Sábado, 25 Noviembre, 2017

            

“Mi primer colegio fue el del hospital”

El Hospital Materno Infantil tiene, en su octava planta, una aula hospitalaria donde cada año unos 1.000 pacientes continúan con sus estudios escolares

Rita M. Marín @marinruiz_rita //Fotografía y vídeo: Román Callejón


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Nana es de Togo, tiene cinco años y ha estrenado su primer colegio en el Aula Hospitalaria del Materno Infantil. “Aprendió a hablar español en un mes, y su inquietud la ha llevado a convertirse en una de nuestras mejores alumnas. Le encantan las nuevas tecnologías, y se mueve por Internet como pez en el agua“, nos cuenta María José Ortega, responsable de los servicios de ludoteca que el aula presta por la tarde. Nana se marcha hoy de este colegio, a otro nuevo, a otro donde sus compañeros no estén enfermos. Al salir de clase, le preguntamos si le ha gustado estar aquí. “Mucho. Mi seño y los juguetes”. Se va feliz, dicen sus profesores, “con la misma sonrisa, con la que llegó… a pesar de todo”.

En la octava planta del Hospital Materno Infantil se abre un espacio diferente, donde las pruebas médicas y los tratamientos dejan paso a libros, juegos, talleres y cientos de actividades que han convertido este lugar en un lugar especial, ‘el colegio del hospital’. Rosario Gijón y Antonio López son los profesores que se encargan de impartir las asignaturas, de seguir avanzando en el programa curricular de cada alumno, y de ser las personas que los ayudan a sentirse otra vez niños y niñas que van al cole, olvidando por unas horas su faceta de pacientes.

“En este colegio se lleva a cabo un programa compensatorio de la Delegación de Educación, con el que se trata que los niños tengan una estancia normalizada en el aula hospitalaria, porque uno de sus derechos básicos, es el de la educación”, ha explicado Gijón. “Si los pacientes son de corta estancia, solemos ser un vínculo con su colegio de origen para que puedan seguir todo lo que hacen sus compañeros, mientras que si son pacientes con una hospitalización prolongada”, ha comentado Gijón, “nos ponemos en contacto con su centro educativo y sus tutores, y nos mandan todo el programa educativo del año para poder mantenerlo. Lo único que no hacemos es evaluar”. Tanto Gijón como López, aseguran que este trabajo es muy gratificante, “aunque tiene un coste emocional alto, pero desde luego, la recompensa es mucho mayor”.

Este aula hospitalaria está funcionando desde 1988, tal y como lo conocemos ahora, pero antes de esta fecha ya existía la figura del maestro del hospital, que iba a las habitaciones para continuar con el seguimiento curricular del paciente.  “No romper el vínculo con la escuela es fundamental para los niños y niñas hospitalizados. Incluso tenemos un programa educativo especial para los alumnos oncológicos, que por su situación de inmunodeficiencia no pueden salir de sus habitaciones”, nos ha explicado Gijón, mientras vigila como uno de los niños enciende un ordenador, “le gusta pintar con el ratón”.

Más de 1.000 niños suelen pasar, al año, por este aula. “Algunos te dan auténticas lecciones de madurez, porque les ha cambiado la forma de ver el mundo, y así te lo demuestran. Se expresan de forma diferente, son más resolutivos, y sobre todo… valoran de forma muy intensa los buenos momentos”, nos comentan los profesores.

UNA LUDOTECA… DONDE SE APRENDE MUCHO

Por la tarde, el aula hospitalaria deja a un lado los libros, las asignaturas y los exámenes para convertirse en una ludoteca. Talleres, juegos, sesiones de lectura o club de cine son algunas de las actividades que este espacio desarrolla para distraer, y seguir educando, a los niños y niñas.

“La asociación Entrelibros nos ofrece material para realizar todas las semanas una sesión de lectura”, nos explica María José Ortega, responsable de la ludoteca, que también nos cuenta cómo han organizado talleres de broches, pulseras o collage.  “Llevo trabajando 29 años en el hospital, de ellos, los últimos cinco en la ludoteca del aula hospitalaria… es una maravilla, tengo un trabajo precioso”, nos explica Ortega, que asegura que lo más importante es “tratar a los niños con normalidad, porque así ellos se sienten mejor, no hacer distinción por sus enfermedades es lo mejor que podemos hacer”.

Todo el material del aula hospitalaria está cedido por la Fundación La Caixa, que ha ayudado a acondicionar este espacio para hacer de él un lugar realmente entrañable dentro del hospital. “Creo que esta planta es lo mejor del Materno, es una isla dentro de todos los tratamientos y pruebas médicas que se realizan en el hospital”, aseguran los profesores.

Nana se acerca para abrazar a María José. Se marcha tan feliz como llegó, pero mucho más sana. María José siempre se acordará de ella, y lo más probable es que Nana nunca olvide su primer colegio.

 

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