Miércoles, 20 Septiembre, 2017

            

Queridos jóvenes, hemos perdido esa manera de hablar

Una joven de Pamplona ha querido analizar qué representa la figura del fallecido presidente para las nuevas generaciones



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Sr. Director:

Se dicen grandes cosas de Adolfo Suárez estos días, la mayoría de los universitarios de hoy nos conformamos con haber oído algo sobre su trayectoria política en las lecciones de historia de la transición, pero por lo demás, tenemos una visión lejana y general de aquel hombre que nos propuso luchar por una España mejor.

Solo me surge una pregunta ¿Por qué hemos dejado de escucharle?, ¿Se nos ha olvidado esa España gloriosa que tenemos la responsabilidad de perseguir?, ¿Cómo vamos a luchar los jóvenes por algo que no conocemos? Porque hoy se habla de todo menos de España. No vamos a crecer nunca pensando tan mal de nosotros mismos. Nos falta hacer crecer en los jóvenes, eso que hace que el país pequeño consiga ganar al grande, que rompamos moldes, que dejemos de contar esas cifras que nos encorsetan. “¿Quién os ha puesto el sello de la mediocridad?” nos decía uno de mis mejores profesores, y tiene razón, nadie nos ha condenado, no debemos hacerlo nosotros.

“Ya hemos perdido esa manera de hablar”, me dicen resignados algunos compañeros de la facultad que escuchan conmigo sus discursos. ¿Es que nadie se da cuenta de que no se trata de retórica?. Que esa España de maravillas, de la que hablaba nuestro presidente, es una realidad que aún está por alcanzar, y que tenemos que soñarla todos juntos con todas nuestras fuerzas. Entonces, ¿porqué tanta indiferencia?

Fácil, ¿Alguno de nuestros jóvenes sabe qué es un buen político? Algunos dirán: ¡el que no robe!, ¡el que no mienta!, otro, un poco más exigente dirá: ¡que nos saque de la crisis!, ¡que mejore la educación y la sanidad!. Vale y yo pienso: ¿Ya está? ¿Solo podemos exigir eso, las generaciones del futuro? Pues nada, dejemos todo el trabajo a los políticos y el resto, vamos a vivir, que son dos días. Los jóvenes ya no nos acordamos de que España es más nuestra que de nadie, y que está en nosotros luchar por ella. Por eso, lo más importante que debería tener un buen político en su agenda diaria, es seguir alimentando sin descanso ese sueño español en los demás, recordándole al pueblo todos esos valores por los que merece la pena sufrir y luchar; siendo un guía para todos, el que sabe encaminar nuestros esfuerzos porque tiene siempre presente el horizonte. También sabe exigirnos cuando no hacemos bien las cosas, cuando falta esfuerzo o fe en la meta.

Sí, es cierto, hemos perdido esa manera de hablar. Cuanto daño han hecho las palabras mal intencionadas, que pésimo ejemplo hemos dado a las futuras generaciones, que ni se interesan ya por la política, ni tienen siquiera un atisbo de fe en que los gobiernos puedan hacer algo mejor por ellos. Pues nada, todos a estudiar y a trabajar fuera, ¿Quién puede culparlos?

Los que tienen la capacidad de actuar no sienten la responsabilidad de hacerlo, porque no hay amor, y solo por amor encontramos razones para sacrificarnos. Es que ser patriótico es muy fácil si no tienes nada que perder, pero ¿y los que tienen un futuro prometedor que perder? ¿Qué pueden prometer los políticos de hoy a estos que tienen la capacidad de cambiar las cosas? ¿Menos paro? Vaya… seguro que más de uno se lo piensa dos veces antes de irse. Las cifras no dan la felicidad a nadie. Las vidas plenas y coherentes, el amor, y la comprensión de una causa más grande que todos nosotros, es lo que alimenta un país. Lo común con mayúsculas, ese territorio mental que es la utopía española en la mente de cada español. Como no empiecen los políticos a hacer campaña para proteger ese ideario común de fraternidad y amor por todo lo que sea España, me temo que no vamos a salir nunca del hoyo.

Los jóvenes reclamamos que volvamos a esos tiempos donde ver y oír política era un espectáculo poético que hablaba del gran país que somos y no de una panda de bobalicones riñendo. Que oyendo a los políticos hablar nos sintamos mal por no ser lo que ellos esperan que seamos.

Sí, hemos perdido esa manera de hablar, hemos dejado de hablar de España.

 

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