Lunes, 18 Diciembre, 2017

            

Otro payaso en la política

Foto: Gabinete
Pedro Vaquero del Pozo


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No comparto ese miedo que a algunos se les ha metido en el cuerpo porque haya ganado Trump las elecciones americanas. Es irracional. ¿Por qué tener miedo de que el circo haya contratado a un nuevo payaso? ¿No habíamos quedado en que la política era un espectáculo? Ha ganado el mejor actor, el que más ha logrado engañar al respetable. En EE.UU. ya ha habido algún presidente que otrora fuera profesional del arte cinematográfico (malo por cierto): Ronald Reagan. Ahora tendrán los yanquis que soportar las patochadas de un empresario (dicen que no muy bueno) metido a político.

Tampoco le temo a su programa, pues de tantas tonterías que ha dicho, muchas son irrealizables, y otras son continuidad de lo que ya se estaba haciendo hasta ahora en este mundo globalizado.

Obama le ha dejado la economía como un zarcillo, con un crecimiento sostenido, un desempleo del 4%, un petróleo barato, y unas relaciones comerciales en las que EE.UU. está a punto de retomar la iniciativa hacia al TTIP. Habla Trump de agudizar el proteccionismo, pero eso es un calentón verbal. Ya vendrán los expertos que le aclararán que el mejor proteccionismo para EE.UU. es seguir vendiendo cosas fuera, y eso sólo se consigue con un cierto toma y daca. A los magnates de las grandes multinacionales yanquis no se les escapará ese detalle, y los lobbies yanquis son más fuertes que la Administración y el Presidente.

Otra cosa es la cuestión social. A Obama no la han dejado desarrollar su programa social y sanitario, salvo en una mínima parte. Quizá por eso el voto contestatario al sistema haya crecido tanto: los trabajadores han visto perder una buena parte del poder adquisitivo de sus salarios; la precariedad y los workers poor (trabajadores pobres) han crecido en base a la situación de semiesclavitud de los inmigrantes y clandestinos; y se han deteriorado las condiciones de vida de las clases medias por la presión de los impuestos que han tenido que destinar recursos para salvar a la banca; etc.

En estas condiciones no hay que esperar una revolución social, sino una fractura social entre etnias, religiones y sexos: los negros contra los blancos que matan impunemente a negros, y en esta ocasión los blancos que se han organizado en torno al voto racista de Trump; las mujeres votando más a Hillary, pero sobre todo absteniéndose; los inmigrantes ricos (cubanos de Miami) votando a Trump y los pobres a Clinton; los jóvenes con estudios votando a Clinton y los sin estudios votando a Trump. En suma: una fractura social total expresada con fiereza durante la campaña electoral más bronca que hayamos conocido. Sólo una política social contundente puede desdibujar estas diferencias y enfrentamientos sociales. ¿Será capaz en nuevo presidente de apreciar esta delicada situación?

Los analistas le dan mucha importancia a la postura que Trump tiene respecto del cambio climático. ¿Puede estar en peligro el compromiso adquirido con China al respecto en 2014? Ya lo estaba con la mayoría conservadora que en febrero bloqueó el Plan de Energía Limpia de Obama. La situación sólo puede ir a mejor, pues peor es imposible.

En las relaciones internacionales las preferencias de Trump difieren de las de Obama: ya ha confirmado su amistad con Israel (y con los judíos que dominan Manhattan), y quizá intente girar la prioridad de las relaciones internacionales desde el eje EE.UU.-China al eje EE.UU.-Rusia. Pero en este juego del ajedrez geopolítico son las necesidades a veces coyunturales las que se imponen, y si la tendencia de Trump es mirar para casa tendrá que estar a bien con China que es quien más deuda yanqui tiene atesorada, y quien a su vez es capaz de seguir brindándole a USA liquidez.

Respecto a sus relaciones con Europa mejor nos iría si se olvidase un poco del amigo europeo. Bastante mal ha hecho ya Trump con enseñar el camino de la demagogia desmedida a los populistas de extrema derecha europea.

Va a haber una progresiva movilización de la conciencia de izquierdas en EE.UU., pues cada vez más demócratas se irán arrepintiendo de haber apostado por Hillary Clinton como candidata frente a la rigurosa cultura de izquierda socialista de Bernie Sanders.

La esperanza nunca debe perderse. Y sobre todo espero que el botón nuclear no sea de gatillo fácil.

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