Jueves, 14 Diciembre, 2017

            

Pere Gimferrer y la poesía

Pere Gimferrer | Fuente: www.rae.es
Men Marías | @MenMarias


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La poesía, si es buena, acabará encontrando su público.

El simple hecho de entonar este alegato ya convierte a Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) en merecedor del prestigioso Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca 2017. Repasemos, en primer lugar, la trayectoria de este artesano de las letras que ya forma parte de la historia de nuestra ciudad.

Gimferrer, ante todo, es un poeta. Aristóteles redujo los géneros literarios a tres (La Poética, siglo IV a.C.): épico (asimilado al género narrativo en la actualidad), dramático y lírico. Sin embargo, y debido a la genialidad del filósofo, quizás no solo estuviese trazando esta distinción en horizontal:

si no en forma de escalera:

 

No quisiera dar lugar a malentendidos, por supuesto, lo que pretendo decir es que, desde mi punto de vista, la cúspide del narrador es la poesía. Si bien en los tres géneros (y en todas las categorías que, después de la de Aristóteles, han surgido) lo que hace el que escribe no es más (ni menos) que contar, la forma más cruel de hacerlo es a través de la lírica. Y digo cruel porque para mí hay tres tipos de escritores: los malos, los buenos y los que hacen daño. Estos últimos consiguen generar un dolor en el esternón del que lee que sube por la garganta y se queda ahí como una soga áspera que aprieta con la corpulencia del esparto (seguro que todos pueden mencionar uno o dos textos – no muchos más –  ante los que exclamar un astronómico “¡MA-DRE-MÍ-A!” A eso me refiero). Esto suele conseguirlo el poeta, el verdadero poeta, por supuesto, que después analizaremos quién es. Entre ellos se encuentra el galardonado Pere Gimferrer.

Debutó con la obra Mensaje del Tetrarca (1963) para publicar a continuación portentos como Arde el mar (Premio Nacional de Poesía, 1966), La muerte en Beverly Hills (1968) o Extraña fruta y otros poemas (1969).

Destacaría de su obra la capacidad que el galardonado tiene para salir de la mente del sujeto lírico. No existe nada más aburrido (¿no les parece?) que los “versos” llenos de y me sentía triste y sola/ y te echaba de menos como el invierno a las flores/ y te siento en el alma/ y te siento en el pecho/ y te siento en el corazón… De hecho, este tipo de coplas son las responsables del rechazo general que existe hacia la poesía. Pere Gimferrer no cuenta cómo se siente el personaje a través de los sentimientos si no de los sentidos, decantándose la mayor parte de las veces por la vista (aunque no solo por ella y no siempre):

 

“Morir serenamente como nunca he vivido

y ver pasar los coches como en una pantalla

y las canciones lentas de Nat King Cole

un saxofón un piano los atardeceres en las terrazas

bajo los parasoles…”

(Elegía).

 

“…Príncipe azul calesas el mar en los hangares

La muerte como un revólver y unos guantes sobre la mesa

Este rostro es mi rostro”.

(Homenaje a Edgar Allan Poe).

 

“…Dios, ¿qué fue de mi vida?

Cambia el color del agua,

llegan aves de Persia.

Kublai Khan ha muerto”.

(Mazurca en este día).

 

Pere Gimferrer es uno de esos poetas que no acepta la realidad real, como la mayoría de los escritores, creando una realidad artística (asunto que también parece congénito a la mayoría de los escritores pero que, desafortunadamente, no lo es). El autor engendra una realidad paralela a partir de la realidad real en la que vivimos: ahí reside la belleza de su obra. Pere no necesita crear mundos fantásticos para escapar de este, pues este ya es lo suficientemente bello si miramos bien. Como no sabemos mirar bien (porque nadie nos ha enseñado a ser felices, todo lo contrario: las enseñanzas se centran en el famoso “tener los pies en la tierra”, no vaya a ser que contemplar el amanecer sea suficiente y ya no necesitemos el Black Friday para llenar vacíos que nada tienen que ver con la ropa o los teléfonos móviles), Pere nos permite ver a través de sus ojos. Cuando vemos el mundo como lo ve Pere… ay, cuando eso ocurre.

Adoro, literal y literariamente, la máxima con la que hoy he empezado esta columna pronunciada por Gimferrer: la poesía, si es buena, acabará encontrando su público. El cimiento que abraza explica la cuestión ¿por qué cuesta tanto leer poesía? Porque no es poesía. Es copla. Poesía hay poca, muy poca, y cuando Pere dice “la poesía, si es buena…” está diciendo “la poesía, cuando es poesía…” porque esta siempre es buena. El problema reside en localizarla. Es un problema, de hecho, terriblemente complicado pues en cualquier librería con un apartado para la lírica podemos encontrar muchos (demasiados) títulos que no son poesía y se venden como tal. De Internet es mejor no hablar porque de cada cien mil composiciones que se vocean “poéticas” lo son una o dos.

