Viernes, 15 Diciembre, 2017

            

Martín de nombre

Imagen de archivo de la manifestación del domingo en Granada | Autor: GD
Martín Domingo | @sundaymart


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Desde que, hace unos días, acepté la propuesta de Juan Prieto para entrar a formar parte del plantel de columnistas de este periódico empecé a darle vueltas a la cabeza sobre la mejor forma de comparecer ante mis nuevos lectores.

Se me ocurrió que podía hacerlo a la manera de Camba, presentando mis respetos a la aún desconocida concurrencia, como hizo el genial gallego hace un siglo cuando publicó su primer artículo en ABC. Ya saben: “Me llamo Domingo” y tal. Pero tendría que dar muchas explicaciones: “Domingo de apellido, Martín de nombre”. Además -pensé- yo no soy Camba, ni este diario digital que amablemente me acoge tiene el marchamo aristocrático del diario de los Luca de Tena; así que la cosa podría resultar presuntuosa y hasta algo ridícula.

Mejor empezar atacando un tema de candente actualidad sobre el que proyectar una mirada ingeniosa y singular. La mía.

La actualidad, además, viene cargadita de noticias. Por ejemplo, Fidel Castro, el segundo dictador gallego que muere en la cama y al que Podemos, Izquierda Unida y sus secuaces virtuales le han hecho el homenaje que juzgaban inaceptable hace una semana para Rita Barberá, que fue 24 años alcaldesa de Valencia y ganó por mayoría absoluta cinco elecciones libres y democráticas. Por cierto, mucho ojito con Donald Trump que, sin estar aún al mando de la CIA, ha conseguido en diez días lo que sus jerifaltes estuvieron intentando cuarenta años.

También es noticia Jesús Candel, el Doctor Facebook, según hallazgo de la agudísima Inés Gallastegui, que está haciendo historia, al reunir por tercera vez en mes y medio a decenas de miles de granadinos contra la fusión hospitalaria de Susana Díaz, gracias a esos vídeos diarios en los que nos informa, entre otras cosas, de la evolución de sus diarreas o de los “peíllos” follones e inaplazables que se le escapan en las guardias, porque los voluntarios y ruidosos -según confiesa- se los deja para casa.

O el Black Friday, la última americanada incorporada al acervo patrio, que se celebra el viernes siguiente al día de Acción de Gracias y que no tiene otro objetivo que ayudar a cuadrar los balances anuales de las grandes superficies.

Hasta el rojerío más conspicuo ha sucumbido a la tentación consumista del Viernes Negro. Eso sí, con una actitud vergonzante como la mostrada por la granadina Librería Praga, quien se parapetó en su web detrás de la muerte de Marcos Ana y Leonard Cohen para hacerse perdonar (con más motivos en el caso de Cohen que en el del poeta comunista) el haber caído en las redes del capitalismo asesino, como si fuese una vulgar librería del carrefour en vez de un templo de la cultura alternativa.

Pero, sin duda, la noticia que más me ha impactado por su calado socio-político es la que leí el otro día mientras desayunaba: “El Ayuntamiento de Cádiz enseña a las desempleadas a estimularse el clítoris”. Enhorabuena, gaditanas. Ya era hora de que las paradas de Cádiz utilizaran las manos para algo más que hacerse tirabuzones (con las bombas que tiran los fanfarrones).

Me parece una forma original e imaginativa de fomentar el autoempleo. O la autogestión, por ser más coherentes con el ideario anticapitalista de la rama gaditana de Podemos.

Gracias al alcalde y a su concejal de la Mujer, Ana Camelo, que no tiene un apellido, sino una declaración de intenciones, las paradas de Cádiz no van a parar quietas. Ya me imagino la pancarta de agradecimiento: “Con Kichi, nos tocamos el chichi”. Esto sí que es una reforma laboral estimulante.

Voy a ir terminando, que no quiero cansarles el primer día con mi gacetilla.

Vuelvo a Camba, para cerrar el círculo.

Entrar en un periódico es como entrar en el seno de una familia extraña. Uno no conoce a los lectores y los lectores no lo conocen a uno. Ellos no saben nada de tu humor, de tus manías, de tus creencias. Y claro, te sientes cohibido, como cuando te presentan a tu suegro e ignoras si le caerás bien.

Vengo de sacar la lengua en Ideal, vender crecepelo en un blog y lanzar cuchillos en la Cope. Y ahora llego aquí, para expresar, como Nabokov, opiniones contundentes.

Pero no teman, en el fondo soy un buen chico al que harían mal en tomarse demasiado en serio. Y demasiado en broma.

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