Jueves, 16 Agosto, 2018

            

Mary Shelley y Haifaa Al-Mansour

Entradas de cine | Foto: Pixabay
@MenMarias


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No hay nada mejor que ir al cine en verano. Pocos escenarios tan despoblados como este vamos a encontrar en una ciudad como la nuestra cuyas playas se colman de un hambre por el sol y el agua salada a la que algunas nos negamos. Y si la película es de Haifaa Al-Mansour la noche perfecta está asegurada. Casi no se acuerda una del insoportable mes de julio.

Mary Shelley. Pero, insisto, de la mano de una directora legitimada para atender la inmensa labor que supone referirse a Mary Shelley. Principalmente, por ello la película es tan bárbara: dos heroínas adelantadas a su tiempo y a las sociedades que las han visto nacer que, a través del arte, conquistan el arte. Haifaa Al-Mansour es la primera directora de cine de Arabia Saudí, reino más que conocido por su discriminación hacia el sexo femenino. Estrenó La bicicleta verde en 2012 en el Festival de Venecia logrando una nominación en los BAFTA a la mejor película de habla no inglesa. El largometraje fue seleccionado para competir en los Óscar y muchos se refieren a ello como la primera vez que Arabia participa en esta categoría, pero esta afirmación me parece terriblemente injusta. Es Haifaa la única protagonista de este portento, no Arabia. Cuenta la directora que en muchas ocasiones tuvo que rodar desde una caravana con un monitor y un walkie porque no podía salir en compañía de hombres.

Y esta vez nos trae a Mary Shelley. Una artista, y qué artista, que al igual que ella tuvo el mundo en contra por haber nacido mujer. Aunque es conocida por ser la autora de una de las novelas más famosas de la historia, Frankestein (1818), su producción literaria –y su propia biografía– son una labor artística que supera con creces cualquier cliché en que se la pretenda encuadrar.

Mary es hija de la escritora y filósofa feminista Mary Wollstonecraft, que murió a los pocos días de su nacimiento y se consagró como una de las precursoras del feminismo moderno. Su hija adoptó su carácter libre y desobediente al atreverse a mantener una relación con un hombre casado a principios del mismo siglo XIX adhiriéndose, además, a las teorías políticas liberales. Cuando Frankenstein vio la luz por primera vez, tuvo que hacerlo solo, huérfano –y esto, para las fervorosas y los fervorosos del monstruo, es hermosamente irracional– pues no tuvo más remedio que publicarlo bajo el famoso apodo Anónimo.

La relación de Mary Shelley con el monstruo es el mayor logro de Haifaa Al-Mansour en su película. Un vínculo soportado por la culpa, el desamparo, la nada. Ese trance en el que naufraga Mary tras regresar de la residencia de Lord Byron y que tan espectacularmente está captado en el largometraje casi es capaz de ilustrar un hermoso prefacio de esta maravillosa novela. Es el momento en que ambas se fusionan, en que película y libro pasan a ser una misma ficción creada por dos mujeres que, a pesar de todo, nunca se han visto superadas por la realidad. Ellas han conquistado la realidad.

No se pierdan este mundo.

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