe un retraso de secreción y es posible suplementar unas horas antes según las agendas de sueño.

Si no se trata se desarrolla un patrón de sueño estable de este tipo que en el caso de los más graves puede incluso alcanzar un patrón de vigilia completa, lo que significa que hay días que se saltan el sueño y no duermen.

“Es un tratamiento difícil porque el abordaje no está bien sistematizado. No existe una buena estructura sanitaria para los trastornos del sueño y se sustituye con medicalización. Un paciente bien orientado y con voluntad mejora y mejora bien”, concluye el doctor Terán-Santos.

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