Sábado, 25 Marzo, 2017

No te escondas detrás de las gafas

Captura del vídeo del blog 'Fresas en Bagdad'
Omar Jérez


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A finales del año 2013 me fui a vivir a Granada después de un año convulso a nivel profesional, con la intención clara de oxigenarme bajo la tutela de mi familia para resituarme en el plano emocional y empezar otra etapa.

No había cumplido apenas dos meses cuando una noche quedé con dos mujeres que apenas conocía para ir a ver a un amigo en común que trabaja en un conocido local de copas en Granada y así  hacerle la visita de rigor.

A los cinco minutos de estar en el local, una de las chicas recibió una llamada y por su expresión, nos percatamos que algo grave sucedía.

Salió fulminada del sitio dirigiéndose al coche, tanto la otra chica  como yo la seguimos por instinto sin saber que  sucedía ante el desconcierto y por si necesitaba ayuda.

Durante el trayecto nos contó que su exnovio, (con antecedentes penales que yo desconocía por completo)  se encontraba solo en su casa con su hija de 14 años y que la adolescente se encontraba aterrorizada por la situación.

Subimos los tres al domicilio y al abrir la puerta nos recibió la expareja en un estado de evidente embriaguez, entramos corriendo a la casa buscando a la chica y la hallamos en la cama metida entre las mantas con la cabeza levemente asomada y llorando compulsivamente  con el pánico en su rostro.

Mientras la otra mujer y yo intentamos consolar a la menor  (la cual no había visto en mi vida)la madre de la niña  pide explicaciones a su ex pareja, le pregunta que hace en su casa sin su permiso,   de repente el sujeto se lanza a por mí increpándome numerosos puñetazos sobre mi cabeza, intentando por mi parte esquivar los golpes,  madre e hija al ver la paliza que me estaba propinando se ponen  por medio recibiendo ellas los golpes de un tipo con un brazo de alguien que juega al pádel profesional.

Os podéis figurar el panorama, cinco coches de la policía nacional, quince  agentes para detener al sujeto, declaración en la comisaria como testigos a las dos de la madrugada y al día siguiente levantado a las ocho para que nos tomen declaración en el juzgado sobre  violencia de género.

Suena  el altavoz de la sala de espera de los juzgados con un tono seco y distante el nombre de Omar Jerez, me levanto  y me indican una sala para que me inspeccione la forense de guardia, determinando en el parte  que he sufrido numerosos hematomas debido a los golpes continuados que ejerció sobre mi cabeza.

Cuatro horas más tarde me llama el juez con dos abogados para relatar cómo testigo mi versión de los hechos.

Recibo una indemnización de noventa euros los cuales doné, lógicamente,  y  la sentencia dictaminó que el agresor no  pudiera  acercarse  a mí durante seis meses en un radio de trecientos metros, si mal no recuerdo.

Por sentencia la  madre recibió una paga de cuatrocientos euros  que otorgan a mujeres maltratadas durante un año y como medida de seguridad al igual que a mí, el agresor no pudiera acercarse a la víctima en un radio  de trecientos metros.

Os estaréis preguntando lo que yo  en su momento ¿Qué hace una madre de fiesta mientras su hija menor de edad está sola en casa teniendo acceso un individuo en este caso  su ex pareja  con antecedentes penales  pudiendo ocurrir una tragedia irreparable?

Lo digo sin anestesia para el lector, esto es un ejemplo de una madre irresponsable donde las obligaciones para ella están un escalafón por debajo al ocio del que en la actualidad hace gala.

Ocho meses más tarde los vi juntos mientras paseaba a mi perro tomando cervezas con sonoras carcajadas y ajenos a lo que sucedió meses atrás.

El padre del agresor de profesión médico el cual conocí el día que estuve declarando en los juzgados murió de un ataque al corazón tres meses después.

En el momento de la agresión el maltratador estaba con la condicional ya que meses atrás ocurrió un suceso similar pegando una brutal paliza a su hermana, rompiéndole, tres costillas ,  paliza  que terminó llevando al agresor a ingresar tres meses en prisión.

La hermana del agresor me pidió llorando que mintiera cuando solicitaran mi testimonio  en la declaración.

Jamás bajo coacción o tramas familiares voy a encubrir a un maltratador.

Nunca busco venganza, solo busco justicia, por tanto no lo dudes  ¡Denuncia!,  ¡Denuncia! y ¡Denuncia!

Con esta desagradable  experiencia lanzamos Julia Martínez y un servidor nuestra campaña contra la violencia machista.

Si no puedes ver el vídeo, picha aquí

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