¿A qué se debe esta situación que afecta tanto (tantísimo) a este género literario? Imagínense ustedes la siguiente situación: esta mañana me he levantado y me ha apetecido juzgar un asesinato. Después de tomar un café y ponerme mi ropa más seria me he acercado a los juzgados de Caleta, he buscado una sala de lo Penal, he tomado prestada una toga con unos puños preciosos y me he sentado en el asiento central de la sala exigiendo a los presentes que se refieran a mi como “su señoría”. Todo ello sin haber aprobado la oposición de judicatura. Ridículo, ¿verdad? No solo ridículo, estaría, además, incurriendo en varios delitos. Cuando una persona dice que ha escrito un poema sin ser poeta está haciendo exactamente lo mismo que yo cuando me hago pasar por jueza. Es igual de ridículo (a decir verdad, bastante más). Sin embargo, ¿por qué nadie “echa de la sala” a esa persona como harían conmigo? Como les decía la pasada semana, no hay formación oficial y específica para ser escritor (pintor, escultor, cantante…). Artista puede ser cualquiera sin pasar antes pruebas que acrediten el hecho.

Si bien esto presenta una serie de ventajas evidentes también genera una serie de conflictos que pueden resumirse en uno: intrusismo. No un intrusismo visto desde el ego (yo soy poeta y tú no, ¡fuera!) si no desde la tristeza que genera al lector que, como es natural, razona: “no entiendo la poesía, no me gusta la poesía, ¡odio la poesía!” Evidentemente que el lector odia la poesía cuando lo que lee es copla. El lector está siendo estafado. Me refiero a la copla como canción popular española, género maravilloso donde los haya, que trata principalmente el desamor y está destinado a ser cantado. Si la copla no se canta pierde el noventa por ciento de su genialidad. Piensen en cómo suena La Zarzamora leída por ustedes en silencio y cómo cambia en la voz y en la actuación de la genial Lola Flores. Quintero, León y Quiroga escribieron estos textos para ser cantados, no leídos (coordinaban incluso la parte teatral para ser entonados). Esto no es poesía, es otra cosa. Maravillosa también, pero no poesía. Y si yo voy a la peluquería a cortarme el pelo quiero salir de allí con el pelo corto, no teñido.

Todos sentimos algo en determinadas circunstancias, como un volcán en el pecho, que necesitamos sacar como sea para que no termine convirtiéndose en una úlcera (ha muerto un ser querido, nos hemos enamorado como nunca hasta el momento…). Bien. Hay quien opta por tomar un saco de boxeo o un cojín y descargarlo sobre ellos. Otros prefieren gritar, llorar o reír de manera desmesurada. Otros se van de misioneros a la India. Perfecto; todas las opciones, siempre que no lastimen a un tercero, son más que válidas y respetables. Sin embargo, los hay que preferimos liberarnos de la emoción y el exceso de energía que conlleva de una forma creativa. Es decir: cantar, escribir, pintar… Igual de lícito, yo me encuentro en este grupo: cuando siento de una manera desmesurada, escribo. Sin embargo, lo último que se me ocurre es llamar a mi editor y decirle habemus nuevo libro. Eso es la falta de respeto hacia los lectores más alta en la que incurre cualquiera que se dedique a escribir. Esos papeles, normalmente empapados, van derechos a una carpeta a la que yo llamo “observaciones sobre mi personaje” y de la que jamás van a salir. Si hiciera lo contrario me sentiría, además de ruín y miserable, como la persona más egocéntrica y narcisista que ha paseado por este mundo. Sin embargo, eso es lo que ustedes han leído, por desgracia, cuando afirman que odian la poesía. A Isabel Pantoja, gritando desde lo más profundo de sus entrañas, “hoy quiero confesar que estoy enamorada”. Y eso no es poesía. La poesía (la escritura, en general) necesita distancia. Porque cuando siento ese amor en el pecho que me desborda lo único que va a salir de mi pluma es “¡te quiero! ¡Qué lo sepa todo el mundo! ¡Te quiero!” y el lector no se merece eso. El lector se merece abrazar el amor así:

 

Tengo miedo a perder la maravilla

de tus ojos de estatua y el acento

que de noche me pone en la mejilla

la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla

tronco sin ramas; y lo que más siento

es no tener la flor, pulpa o arcilla,

para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,

si eres mi cruz y mi dolor mojado,

si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado

y decora las aguas de tu río

con hojas de mi otoño enajenado.

 

Porque la poesía, cuando es poesía, acabará encontrando su público. Afortunadamente para nosotros, los lectores y por desgracia para los coplistas.

Comments

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  1. Estoy a favor. Y como dice Julia “demasiado verso libre”. Los versos libres no son ponerse a escribir la primera chorrada q se pase por la cabeza (digo yo, porque si no tb lo podría hacer yo) y en ellos se escudan muchos que van de artistas (y tienen las narices de decirte q es que tu eres un insensible pq no comprendes sus poemas) y son estafadores. Me gusta como plantea lo del respeto al lector. Me gusta que alguien diga las cosas claras pq hay demasiada falsedad en este país con el arte. Y aunque cree polémica (que la va a crear seguro) lo dice con un par. Artistas no podemos ser todos. Ni profesores ni fontaneros ni arquitectos. Cada uno es lo que es. Echo de menos en el artículo que la escritora (de cuyo gusto me fio) nos recomiende algún buen poeta además de Pere Gimfetrer y Lorca. A ver si puede ser para la proxima, abrazos.

  2. Con esto no puedo estar de acuerdo… todo el mundo tiene derecho a ser poeta o a ser lo que quiera ser. Todo es posible en esta vida.
    Felicidades a Pere Gimferrer.