Viernes, 21 Julio, 2017

            

Nuevo enfoque clínico del autismo

El autismo ha sido visto como una forma de retraso mental, una enfermedad del cerebro que destruye la capacidad de los niños para aprender, sentir y empatizar, dejándolos desconectados de su entorno social y sensorial complejo y cambiante



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Los trastornos del espectro del autismo, son trastornos complejos, que afectan al desarrollo del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral, especialmente en l os aspectos relacionados con el procesamiento de la información que proviene de los estímulos sociales.

AUTISMO: TRASTORNOS CRÓNICOS DURANTE TODA LA VIDA

Son trastornos crónicos, que permanecen durante toda la vida, aunque sus manifestaciones clínicas y las necesidades de las personas que los presentan varían a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo. Durante décadas, el autismo ha sido visto como una forma de retraso mental, una enfermedad del cerebro que destruye la capacidad de los niños para aprender, sentir y empatizar, dejándolos desconectados de su entorno social y sensorial complejo y cambiante.

Desde esta perspectiva, el tipo principal de intervención terapéutica en el autismo hasta la fecha apunta a involucrar fuertemente al niño para reactivar las funciones del cerebro que se cree que están en estado latente.

Un nuevo estudio muestra que la sobreestimulación social y sensorial impulsa comportamientos autistas. El trabajo, realizado en ratas expuestas a un conocido factor de riesgo en los seres humanos, apoya la visión convencional del cerebro autista como hiperfuncional y ofrece una nueva esperanza con énfasis terapéutico en los entornos rítmicos y no sorprendentes a la medida de la sensibilidad del individuo.

Investigadores del Instituto Federal Suizo de Tecnología en Lausanne (EPFL), en Suiza, completaron un estudio que dan la vuelta a esta visión tradicional del autismo. El trabajo demuestra que, en ratas expuestas a un factor de riesgo conocido de autismo, la estimulación impredecible del medio ambiente conduce a síntomas autistas al menos tanto como un ambiente empobrecido, y que la estimulación predecible puede prevenir estos síntomas.

La investigación también es evidencia de un cambio drástico en el enfoque clínico del autismo, lejos de la idea de un cerebro dañado que exige una gran estimulación. En cambio, los cerebros autistas pueden ser hiper-funcionales, por lo que requieren ambientes enriquecidos que no sean sorprendentes; estructurados, seguros y adaptados a la sensibilidad de un individuo en particular.

“El modelo de rata con valproato utilizado es muy relevante para entender el autismo, ya que los niños expuestos al valproato en el vientre materno tienen una mayor probabilidad de presentar autismo después del nacimiento”, explica el profesor Henry Markram, coautor del estudio y padre de un niño con autismo. Por consiguiente, las ratas expuestas a valproato en el desarrollo embrionario temprano demuestran anomalías de comportamiento, anatómicas y neuroquímicas que son comparables a las características de autismo humano.

Los científicos aquí muestran que si las ratas están expuestas a este factor de riesgo del autismo prenatal y son criadas en un ambiente familiar que es tranquilo, seguro y altamente predecible con poca sorpresa –al mismo tiempo que rico en compromiso sensorial y social– no desarrollan síntomas emocionales de reactividad como miedo y ansiedad, ni aislamiento social o alteraciones sensoriales.

“Nos sorprendió ver que los ambientes que carecen de previsibilidad, aunque enriquecidos, favorecieron el desarrollo de la hiperemotividad en ratas expuestas al factor de riesgo de autismo prenatal”, destaca el profesor Henry Markram.

El estudio muestra críticamente que en ciertos individuos, entornos no predecibles conducen al desarrollo de una gama más amplia de síntomas negativos, incluyendo retraimiento social y anormalidades sensoriales. Estos síntomas normalmente evitan que los individuos se beneficien plenamente de y contribuyan a su entorno, por lo que son objetivos de éxito terapéutico.

Además, en el trabajo se identifican drásticamente resultados conductuales opuestos dependiendo de los niveles de previsibilidad en el ambiente enriquecido y sugiere que el cerebro autista es inusualmente sensible a la previsibilidad en el entorno de crianza, pero a diferente medida en distintos individuos.

La investigación es una fuerte evidencia de la Teoría Mundial Intensa del Autismo, propuesta en 2007 por los neurocientíficos Kamila Markram y Henry Markram, ambos coautores en el presente estudio. Esta teoría se basa en la investigación reciente que sugiere que el cerebro autista, tanto en humanos como modelos animales, reacciona de manera diferente a los estímulos.

LA ESTIMULACIÓN PREDECIBLE Y NO SORPRENDENTE

Se propone que una interacción –entre el fondo genético de un individuo con eventos biológicamente tóxicos tempranos en el desarrollo embrionario– desencadena una cascada de anomalías que crean microcircuitos cerebrales hiper-funcionales, las unidades funcionales del cerebro. Una vez activados, estos circuitos hiper-funcionales podrían convertirse en autónomos y afectar aún más a la conectividad funcional cerebral y el desarrollo.

Estos llevarían a una experiencia del mundo como intensa, fragmentada y abrumadora; mientras que las diferencias en la severidad entre las personas con autismo podrían provenir del sistema afectado y el momento del efecto. Los investigadores reconocen la necesidad de probar estas ideas en los seres humanos.

Si los niños con autismo son de hecho más neurobiológicamente sensibles al medio ambiente que otros niños como resultado de la hiper-función cerebral temprana, entonces, la estimulación ambiental previsible adaptada a la hiper-sensibilidad específica de un individuo podría mejorar significativamente la calidad de vida, mediante la prevención o la mejora de los debilitante síntomas autistas de sobrecarga sensorial y la ansiedad o miedos, y permitir al niño a crecer.

“Un entorno estable y estructurado rico en estímulos podría ayudar a los niños con autismo, proporcionando un refugio seguro contra una sobrecarga de estímulos sensoriales y emocionales. Por el contrario, un ambiente con muchos cambios de estímulos impredecibles podría empeorar sus síntomas, aumentando la ansiedad y el miedo y haciendo que estos niños se retraigan en una burbuja”, apunta Kamila Markram.

“Es importante destacar que este tipo de interacciones constructivas con un mundo seguro y predecible en periodos clave sensibles del desarrollo temprano podrían mejorar y tener éxito en contextos menos estructurados o no familiares posteriores, y dar lugar a un desarrollo individual armonioso”, dice Monica Favre, primera autor del estudio.

Este trabajo tiene implicaciones inmediatas para entornos clínicos y de investigación, ya que necesita considerar un mayor procesamiento cerebral y la sensibilidad a las sorpresas ambientales como posibles caracteres definitorios de autismo. Este avance sugiere que si se puede diagnosticar la hiper-función cerebral poco después del nacimiento, al menos pueden prevenirse algunos de los efectos debilitantes de un cerebro sobreactivado, no por enriquecimiento ambiental ‘per se’, sino por la estimulación ambiental altamente especializada que sea segura, consistente, controlada, anunciada y sólo cambiado muy poco a poco al ritmo determinado por cada niño.

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