Jueves, 23 Marzo, 2017

Otoplastia: adiós a las orejas de soplillo

Las principales causas para pasar por el quirófano y someterse a una otoplastia incluyen las reconstructivas debido a la falta completa o parcial por un trauma o a un defecto

Foto: E.P


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Hay referencias sobre la cirugía estética de las orejas de hace más de un siglo, entonces se retiraba piel de detrás de ellas para tensarlas y acercarlas más al cráneo pero volvían con el tiempo a su posición original. Hacia mediados del siglo pasado comenzaron a desarrollarse técnicas de cirugía que modificaban el cartílago, unas intervenciones que se han convertido en cada vez más habituales.

Las principales causas para pasar por el quirófano y someterse a una otoplastia incluyen las reconstructivas debido a la falta completa o parcial por un trauma o a un defecto en la formación de las orejas, y suele emplearse para tal reconstrucción cartílago procedente de las costillas.

Sin embargo, son las conocidas como ‘orejas de soplillo’ u ‘orejas en asa’ el motivo más común para pasar por esta intervención estética. Se trata de orejas que están más despegadas del cráneo, que poseen un exceso de concha, la zona cóncava que va desde el pabellón hasta el conducto auditivo externo, o les falta la parte de la oreja denominada antihélix.

Según explica a Infosalus el doctor César Casado, Secretario General de la Sociedad Española de Cirugía Plástica y Reparadora (SECPRE), aunque es una operación que se realiza en todos los rangos de edad, la otoplastia se ha hecho más común en los niños en los primeros años de escolarización.

Es sobre todo a partir de los 5 años, cuando en el colegio comienza a ser un aspecto que da lugar a comentarios entre los compañeros y que cuando los niños cuentan en casa genera preocupación en los padres que entonces buscan el consejo médico. En este sentido, en la sanidad pública se operan al considerarse una patología que puede tener repercusiones psicológicas para el menor, explica Casado.

“Es importante también que las madres no lleven a sus hijos al médico de manera profiláctica si el niño no tienen ningún problema asociado a la forma de sus orejas y es más un complejo de la madre que puede terminar por afectar al menor”, señala el especialista.

COMÚN ENTRE LOS VARONES MÁS JÓVENES

Los adultos jóvenes, alrededor de la veintena los que se realizan más cirugías de este tipo dado que, como comenta el especialista, tras los 40 años se suelen haber perdido los complejos y se acostumbra a dejar el pelo más largo para ocultar esta parte de la anatomía.

Es una intervención que se realiza por igual en hombres y mujeres, aunque dentro de las operaciones estéticas son más frecuentes en los varones ya que el sexo femenino suele decantarse más por otro tipo de intervenciones como las de pecho o lipoescultura y cuentan con el aliado del cabello largo para evitar la operación.

Además, el doctor Casado señala que quienes se deciden por esta cirugía desean una solución a un problema y no presentan predilección en lo que se refiere a la forma de la oreja en sí o emular en ningún sentido a un modelo o personalidad mediática.

INTERVENCIONES MÁS ACCESIBLES PERO NO BANALES

Sobre si el número de estas intervenciones ha aumentado en los últimos años, el portavoz de la SECPRE señala que si esto ha sido así se debe a que el paciente ha perdido el miedo a aspectos como la anestesia, las instalaciones hospitalarias y a que se han convertido en procedimientos más abordables y simples.

En el caso de las reconstrucciones, suele tratarse de intervenciones más complejas que requieren de anestesia general y una estancia hospitalaria breve. En cuanto a la intervención de orejas en asa, en niños requiere de anestesia general y en los adultos depende de si sólo es necesario aplicar anestesia local y un poco de sedación o bien anestesia general, que suele requerir estancia hospitalaria y noche de ingreso.

La mayoría de técnicas quirúrgicas para corregir las orejas en asa incluyen retirar la piel de la parte de atrás de la oreja y moldear el cartílago, aplicando o no puntos permanentes. Estas intervenciones suelen durar aproximadamente una hora y media y la recuperación es rápida aunque es necesario emplear una protección que cubra las orejas durante uno o dos meses.

“Se banalizan mucho las cirugías estéticas de este tipo y por error se convierten en un producto de consumo cuando suponen una intervención asociada a un postoperatorio simple pero tan importante como para cualquier otro tipo de cirugía”, concluye Casado.

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