Martes, 17 enero, 2017

Proyecto arqueológico recuperará el uso de dos acequias para la recogida del deshielo de Sierra Nevada

El año pasado el proyecto Memola recuperó la acequia medieval de Barjas, un total de cinco kilómetros, en la que participaron casi 200 voluntarios y que ha conseguido restaurar zonas de cultivo y frenar la desertización del robledal y el encinar del entorno.

Sierra Nevada noche


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El proyecto internacional de arqueología Memola recuperará el uso tradicional de dos acequias de Lugros (Granada) para aprovechar el agua del deshielo de Sierra Nevado y crear pastos para el ganado en altura y recargar acuíferos.

Los trabajos, coordinados por José María Martín Civantos, profesor del Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Granada, junto con la empresa Arqueoandalusí Arqueología y Patrimonio S.L. y el Centro Unesco de Andalucía, se llevarán a cabo del 10 al 12 y del 17 al 19 de abril.

El objetivo de esta actividad es recuperar y poner en funcionamiento, mediante usos y técnicas tradicionales, una infraestructura vital para el ecosistema de Sierra Nevada como son las acequias de careo. Estos trabajos se realizarán con la ayuda de la Comunidad de Regantes de la Sierra de Lugros y con la colaboración del Ayuntamiento de Lugros, el Parque Nacional y Parque Natural de Sierra Nevada y el Centro Andaluz de Medio Ambiente (Ceama).

Las dos acequias de careo del Camarate (Lugros) están situadas a más de 1.700 metros de altitud, dentro del Espacio Protegido de Sierra Nevada, y entre ambas suman tres kilómetros. Estas acequias facilitan aprovechar el agua del deshielo para crear pastos para el ganado en altura y recargar acuíferos, haciendo emerger el agua en manantiales en cotas más bajas.

Esta práctica está documentada desde el siglo XI y supone un conocimiento geológico de la montaña que permite tener agua en verano para poder regar las zonas de la vega, informa la UGR en una nota.

El año pasado el proyecto Memola recuperó la acequia medieval de Barjas, un total de cinco kilómetros, en la que participaron casi 200 voluntarios y que ha conseguido restaurar zonas de cultivo y frenar la desertización del robledal y el encinar del entorno.

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