Miércoles, 13 Diciembre, 2017

            

Presentando a Dani

Juan Pablo Luque Martín


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Siento decirle a mi conciencia que no me hace nada bien enfrascarme con ella en continuos debates filosóficos acerca de la libertad de pensamiento y sus múltiples y opacas transgresiones, sobre cómo la vida, sin pena ni gloria, se rellena a través de series fotográficas que continuamente se repiten y osan engañarnos con la imagen exterior que reflejan, sobre el porqué del péndulo de la historia o la historia del péndulo, que más da; al final termino en un estado tan estéril y dubitativo …

En esas estaba, prometiéndomelas felices ante una lluvia y un mal tiempo que felizmente invitaba a quedarse todo el día en zapatillas y bata recostado en el sofá, con el café y las tostadas requemándose, con una lluvia cada vez más embravecida para que a esta sorpresiva fiesta de la paz, la tranquilidad y el holgazaneo no le faltase de ná….. como digo, en esas estaba, cuando apareció Dani. Dani es el niño mayor y extrovertido que todos llevamos dentro, el que arremete de forma a veces descarada, a veces sibilina, contra todo lo que se mueva delante suya. Dani es aquel que todos querríamos ser, pero que la vida no nos deja ejercer. Vamos, por dignidad torera.

Hay días, y seguirá habiéndolos, en que Dani me deja perplejo. Hay ocasiones en que confieso no entender si sus proposiciones surgen de un mal ejercicio léxico, si es que ya a su edad se encuentra pasado de vueltas; o si por el contrario es mi conciencia la que permite a Dani, por su preeminente posición de niño imaginario, como digo, la que le permite todo y contra todos. Justo es por ello pensar que Dani, como tantos otros imaginarios, ganó la batalla de decir lo que le venga en gana. Ya pagó sus peajes y una blindada posición le otorga este lujo.

Henry F. Amiel decía: “No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo”. Razón llevaba cuando en 2016, Dani sigue reclamando la verdadera libertad de pensamiento, de información, de prensa, el derecho de poder decir lo que uno piensa sin que ello suponga su correlativo perjuicio provocado por la institución que se critica, pública o privada. Un día me llegó a decir que el mundo de la política está lleno de falsos talantes democráticos, de manipuladores que en cuanto oyen algo que no les gusta o no es afín a su ideología, comienzan a maquinar su venganza, la forma dañar a quien no piense como ellos. Dani les llama cabezas cuadradas. Dice que una cosa es el cambio climático y otra que, con ellos, vayamos a convertirnos en república bananera. Que el discurso social es muy bonito siempre que no sea mercadeo de polvo y espumillones a precio de voto. Siempre que no sirva para sustituir constituciones por asambleas, mayorías por voces falsamente amplificadas.

Y porque la historia se construye en pequeños espacios, Dani, granaíno de procedencia y mala follá de nacimiento (valga la redundancia), se me va de procesión al lado de personajes y personajillos de los de aquí, de los que luchan por su foto incrustada a la derecha del periódico, de los de toros en Corpus, merienda pal descanso, y una carta de recomendación pa cuando se pueda. Por eso de la humildad y la compostura, digo yo. A Dani le gusta hablar de políticos, poderes públicos, instituciones partidos… pero por encima de todo Dani siente especial placer cuando arremete contra los que llama dioses del mundo: por un lado, los Técnicos con mayúscula, cuyo conocimiento, como en la mili, se le supone, normalmente funcionarios de oposición quienes por aprobar un examen se granjearon, además de un sueldo fijo de por vida, una posición privilegiada en la casa del padre, siendo sus predicamentos algo más allá de palabra de Dios. Dani ha jurado desmontarlos, uno a uno, en el ámbito que sea y donde ejerzan su labor de perdonavidas. Por otro, los MEDIOS DE COMUNICACIÓN- ahora sí, todas con mayúscula-, dueños del respeto y la pleitesía, croupiers que marcan y desmarcan a su antojo las cartas de la baraja, parciales árbitros entienden demasiado lejano y aburrido el que todo se mida y exprese cada cuatro años…

Deben disculpar de antemano a Dani y su discurso. Deben disculpar el que en ocasiones, ya lo verán, Dani dice y desdice cosas no recomendables de España, de Andalucía, pero sobretodo, de nuestra ciudad. Dani nunca será titular de un pensamiento políticamente correcto. Pero Dani, es Dani, y a fin de cuentas, como hijo imaginario que es, debo educarlo, y meterlo en vereda. Pero mientras esto sucede, asistiré al eterno debate que me corroe y no me deja adivinar si soy yo el que educa a Dani o es él que me educa a mí.

Temo que finalmente con Dani sucederá como estos días caseros de lluvia, zapatillas, bata y sofá. Se vuelve uno melancólico, ingresa en el país de nunca jamás, y sueño que algún día, a esta mi pequeña ciudad podré ayudar a convertirla en ejemplo de convivencia pacífica y tolerancia ideológica. Y cuando acabe el día, al fin lograré entender que por mucho que me empecine, por mucho que trate de domar esta fiera imaginaria, será ella, será Dani quien, ya lo verán, día tras día se dedique a educar a su papá. Tiempo al tiempo.

Comments

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  1. A todos esos Danis o Lolas, o se llamen como se llamen hay que darles rienda suelta
    Te animo a seguir dejando que Dani se escape y diga lo que le venga en gana. Le duela a quien le duela, o le guste a quien le guste