Jueves, 14 Diciembre, 2017

            

Renacer tras un ictus | Vídeo

Juan A. , José y Antonio, tres granadinos que han sufrido esta lesión, relatan los miedos y retos que surgen tras sufrir este daño cerebral | Cada año se producen en Andalucía 21.000 nuevos casos de ictus

José Ibáñez, un granadino que sufrió un ictus, nos recibe en su domicilio | Imagen: Justa Aros
Amira Yousef | @ayousef_


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Cualquier día te puede cambiar la vida en un instante. Puede ser un 18 de abril o un 20 de mayo. Puede ser en Navidad o bien primavera. Puedes estar trabajando, durmiendo o de vacaciones. Puede ser tras una pelea o una carcajada.

Todo ocurre en un segundo y el mundo se paraliza.  No escuchas nada, apenas ves, quieres hablar y no puedes, te quieres mover y no lo consigues. Lo que viene después suele estar entre la duda y la incertidumbre: qué hacer, a dónde ir o a quién recurrir, son algunas de las muchas cuestiones que se plantean.

Un daño cerebral es una lesión súbita en el cerebro, que surge de manera repentina. A partir de su detección, se localiza una especie de déficit, tanto a nivel cognitivo como a nivel motor. También se presentan problemas a la hora de procesar el lenguaje, de comunicarse, y otras afecciones. Dependiendo del tipo y el nivel de lesión, aparecen unas carencias u otras.

La principal causa de este daño cerebral es el ictus, el cual posee unos factores de riesgo que lo hacen posible en mayor grado. Los factores de riesgo son algunos como tener el colesterol elevado, tener hipertensión, el tabaquismo, las drogas, la vida sedentaria; aunque también es cierto que se da en personas que no tenían ningún riesgo o problema previsto para padecerlo.

Un estudio del año 2015 estimaba que había más de 420.000 personas en España con discapacidad a causa de sufrir daño cerebral. El 78% de los casos tienen su origen en un ictus, y el 22% restante en traumatismos craneoencefálicos y otras causas. Cada año, unas 120.000 personas sufren daño cerebral en nuestro país, de los cuales el 50% queda con secuelas.

Afiliados de AGREDACE durante un taller de actividades físicas | Foto: Justa Aros

 

Según la Asociación Granadina de Familias para la Rehabilitación del Daño Cerebral Adquirido, AGREDACE,  la gente que busca ayuda en asociaciones que atienden a afectados y sus familiares dan un paso importante. “Es una manera de asumir lo que ha pasado, que su vida y su rutina han cambiado, pero también es una forma de buscar cómo pueden superarse y seguir viviendo sin límites, y esto, en la mayoría de los casos, es lo más importante”.

José Ibáñez, de 66 años, nos abre las puertas de su casa de la mano de su mujer. “Todo ocurrió un 17 de diciembre, una fecha muy señalada. Al principio el diagnóstico fue muy negativo. Nos dijeron que perdíamos el tiempo.” Después de dos meses de indecisión, la situación de José empezó a mejorar. “Esto ha sido como volver a nacer, como apreciar todo desde cero, con más ganas que nunca. Todo esto nos ha unido más como familia. Mis hijos querían a su padre, pero ahora lo adoran más”, nos dice su mujer.

Juan Antonio, uno de los afiliados a AGREDACE | Foto: Justa Aros

Juan Antonio tiene 61 años, sufrió un ictus hace tres cuando estaba en casa con su mujer Gloria. “No podía ni andar, ni hablar ni nada”, nos dice intentando entrelazar una palabra con otra, con la dificultad que le supone recordar y hablar. Actualmente, Juan Antonio asiste a unos tallares que se imparten en AGREDACE. Él era policía y, tras el accidente, tuvo que dejarlo. La lectoescritura, la informática, el deporte, y su perro “Budy” son algunas de las cosas que le ayudan a llenar el tiempo libre que quedó tras su jubilación.

 

Antonio, un afiliado a la Asociación Granadina de Familias para la Rehabilitación del Daño Cerebral Adquirido | Foto: Justa Aros

Para Antonio, sufrir un ictus no le ha supuesto una limitación para seguir haciendo sus actividades del día a día. Al principio, nos cuenta, fue un golpe muy duro para su familia, pero sobre todo para él. Hace 4 años que llegó a AGREDACE, ahora está “estupendamente, con ganas de seguir viviendo y tirar para adelante”. Recuperar sus actividades físicas y la lectura son las cosas que llenan su vida. En su caso, Antonio aconseja que “nunca nos creamos que estamos afectados, que no nos sintamos apartados de la sociedad y que tengamos siempre esa fuerza para seguir tirando hacia delante, haciendo aquellas actividades que siempre nos han reconfortado”.

“AÚN TENGO RECUERDOS Y MIEDOS DE ESE MOMENTO.  CADA VEZ QUE LO VEO QUIETO, RECUERDO TODO Y ME ASUSTO”

EL PAPEL DE LAS FAMILIAS

En todos los ámbitos, las familias se ven afectadas, ya que en ningún momento se ven preparados para afrontar momentos así. En la mayoría de los casos, son personas jóvenes, autónomas, independientes, que tienen un trabajo o una actividad académica, y todas esas cosas se ven cortadas de golpe, debido al sufrimiento de esta enfermedad. Los familiares, en este caso, tienen que aprender, de repente, a vivir con una discapacidad a nivel físico, a nivel de conducta, ya que muchos se ven limitados.

Lo fundamental, según AGREDACE, es trabajar con la familia desde el primer día. Ayudarles a asumir lo que ha pasado, y poner los medios para que puedan seguir con su vida como otra persona más, sin limitación alguna, en la medida de lo posible.

DESPUÉS DEL SUSTO

Una de las grandes carencias que existe tras el alta médica y que se reivindica en muchas asociaciones que tratan con el daño cerebral es que  “una vez dada el alta a las personas, se les ofrezca desde la sanidad pública una rehabilitación adecuada y adaptada al tipo de afección de cada persona”.

“Como esta ayuda en la gran mayoría de los casos no se da, desde la asociación continuamos con esa atención terapéutica que ellos necesitan y que se echa en falta. Ofrecemos terapias de rehabilitación, desde el área de la fisioterapia, la neuropsicología, la logopedia, la terapia ocupacional y el trabajo social, entre otras. Aparte, se llevan a cabo una serie de talleres como de informática o de lectoescritura, continuando con la terapia, pero de manera grupal.

Estas actividades acaban siendo una manera de llenar el tiempo libre que queda en la vida de las personas con daño cerebral, ya que muchos de ellos suelen perder el entorno social, de amistades, e incluso, en algunos casos, de familiares. También se encaminan un poco a que los usuarios tengan el máximo nivel de autonomía posible y que posean una calidad de vida buena.

PREVENCIÓN

AGREDACE también hace hincapié en la importancia de la prevención de los factores de riesgo y aconsejan llevar un estilo de vida saludable, por lo que llevan a cabo campañas de formación e información durante la mayoría del año, las cuales les “parecen fundamentales, ya que el mejor tratamiento siempre es la prevención. Hacemos visitas a los hospitales para informar y orientar a familias de personas con daño cerebral. Por otra parte, intentamos movernos, ya sea a través de nuestra página web o las redes sociales, para que exista información accesible para casi todo el mundo”.

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