Viernes, 20 Octubre, 2017

            

Más de 350.000 personas tienen un trastorno del lenguaje en España

La lesión más frecuente que produce afasia es la del grupo de accidentes cerebrovasculares

Trastornos del lenguaje derivados.


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En la actualidad se estima que casi 350.000 personas en España tienen afasia, es decir sufren un trastorno expresivo o comprensivo (o ambos) del lenguaje, derivado de una lesión o daño cerebral producido por un ictus, un traumatismo, una enfermedad neurodegenerativa o tumor cerebral.

Esta patología, que celebra este jueves su Día Mundial, varía su severidad y alteraciones dependiendo de la zona cerebral afectada, según explican desde la Unidad Integral de la Voz del Hospital Vithas Nuestra Señora de América (UNIVOZ), cuyo coordinador rehabilitador, Julio Ampuero, recomienda estar atento a estas señales y acudir al médico de Urgencias si se observa alguna de ellas de forma persistente y súbita.

Una afasia puede limitar la capacidad de expresión, que es cuando hay dificultad para encontrar la palabra que se quiere usar, y de compresión, cuando a veces no entiende lo dicen otras personas, además de otros déficit y trastornos asociados.

Las causas más comunes son falta de riego sanguíneo (ictus isquémico) que deriva al infarto cerebral y por hemorragias (ictus hemorrágico). Los síntomas más importantes son la pérdida de fuerza generalizada, sobre todo, alteraciones en el habla con balbuceo y lenguaje inconsistente por la falta de tensión muscular en la cara y en órganos orofaciales que puede ir acompañado por asimetría facial, dolores de cabeza súbitos y muy fuertes con vértigo, inestabilidad y desequilibrio, acorchamiento, hormigueo y falta de sensibilidad en cara y extremidades y, a veces, de pérdida de visión.

La lesión más frecuente que produce afasia es la del grupo de accidentes cerebrovasculares, que comúnmente se entiende por ictus. “Hay que tener en cuenta que el ictus, al igual que otras lesiones cerebrales, no solo afecta al lenguaje sino que puede manifestarse con otros trastornos y alteraciones asociadas como son: los trastornos motores (pérdida de fuerza y movilidad: parálisis o paresia ), trastornos de la percepción y de la propia imagen (problemas en visión, reconocimiento), trastornos de sensibilidad (alteraciones en los sentidos) y trastornos emocionales y psicológicos de la conducta (ansiedad, frustración, depresión, cambios de comportamiento, iniciativa, entre otros) o trastorno en la alimentación (disfagia o incapacidad de comer de forma normalizada) dependiendo de la zona afectada y su desarrollo“.

Por este motivo, “es tan importante la colaboración de distintos especialistas para la recuperación del paciente“, explica Ampuero, quien defiende la importancia de una atención multidisciplinar e integral al paciente.

En nuestra Unidad, desarrollamos un Programa de Rehabilitación Integral, Interdisciplinar e individualizado dependiendo de la lesión y afectación. Desde el momento del diagnóstico realizado por el neurólogo, ponemos en marcha este programa donde se contempla una intervención integral a través de un equipo multidisciplinar (logopedas, fisioterapeutas, otorrinos, nutricionistas, psicólogos, entre otros) con el fin de minimizar las alteraciones y normalizar la vida cotidiana del paciente lo antes posible“, añade.

El tiempo que transcurre desde el ictus hasta el inicio de la rehabilitación también es importante. En la actualidad, la teoría más extendida defiende que se debe comenzar nada más sufrir el ictus de forma intensa y continuada durante un periodo de tiempo coordinado con el neurólogo y dependiendo de la evolución de la lesión.

Si el fin último es la normalización de los pacientes en su entorno social, tenemos que contar con ellos para que entiendan a qué se enfrentan y, en lugar de aislar a la persona, les acompañen en su proceso terapéutico“, destaca.

La función comunicativa representa una de las actividades básicas del cerebro que hace que nos interrelacionemos con nuestro entorno. En la afasia, esta función se ve alterada. Por este motivo, Ampuero, destaca la importancia de hacer partícipes a los familiares en la terapia, con un programa complementario de acompañamiento terapéutico, con objeto de evitar desajustes conductuales y emocionales que afecte una recuperación satisfactoria.

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