Miércoles, 21 de Noviembre de 2018

            

Parlamentos andaluces sin andalucistas

Parlamento de Andalucía | Archivo GD
Ramón Ramos


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A un mes de la cita electoral, mientras se hacen las cábalas de costumbre, que en general giran en torno a cuál de los bloques, si Díaz-Rodríguez o Moreno-Marín, sumará mayoría suficiente para formar gobierno, los sondeos, las encuestas, las tendencias que se palpan o se barajan vuelven a dejar fuera del juego parlamentario al andalucismo político.

A falta de que los idus de diciembre certifiquen esta ausencia, prolongada ya en el tiempo, la desaparición del andalucismo no deja de ser toda una paradoja: los primeros que hablaron de autonomía están fuera del juego autonómico cuarenta años después de echar a andar lo que entonces se llamó preautonomía hasta desprenderse del ‘pre’ cuatro años más tarde y avanzar en competencias, transferencias, despliegue adinistrativo, etcétera hasta convertirse en el actual monstruo que es hoy día la Junta.
A este fenómeno han contribuido muchas causas y en primer lugar el excesivo personalismo de los líderes que se sucedieron al frente del que primero fue PSA y terminó como PA, como ejemplo palmario de los bandazos ideológicos de un partido que se presentó como ‘socialista’ y presumió de estar a la izquierda del PCE en aquel lejano 15-J de 1977 para intentar jugar después la baza del nacionalismo en una región sin nacionalistas. Más el desperdidicio de las pequeñas parcelas que consiguieron incluso en ayuntamientos importantes, donde se perdieron en personalismos fratricidas sin ambición de extender su escaparate de gestión al resto de Andalucía. O aprovechar su paso por gobiernos de coalición con el PSOE para ‘colocar’ a su militancia en lugar de dejar sello andalucista de presencia en el ejecutivo, donde se conformaron con consejerías bonancibles por las que pasaron como el rayo de sol por el cristal. Añádanle sus buenas dosis de riñas cainitas entre notorios líderes y tendrán el cuadro completo.
Todas las cuestiones esbozada genéricamente pueden explicar el desgaste de un partido, como podríamos reunir episodios parecidos de imperfección que afectaron a otras formaciones políticas en los 40 años transcurridos. Tengo para mí que la explicación es mucho más sencilla. Y para explicar esa falta de arraigo aparecería frontalmente la causa principal: la escasa conciencia andalucista de los andaluces, mucho más caracterizados por su localismo, su condición de pertenencia a su ciudad, Granada, Málaga, Sevilla, Córdoba… es decir granadinos, malagueños, sevillanos, cordobeses… muchos más que andaluces. Y sentimiento también respecto a la provincia, que si en su momento hace casi dos siglos se marcaron unos límites forzados y artificiales, hoy en Andalucía al menos son generalmente aceptados por sus habitantes.
Ese es el marco general en el que se ha desenvuelto el juego. Así, aun en los tiempos en que el PA obtuvo su máxima representación en el Parlamento andaluz, siempre fue excepción la presencia de representantes en las provincias orientales. Por poner un ejemplo cercano: en Granada, uno desde 1982 y hasta ahora…
Los episodios reseñados y el escenario general explican -a mi juicio- esa vuelta de espaldas con la que el electorado responde hoy a la oferta electoral andalucista, a falta de que dentro de un mes las urnas refrenden o no la desaparición de los últimos años o decidan el retorno -que sería muy menguado, salvo sorpresas- a la escena parlamentaria regional.
En todo caso, resulta curioso observar cómo en estos tiempos, en los que el independentismo está en la agenda política, en estos años en los que los partidos regionalistas o nacionalistas condicionan gobiernos autonómicos como palanca o apoyo a partidos en el poder, en Andalucía la formación en principio destinada a jugar ese papel ha desaparecido del mapa. En los primeros tiempos, en la transición, esto de las autonomías floreció por emulación -“Nosotros, como los catalanes…”, se decía-. En los años que siguieron, frente a la desmesura reivindicativa de las llamadas autonomías históricas, el PA continuó jugando esa baza formal de la emulación, en lugar de haber expresado desde Andalucía el papel de la moderación. Tal vez, también eso contribuyó a este desierto andalucista en el panorama actual de una Andalucía en la que pesa más, mucho más, el sentimiento granadino, malagueño, sevillano… que el sentimiento andaluz.

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