Viernes, 21 Julio, 2017

            

Por monja

Imagen ilustrativa de una religiosa | Foto: Archivo/E.P./ISTOCK
​​​​Martín Domingo​


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​En aquel tiempo dijo Jesús a los apóstoles: “Por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre”. Así habló, no Zaratustra, sino el evangelista Mateo, que pudo comprobarlo en carne propia cuando un sicario del monarca etíope Hitarco lo apuñaló por la espalda mientras celebraba una misa dominical. Por cierto, que el tal Hitarco intentó quemar después la capilla de las vírgenes, lo que demuestra que el podemismo cristofóbico bebe de fuentes históricas. Envenenadas por el odio y el resentimiento, pero históricas.

​A Sor Rosario, una monja de la Congregación de las Esclavas de la Inmaculada Niña, no le han clavado un puñal en la espalda, pero le han partido -literalmente- la cara por su condición de religiosa. De religiosa católica, para ser exactos.

​Los hechos ocurrieron en un barrio periférico de Granada cuando la monja acababa de dejar en el colegio a un grupo de niños con los que trabaja su congregación. El agresor, un individuo joven, después de golpearla inopinadamente y destrozarle la nariz, huyó como lo que es: una rata infame, si me lo permiten los animalistas.

Ignoro si el alcalde Cuenca, que acudió raudo a hacerse la foto con los musulmanes del Triunfo, se ha puesto ya en contacto con la atribulada hermana Rosario para mostrarle su solidaridad y la de su equipo de gobierno. Su cuenta de twitter, extraordinariamente activa, de momento, calla.

​A la concejal de derechos sociales y educación, siempre en primera línea de la batalla por los débiles, el día de la agresión a la monja le pilló preparando el del Orgullo y anunciaba en la red que tenía previsto “escuchar a Carla, bailar con Tina y recordar a Pedro”, pero nada decía de llamar a Rosario, una mujer que lleva toda la vida entregada calladamente a la formación de los que menos tienen.

​Por supuesto, el subvencionadísimo lobby feminista tampoco ha dicho esta boca es mía. Siempre he sido algo ingenuo, pero hace tiempo que entendí que el feminismo no defiende la dignidad de las mujeres, sino únicamente de las mujeres de izquierdas. Y laicas. A una individua que ingresa voluntariamente en una congregación de esclavas ya le pueden ir dando. Valiente machista. Y votante del PP, fijo. Que la defienda Carlos Herrera. O Bertín Osborne. Y menos quejarse, que el suyo es un colectivo familiarizado con las hostias.

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