Martes, 17 Octubre, 2017

            

Omar Jerez: “Debemos utilizar el cerebro para convertir la macromierda del mundo en micromierda”

Granada Digital charla con el videoartista más cotizado de España. Polémico siempre, y con tintes kamikaze, este granadino es la china en el zapato de ETA o de la Camorra napolitana, entre otros

Omar Jerez, artista granadino, en la performance con la que denunció el terrorismo de ETA | Autora: Julia Martínez ( foto extraída de la Plataforma de Arte Contemporáneo)
Ángela Gómez | @_Angela_GA


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Omar Jerez es de esas personas con las que puedes perder la noción del tiempo si te enredas en una conversación con él. Con puntualidad inglesa y ganas de conversar, Omar nos visitó. Ya conoce esta casa. Tiene un espacio para su vídeoblog Fresas en Bagdad’.

Tocaba ya un encuentro ‘real’ con este artista granadino, de quien podríamos decir que ha vivido mucho, o quizá de forma más intensa, que el resto de los mortales. Y antes de que empiece hablar, lo notas. Omar posee una mirada inquieta, viva, pese a haber estado en diferentes ocasiones rozando la muerte. Sus obras hablan de ella, sí, de la muerte, pero no la natural, no de la que corresponde al ciclo vital. Sus creaciones aluden a las vidas robadas de forma injusta, dolorosa, irrazonable. Y lo hace, en muchas ocasiones, poniéndose frente a los verdugos que con excusas basadas en la religión, en el género o en la política, deciden poner el punto y final a la vida de los demás. Frente a esos cobardes, Omar ha demostrado su valentía. Digamos que este joven se ha convertido en la china del zapato de muchos.

Jerez, el videoartista español más cotizado en nuestro país, habla sin tapujos. Se define como alguien revolucionario pero, matiza, “a nivel pedagógico”.
Tiene 35 años pero confiesa que hasta los 29 no descubrió la faceta de la performance. “No tenía ni idea de lo que era”, matiza esta persona que hace poco vendió una de sus ‘piezas’ por 47.000 euros. En ella, Mickey Mouse practica sexo con una mujer con burka. Así es.

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Un momento de la entrevista con Omar Jerez en Granada Digital

Antes de eso, con 20 años frecuentaba numerosas sectas. Estuvo en Siria donde intentaron captarle una célula de Al Qaeda. En Japón tuvo un encuentro con un jefe yakuza, algo así como la mafia japonesa, que tenía bajo su manto a 300 soldados dispuestos a matar por él. Se fue de retiro a un templo budista y dice que salió de allí con más dudas, con más preguntas sobre él y sobre este mundo que le rodea.

Quizá eso fue motivo suficiente para que Omar decidiera meter la quinta en su faceta revolucionaria.

Centrándonos ahora en qué hace, digamos que Omar lleva ya unos años atareado en poner voz e imagen a desgracias que viven muchos humanos y a las atrocidades que acometen otros a los que también se denomina ‘humanos’.

Este artista granadino quiere agitar conciencias para que no caigamos en el error de normalizar las crueldades. “Quiero, de alguna manera, que cuando veamos una muerte en la televisión a mediodía, no sigamos comiendo tan normales, sino que esa muerte que estás observando llegue a afectarte. Busco un choque frontal para no acostumbrarnos a ver el mundo así, roto y destruido”, define Omar así el sentido de su obra. “Yo procuro pisar el estiércol”, añade con un toque transgresor.

“PRETENDO QUE, CUANDO VEAMOS UNA MUERTE EN LA TV A MEDIODÍA NOS AFECTE, Y NO SIGAMOS COMIENDO SIN MAS”

EL ESTIÉRCOL QUE PISA OMAR

Pisa donde duele, donde algunos callan, donde otros no se atreven y donde a unos cuantos más no les interesa pisar.

Ha hecho bastante. Se ha paseado por el casco viejo de San Sebastián con un cadáver falso denunciando el terrorismo de ETA. “Lo que más pánico me dió del País Vasco fue el silencio. Es la sociedad del susurro y esa es una clara señal de dictadura”, apunta como parte de esta experiencia.

