Lunes, 24 Julio, 2017

            

N’Diaye echa abajo el ‘cerrojo González’

El centrocampista bético cortó la racha de dos partidos con la puerta a cero de un González que siguió fiel a su idea a pesar de la superioridad numérica

N'Diaye pugna un balón con Rubén Pérez y El-Arabi | Foto: LFP
Daniel Sánchez-Garrido | @Danisgr


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En el minuto 84, la tradicional realidad del Granada CF se volvió a presentar delante de Andrés. O detrás, cuando el arquero nazarí comprobaba que el balón había entrado entre sus tres palos. Alfred N’Diaye, que se suele mover entre trabajos sucios sin compensación mediática, se convirtió ante el Granada en un fino cerrajero de puertas que optaban a ser blindadas. Corrió por todo el área con Babin pegado a su espalda, que intentaba parar un tren de mercancía pesada. No pudo ni agarrándolo con todas sus fuerzas. N’Diaye saltó, y ni siquiera necesitó una llave maestra para abrir el cerrojo de José González, le bastó con una pequeña radiografía y encontrar un centro medido, suave y manso para rematar, procedente de Joaquín. ‘Click’, y Andrés, González y su Granada volvían a encajar un gol tras dos partidos sin hacerlo, un gol que ponía por delante a un Betis en inferioridad numérica desde el principio de la segunda mitad.

El tanto del centrocampista parisino es una anécdota en un partido que bajó a la tierra el esplendor rojiblanco horizontal. Dos victorias seguidas y la posibilidad de iniciar una gran racha contemplaban a los granadinistas. Y llegó el miedo. Ese miedo que aparece cuando al rival le expulsan a un jugador y te obligan por aclamación popular a ir a por el partido, a tirar de ambición y hacer daño con una gran victoria.

La teoría dice eso pero González decidió seguir con su idea, serios atrás, asegurar el punto, y quién sabe si puede caer un gol y llevarse la victoria. En realidad, todo iba según lo pensado por el gaditano, hasta que N’Diaye lo echó todo abajo.

Cuando Vargas emprendía camino hacia la caseta, cualquier aficionado rojiblanco sonreía, y por ello mismo, se ofuscaba a medida que avanzaba el partido. El Granada lo intentó, pero a medias, siempre pendiente de la retaguardia, y a base de balones a un Success que debe engrasar la cadena de su bicicleta. A Peñaranda no se le vio cómodo, desesperado por tener el balón, y apático cuando lo tenía. El venezolano fue el primer de los tres cambios que hizo González. El míster rojiblanco no se fue decidido a por el partido y se quedó sin el aplauso del público. Metió hombres de refresco, posición por posición, sin riesgo alguno, como podría haber intentando metiendo a Edgar en lugar de Rubén Pérez, y moviendo a Rochina al centro.

José González prosiguió fiel a su idea, su personalidad y lo que pretende conseguir de aquí a final de temporada. Seis puntos de nueve no es mala estadística para el andaluz. Ante el Depor y el Sporting le salió bien, y ante el Betis el partido estaba controlado, pero el rival jugó sus cartas, y Merino salió victorioso.

La realidad volvió, sí, pero la realidad es que hasta ese gol de N’Diaye, el Betis había tenido una ocasión de gol en las botas de Jorge Molina, y el Granada, otra, en la testa de David Barral, quién fue protagonista de una subida de adrenalina de Bruno. El defensa bético se sobrepasó en intentar el ‘hombro contra hombro’ en una acción que protestaron los jugadores rojiblancos como penalti. Bruno, sin embargo, pedía amarilla por, según él, piscinazo del delantero gaditano.

El segundo tanto bético, obra de Rubén Castro desde lanzamiento directo a una portería defendida por Biraghi es lo de menos. La expulsión de Andrés fue injusta, pero tampoco tiene trascendencia en el resultado. Antes de eso, todo estaba igualado y iba en dirección de tablas, con la diferencia de que el Betis supo encontrar el gol y el Granada no encontró ni la forma de buscarlo, siendo así como se desniveló la contienda para celebración ‘rosiverde’ y lección rojiblanca.

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