Lunes, 23 Octubre, 2017

            

“Pobre Salvaor, tanto luchá pa esto”

Foto: @portaltaurino
Andrés Cardenas


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En Linares, pueblo gradullón y noble, se ubica una de las anécdotas que no por menos conocía deja de ser ejemplar. A comienzos de los años noventa, con motivo de un enfrentamiento futbolístico entre el Marbella y el equipo local, le hicieron una entrevista radiofónica al que era por entonces alcalde de la citada localidad malagueña, Jesús Gil y Gil. Seguro que ustedes se acuerdan de él. Como era muy bravucón, al preguntarle su opinión sobre el equipo de la ciudad minera, contestó. “¿Linares? En dónde está ese pueblo? A los linarenses les sentó muy mal la salida del alcalde y cuando fueron a Marbella a jugar el partido de vuelta, desplegaron una pancarta en la que se leía: “Gil, Linares está donde tu padre mató a Manolete”.

Los linarenses son muy guasones y le llaman ‘El Churrasco’ al gran crematorio en el que se incineran difuntos de toda la comarca. Andrés Segovia, ilustre linarense, estaba reacio a que se le pusiera allí una efigie suya porque decía que las estatuas solo servían para que se cagaran las palomas y porque sabía que la talla dedicada a él podía servir de chufla a sus paisanos. Como así fue. A la escultura del famoso guitarrista que hay en el Paseo de Linarejos, el escultor le hizo unos pies tan grandes que es conocida por el vulgo como ‘El Zapatones’. La opinión del famoso guitarrista sobre el poco respeto que se le tiene en Andalucía a las estatuas es constatable en cualquier plaza o rincón. En mi pueblo hay una plaza que la llaman del ‘Cabezolón’ porque en ella hay una gran cabeza sobre un pedestal del general San Martín, un militar argentino que participó en la Batalla de Bailén. Ejemplos hay a cientos. En Granada es muy corriente encontrarte, sobre todo a comienzos de curso, a la estatua de Carlos V que hay en la plaza de la Universidad con una olla o una escupidera en la cabeza. Al médico Yehuda Ibn Tibon le ponen cigarros entre las manos o bufandas en la garganta. Lo mismo que de vez en cuando le ponen un condón al atleta que sujeta el macho cabrío del monumento dedicado a Ángel Ganivet en la plaza del Tomate. La última vejación que ha sufrido una estatua de Granada ha sido la lata de pintura roja que este fin de semana pasado le han echado por encima a la escultura de Salvador Sánchez ‘Frascuelo’ hay en el bulevar de la Constitución. Por lo visto han sido los antitaurinos. Dicen, y está escrito en los anales del toreo, que cuando Frascuelo murió, su rival en los ruedos, Rafael Molina ‘Lagartijo’, dijo ante su cadáver: “Pobre Salvaor, tanto luchá pa esto”. Seguro que lo mismo le hubiera dicho al ver lo que han hecho con su estatua.

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