Jueves, 23 Noviembre, 2017

            

La obesidad se convierte en la primera preocupación para los pediatras

Estrevista con Julio Romero, jefe de Pediatría del Hospital Materno Infantil de Granada

Rita M. Marín @marinruiz_rita // Fotografía y vídeo: Román Calleja


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Julio Romero es el jefe de Pediatría del Hospital Materno Infantil de Granada. Estudió en la Universidad de Granada, y realizó la especialidad de Pediatría en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid. Después comenzó a trabajar, como pediatra, en Atención Primaria, en Granada, durante dos años, y posteriormente inició un periplo andaluz en el que inauguró el Hospital de Motril, estuvo en el de Ronda, en el Costa del Sol de Marbella, y finalmente, desde hace ocho años, de nuevo en el Materno Infantil, especializado en gastroenterología pediátrica y neonatología. Hoy, responderá a algunas preguntas sobre la atención primaria y las principales patologías de los más jóvenes.

¿Están nuestros niños de hoy más sanos que los de hace veinte años?

Bueno… eso es relativo. Los niños siempre sufren patologías, pero lo que ha cambiado es el tipo de enfermedades a las que nos enfrentamos. Es cierto que en mis inicios nos encontrábamos con más casos de sarampión, que prácticamente ha desaparecido hoy día, hepatitis A y B… y ahora los niños padecen patologías intestinales, asmáticas, alérgicas y celiacas entre otras. Pero lo que más nos preocupa en la actualidad es la obesidad. Está alcanzando unos niveles tan superiores, que ya es necesario poner en marcha programa preventivos para evitar que las próximas generaciones sean obesas crónicas. El 30% de los niños en España son obesos.

Entonces, ¿ha cambiado mucho la pediatría para adaptarse a las nuevas necesidades?

La pediatría ha cambiado en respuesta al desarrollo social. Es decir, se trata de una disciplina que evoluciona de acuerdo a las necesidades de la sociedad. Vivimos en un país donde hay una menor tasa de natalidad, y existen más avances para evitar enfermedades, que hace 30 años podían suponer un grave riesgo para el niño. Ha bajado la natalidad, las madres tienen cada vez los hijos más mayores, y ha aumentado la prematuridad de los niños la nacer. Esto antes no se daba tan habitualmente.

¿En qué etapa de la pediatría se refleja más esta evolución?

Sin duda alguna, el área neonatal es la que ha experimentado unas modificaciones más drásticas e importantes. Y creo que ha sido necesario, porque los índices más elevados de mortalidad se dan en los recién nacidos, y es aquí donde el trabajo del pediatra es fundamental.

¿Qué diferencia sustancial encuentra en el trabajo del departamento neonatal?

Escuchar a las mujeres en el momento del parto con el llamado Plan de Parto. Un documento donde las futuras madres explican cuáles son las condiciones, dentro de su propia seguridad y la del bebe, que se den en su alumbramiento. Muchas hablan de las medidas que se deben tomar para el nacimiento de sus hijos, como por ejemplo, estar solas o acompañadas en el paritorio, sin o con rasuramiento del periné, anestesiadas o no, con episetionomía o sin ella… Y todo eso hay que respetarlo, porque los médicos no son los protagonistas del parto, sino los padres y el recién nacido. Y esa posibilidad de decisión y expresar, cada mujer sus preferencias, es algo muy innovador.

¿Qué recomienda, desde el punto de vista profesional, para esa primera etapa de la vida de los bebes?

Como profesional y como padre, lo que recomiendo es la lactancia materna. Es la mejor alimentación para los recién nacidos. Protege de muchas enfermedades, ayuda en el crecimiento y desde luego, crea un vínculo mucho más fuerte entre la madre y el bebe. Un niño puede alimentarse únicamente de leche materna hasta los 6 meses de vida y estaría perfectamente sano; y si lo hace hasta los dos años, con la combinación de otros alimentos, es posible que ese niño tenga una salud mucho más fuerte que la de otros niños que se han criado con biberón, que hace algunos años estuvo muy de moda, aunque se ha demostrado que la leche materna es lo más sano.

¿Qué beneficios tiene la alimentación con leche materna?

Tiene la composición adecuada al ‘cachorro’ de los humanos, es más económica, es higiénica, no hay que calentarla, protege durante el primer año de diarreas, de infecciones de vías respiratorias altas, en la vida adulta protege de hipercolesteremia u obesidad. Yo siempre digo a las madres de mis pacientes, la leche de cada madre está hecha a la medida de su hijo.

El Plan de Parto, la lactancia materna… Pero ¿y la figura paterna ha aumentado su protagonismo en este momento?

Así lo hemos intentado desde el hospital. Ahora los padres están mucho más implicados en el proceso de nacimiento del hijo. Desde su presencia en el parto, hasta los primeros días en los que se les enseña a cambiarlo, bañarlo e incluso cogerlos de la forma más adecuada. Y aunque la mayoría de los padres están encantados con este papel tan activo, todavía hay algunos que se muestran reticentes a participar de estas actividades… un poco por miedo a no saber cómo manejarse con un bebe. Evidentemente, el niño, aún recién nacido, tiene el derecho de estar acompañados durante la hospitalización por su madre y padre, algo que influye positivamente en su salud.

Y hablando de los bebes, la muerte súbita es uno de los aspectos que más preocupa a los padres. ¿Qué pueden hacer los pediatras?

Aquí la investigación es primordial. Hace años se recomendaba a los padres que acostasen a sus bebes boca abajo, después comenzaron a llegar artículos de otros países donde recomendaban que durmiesen de lado para reducir los casos de muerte súbita. La comunidad pediátrica internacional comprobó que esa modificación de la posición durante el sueño era más beneficiosa para los bebes. Así que se reconoció que existía un factor posicional en los casos de muerte súbita. Por cierto, que además de la postura también es importante que el colchón donde duerma el pequeño no sea excesivamente mullido, para que en ningún momento puedan quedar nariz y boca taponadas. También intervienen otros factores como patologías del sistema respiratorio, algunas enfermedades metabólicas… Así que hablamos de un conjunto de patologías que provocan esta muerte súbita. Todavía no las conocemos todas. Pero las investigaciones han avanzado considerablemente.

¿Y cómo se enfrenta un equipo médico a esa situación?

Es una tragedia. Para un pediatra es algo mortificante ya que en la mayoría de las ocasiones nada se puede hacer. La muerte de un niño siempre es muy dura, porque la labor de un pediatra es ayudar a los niños. Y he de reconocer que una muerte súbita es muy cruel, pero también lo es la muerte de un niño después de un proceso patológico crónico. En esa situación nuestra labor es ayudar a estos pequeños pacientes a morir dignamente, sin dolor. Cuando deje de ejercer habrá pacientes que fallecieron de los que nunca podré olvidar.

Con los buenos momentos de esta profesión, y los episodios más tristes… ¿Por qué le gusta ser pediatra?

Si volviera a elegir especialidad, elegiría la pediatría. Mi profesión es muy importante, los niños son mucho más sinceros que los adultos. De mi profesión lo que más me gusta es que hacemos medicina preventiva de las enfermedades que pueden tener de mayores. Me gusta más tratar con niños porque son muy espontáneos y además tienen las cosas muy claras. Me llenan mucho, y siempre aprendo algo nuevo de ellos.

 

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