No es la única manera que ha denunciado públicamente el terrorismo de ETA. Omar se encerró durante siete días en un zulo similar en el que estuvo secuestrado Ortega Lara. Su meta era llegar a ocho días pero a los siete decidió salir de allí. No pudo más y eso que era consciente, a diferencia de Ortega Lara, de que el encierro era voluntario, que le esperaba su vida de siempre ahí fuera cuando pusiese fin a su obra.

Omar también ha desafiado a la Camorra napolitana. Se enfundó un ‘disfraz’ de repartidor de prensa y distribuyó en la Piazza Garibali, en el corazón de Nápoles, varios miles de ejemplares de un periódico ficticio editado por él mismo, ‘Il Corrierre della Camorra’. En su interior, una entrevista al cappo fundador, otra a una madre con un hijo camorrista ingresado en prisión y a un neomelódico, la parte folclórica napolitana que canta las virtudes de la camorra. Esta actuación no estuvo exenta de miradas desafiantes que se clavaron en el cuerpo de Omar y que le advertían que estaba jugando con algo mucho más peligroso que el fuego… Con la mafia italiana.

“No paso miedo porque sé a lo que me enfrento”, responde Omar a la pregunta de si le tiemblan las piernas cuando se pone frente a asesinos sin escrúpulos.

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La performance “88 Credos de Adolf Hitler sobre la Torá” | Autora: Julia Martínez

“SOY UNA MEZCLA ENTRE ARTISTA Y REPORTERO DE GUERRA”

LA PALIZA DE LOS NEONAZIS

En Berlín se citó con ocho neonazis en una nave industrial. Su obra de arte terminó siendo la paliza que le propinaron. “Me pegaron más las mujeres que los hombres”, recuerda Omar ese detalle que le salvó la vida. Si hubiesen sido los hombres, cada uno dos veces el cuerpo de Omar, esta entrevista no hubiese sido posible. “Yo creo que no me mataron porque pensaban que había alguien muy gordo detrás de mi proyecto”, nos confiesa Omar, quien con esta obra pretendía denunciar el auge de la extrema derecha en Europa.

“Fue un fracaso”, define Omar, formando con sus dedos comillas. Al fin y al cabo lo que ha plasmado Omar fue la causa-efecto de un judío que se encuentra con neonazis. El resultado confirma la regla y parece no haber excepción: puñetazos, insultos, patadas y escupitajos.

Hay una pregunta recurrente pero necesaria cuando hablamos con Omar sobre el riesgo que corre -¿Todo esto merece la pena?-, le preguntamos con un halo de preocupación que él rápidamente hace que se evapore.

-Sí-, responde de manera rotunda.

Le resta importancia al asunto y apunta que hay formas de terrorismo menos visibles que acaban en muerte -¿Cuál?- preguntamos. “Por ejemplo, una persona que sufre mobbing en su empresa. Hay quiénes terminan quitándose la vida por desesperación. Eso es terrorismo también”.

Omar Jerez considera que su performance sobre ETA fue la más mediática pero la pieza que más le ha gustado a él es la del ‘Tren de la Bestia’. Esta obra transcurre en Tequisquiapan (México). Supuestamente la ciudad más feliz de aquella zona pero en la que se oculta una gran tragedia que Omar quiso encuadrar en su performance.

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Fotografía de la performance ‘La Bestia o el Tren de la Muerte” | Autora: Julia Martínez

TREN CON DESTINO: LA MUERTE

Dos veces al día, por unas vías transcurre el “tren de la muerte o la bestia”, un ferrocarril de mercancías cargado de migrantes (procedentes de Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Honduras) con la esperanza de atravesar México y llegar a Estados Unidos. El 90% no lo consigue. Mueren asesinados por equipos de seguridad privados contratados por la propia empresa de ferrocarril.

Entre estos viajeros ‘indeseados’ viajan niños que ven como decapitan a sus progenitores; otros son secuestrados para trabajar en los campos de coca de sol a sol; a las mujeres se las viola o se vuelven las ‘putas’ de los zetas, un cartel criminal; por no hablar de las amputaciones al tener estos pasajeros que cambiar constantemente de tren.

