Miércoles, 18 Octubre, 2017

            

New Order en el Sònar, grandes recuerdos y futuro incierto

Los de Manchester hicieron vibrar y moverse a los miles de espectadores que acudieron | Fatboy Slim enloquece con su set

New Order en el Sònar
David Marín Román


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Tercera y última jornada del festival Sònar en la ciudad Condal, con las fuerzas ya justitas, regulando, administrando bien el tiempo durante toda la tarde y la noche, puesto que se esperaba un día de lo más completo.

El día comenzaba bien pronto por culpa de la hora tan matutina que les han puesto a los dos señores anfitriones como son Guajardo y Salinas o bRUNA + Wooky, las 14:30 del mediodía, lo que nos hacía ya metidos en materia bien pronto. El show de bRUNA y Wooky acompañados por Alba G. Corral una de las artistas visuales más importantes del país, llamaba la atención porque sugería que algo diferente íbamos a presenciar, pero nada más lejos de la realidad. Alba en escena como un músico más, realizando las visuales en directo sobre pantalla enorme detrás y bRUNA a la izquierda con sus cacharritos. Que veamos no han inventado nada nuevo y no es que lo hayan dicho, pero se había anunciado en ámbitos locales a bombo y platillo dicha actuación. Las visuales muy bien, ingeniosas, rocambolescas, pero además bRUNA vio interrumpida su actuación dos veces por problemas técnicos, ante la desesperación del artista y el rescate de Wooky que se reservaba en el banquillo para entrar en el segundo tiempo. Una vez que los dos compartieron escenario todo volvió a la normalidad y fue un final bastante sobresaliente. El set de hoy versaba sobre experimentalismo sonoro, colchones y pads por doquier, ritmos trabados y mucha calidad en los tres artistas que ahí teniamos en escena, un verdadera pena los parones en directo.

Acto seguido en la misma sala roja SonarHall, comenzaba el concierto del joven Yung Lean, nacido en Södermalm, Suecia. Este crio de apenas 20 años, libre de prejuicios y de códigos, nos ha dado una lección de actitud sobre escenario impresionante. Muy intenso, con muchas referencias a los noventa y por supuesto al mundo hip hop, importantes bajos y letras afiladas, han hecho de su show un pasatiempo perfecto para los asistentes, entregados por completo al joven diablillo rapero.

Desplazados al SonarComplex, quedamos estupefactos con la actuación del alemán Alva Noto. En realidad Carsten Nicolai, un investigador sonoro, arquitecto y artista visual. Una figura sin duda de la vanguardia y la investigación electrónica de este siglo. Alva atronó el auditorio con sus ritmos permanentes, contundentes, secuencias analógicas al más puro estilo berlinés que tanto se pusieron de moda en los setenta y que volvemos a revivir. Gran sonido, contundencia y precisión alemanas.

De vuelta al SonarHall, más lleno que de costumbre debido a la lluvia, para ver el concierto del enigmático proyecto Oneohtrix Point Never. Daniel Lopatín es el hombre detrás de este extraño proyecto, un productor de origen ruso que graba para el todo poderoso sello Warp, donde están los mejores, eso ya es un indicativo. Efectivamente lo era, el concierto fue demoledor, nos recordó por momentos al frenesí de Squarepusher, la brillantez de Amon Tobín, con toques de trance en todos su pads de sintetizador y algo de metal en su contundencia y guitarras. Sorprendió a propios y extraños, sin dudarlo la revelación del día y posiblemente del Sònar.

Ya en el Sònar de Noche, nos disponíamos a disfrutar con New Order. Que después de diez años nos presentan disco nuevo, “Music Complete”. Esta es básicamente la razón del retorno de New Order a los escenarios. El concierto con un montaje técnico delicioso y un juego de luces más que excelente abría con Singularity, tema del nuevo disco, de forma que ya dejaban bien claro que venían a presentar su nuevo trabajo. Sonaron Crystal, Restless, Tutti Frutti también de su nuevo álbum y después fueron cayendo uno tras otro los grandes clásicos, Your Silent face, Bizarre Love Triangle, true Faith y después de un largo parón donde incluso la gente llegó a pensar que se había acabado, comenzaron los bises con Blue Monday, el mítico tema y para finalizar con el homenaje a Joy Division con Love Will Tear Us Apart. En resumen, excelente concierto, muy bailable y festivo por todo lo que New Order significa a la música moderna pero encontramos a un Bernard Sumner muy bajo de forma vocal, con constantes salidas de tono que dejaban en evidencia todo el tinglado.

A continuación, tras pasar por el SonarCar para ver los inicios de la macrosesión de Laurent Garnier, recordemos que el francés estará pinchando siete horas, para ver el ambiente generado alrededor del dj estrella francés. Como decíamos, después de comprobar la sesión de Garnier, volvimos al SonarClub para ver a Booka Shade. El duo berlinés, presentaba a nivel mundial su nuevo show “Movement 10”, un espectáculo de grandes dimensiones, con un diseño lumínico de alto nivel tecnológico e imágenes creadas para la ocasión. Arno y Walter han ofrecido un concierto sublime, no obstante fueron escogidos por Depeche Mode para girar con ellos o han remixado a Moby, Hot Chip, Tiga o The Knife, entre otros. Esto indica el nivel en el que se mueven y cuando uno es bueno en lo que hace, se nota. Su sonido es perfecto, sus ritmos enloquecen a la gente y atrapan al personal con sus melodías fáciles de memorizar. Es el clásico y típico grupo que aunque no te guste la música de baile, tras escucharlos en directo y esbozar una sonrisa, cambias de opinión.

Y para finalizar la noche y por ende el festival, “Funk Soul Brother…”, Fatboy Slim, el alias de Norman Cook, ex Th Housemartins, productor de éxito desde los noventa y reciclado a dj especializado amenizador de festivales, conciertos, fiestas, etc… Su set, plagado de sus éxitos como Weapon of Chice, Right Here, Right Now, Rockafeller Skank, Praise You, etc… Nuestro querido Norman parece que después de quitarse de sus adicciones, está viviendo una segunda juventud y se le ve más activo y ligero que antes. Ha sido una bomba el set, el cuerpo humano por naturaleza no puede dejar de sucumbir ante tanta inyección bailable, tanta dosis de bienestar y felicidad y el problema es que esto es contagioso, cuando uno ve a sus vecinos de concierto que no paran de reír y lo pasan bien, tu lo pasas bien y viceversa. Gracias Norman por el buen rollito, que nos ha dejado un buen sabor de boca al final de la 23ª edición del Sònar.

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