Entre toda esta desgracia, hay un grupo de activistas que aguarda el paso de estos trenes para lanzarles bolsas con comida a las miles de personas que van en busca de un futuro mejor, aunque se quede en el propósito.

Omar revive aquellos días pegado a los raíles. “Ves pasar el tren, con esas personas que van a morir (pausa y respira), “y les estás lanzando una bolsa que a veces no logran agarrar… Y te das cuenta que ese gesto, conseguir la bolsa, puede hacer que esa persona sobreviva dos o tres días más”.

Omar dice que es una mezcla entre artista y reportero de guerra. Considera que su obra, aunque algunos la tachen de aberración, ha causado efecto porque, para bien o para mal, se habla de ella.

Quiénes lo ven como una amenaza, ya han actuado. Le han dado toques de atención, algún que otro email con amenazas y más de una misiva por redes sociales. De hecho, Omar ha sufrido algún que otro hackeo en su cuenta de Facebook desde Moldavia y Rumanía. “Tengo que tener un pequeño protocolo de seguridad pero sin ser alarmante”, nos explica Omar, quien evita publicar sus planes por redes sociales.

Hablamos con y de Omar, pero lo cierto es que este granadino no ‘actúa’ solo. Se mueve por el mundo de la mano de su compañera Julia Martínez. Esta chica le acompaña en sus proyectos desde hace un par de años. Ella es la que graba, fotografía y edita. “Yo le cuento una idea y, a partir de ahí, construimos el relato los dos. Vamos a muerte…(reflexiona por unos segundos) …Pero a muerte en el sentido metafórico” (ríe porque sabe que esa respuesta se mueve entre lo metafórico y lo literal).

Detrás de cada obra, de cada exhibición de denuncia social, hay un arduo trabajo de documentación y de exploración del terreno que pisan. Cada proyecto les lleva año y medio.

“LO QUE MÁS CORAJE ME DA ES LA PASIVIDAD DEL CIUDADANO MEDIO”

PRÓXIMOS PROYECTOS

Omar Jerez, junto a Julia Martínez, están trabajando en más proyectos. Le gustaría hacer algo en Corea del Norte, aunque ve complicado el acceso. Su nombre ya figura en demasiados sitios en la red y ya sabemos que a Corea del Norte le gusta poner distancia y tener absolutamente todo bajo su control. Omar, visto así, es una clara amenaza.

Somalia también está en la lista de Omar y Julia. Les interesaría abordar los secuestros de barcos por parte de los piratas. Otro objetivo: El Salvador. Dice que quiere ‘meterse” entre pandilleros.

Omar no sabe ponerle fecha de caducidad a esta faceta artística, que según describe, no busca consolar a nadie. “El consuelo a las víctimas es el peor antídoto para acabar con las lacras. Julia y yo siempre intentamos ser más fuertes que nuestra obra. Tenemos que ser fríos aunque en el fondo empaticemos. Si no tienes eso en mente, la situación te sobrepasa”, nos explica.

De tantas desgracias que ha estudiado y con tantos problemas sociales dignos de denuncia social, le preguntamos a Omar qué es lo que más le indigna. “Lo que más coraje me da es la pasividad y la cobardía del ciudadano medio” -¿Nosotros?- le preguntamos. “Sí, nosotros”.

“Tenemos el síndrome del espectador y actuando así ante los problemas, no haciendo nada, permitimos que se sigan llevando a cabo estas atrocidades. La gente está esperando a que los políticos nos solucionen la vida y eso no va así. Somos nosotros, cada uno, los que tenemos que utilizar el cerebro para hacer que esta macromierda de mundo se convierta en micromierda”, nos aconseja Omar.

Comments

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  1. Este mundo va a acabar mal,muy mal,vivimos como si nunca fuéramos a morir,hemos perdido valores,nuestros ojos se acostumbran a ver las desgracias que ocurren cada día,apáticos, somos la sociedad del conformismo.