Lunes, 10 de Diciembre de 2018

            

Mantener la calma cuando los demás pierden el control

Imagen ilustrativa
Joan Carles March Cerdà | @joancmarch


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Cualquiera de nosotros puede mantener la calma, incluso si los demás pierden los nervios a nuestro alrededor. Que importante es que ante un estimulo estresante, violento o que no nos gusta o incluso nos irrita, respondamos y no reaccionemos.
Nosotros podemos ser nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo. Saber entender a los demás es tan importante como saber entendernos a nosotros mismos.
La mayoría de nosotros experimentamos algún nivel de estrés a lo largo de nuestra vida. La manera como reaccionamos ante él, positiva o negativamente, puede hacer la diferencia entre ser asertivo o reactivo.
Cuando estamos bajo presión y sentimos que estamos a punto de explotar, lo primero en lo que debemos concentrarnos es en mantener la calma.
Para NO actuar impulsivamente, a modo hombre de Atapuerca o de Orce:
  1. Mantener la calma si alguien te sacó de tus casillas, porque cuando alguien pretenda descargar tu furia en esa persona que te exaspera, o que de tu boca salga un improperio del cual te arrepientas pocos minutos después, es necesario que cuentes hasta diezPuedes además, controlar esos impulsos si logras mantenerte en silencio unos 20 segundos. Si sientes que te resulta imposible no reaccionar, simplemente ponte de pie y corta con la situación, inspirando y espirando profundamente. A veces, la diferencia entre un gran acierto y un gran error son precisamente esos pocos segundos de ruptura. Asegúrate de no reaccionar ni actuar en esos instantes. En la mayoría de las circunstancias, para el momento en el que has llegado hasta el diez, ya tu mente se ha aclarado lo suficiente como para encontrar una mejor forma de ventilar tu punto de vista. De esta manera, te elevas un poco por encima del problema y éste se verá más pequeño y manejable.
Si después de contar hasta diez, aún te sientes con ganas de saltar. Retrocede y abandona el sitio. No ganarías nada actuando impulsivamente, así que date un tiempo más largo para mantener la calma y reevaluar cómo comunicarte. Seguro que para permanecer en calma, es importante cortar de inmediato con el estímulo estresante. La pérdida de control ocurre cuando se presenta un estímulo estresante (lo que nos asusta y/o nos amenaza o también aquello que nos cuestiona, nos pone en entredicho o se opone a nuestros deseos). Si no has cultivado el autocontrol, lo que ocurre con ese tipo de estímulos es que te ponen en una actitud defensiva, que se expresa como agresividad: gritas, gesticulas de manera violenta, empleas lenguaje ofensivo o diseñas un discurso hiriente y amenazante.
Por tanto: Pensar antes de decir. Reflexionar antes de hacer: HONESTIDAD
  1. Si te sientes nervioso o ansioso, lo mejor que puedes hacer es lavarte la cara con agua fría, lo que te ayudará a disminuir tu frecuencia cardíaca. O trata de respirar aire puro. Lo más importante es aprender a respirar correctamente. Aprender a respirar es fundamental para dominar tu propio lenguaje corporal. Concéntrate en la forma en la que respiras, en los latidos de tu corazón. Fíjate si tienes los músculos tensos y estíralos. Sin apenas darte cuenta, estarás cogiendo las riendas de la situación. Si aparece algo que te ofusca o que te irrita, acostúmbrate a pensar en forma automática: “quiero entender las reacciones de mi cuerpo”. Esa frase será una apertura a la auto-observación y, como consecuencia, al autocontrol. Por tanto, enfoca la atención hacia tu propio cuerpo. Activa el “chip” cada vez que te sientas incómodo con algo o alguien. Deja de pensar en esa realidad externa y, en cambio, vuelca tu atención sobre las cómo estás reaccionando fisiológicamente. Las señales vienen de tu cuerpo, es él quién acompaña el estado de ansiedad, e intenta pararlo.
  1. Si te sientes indeciso, realiza un análisis sencillo de costo y beneficio. Pon cada opción en una página, con una línea en el medio. Para cada una, escribe sus pros y sus contras. Para hacer un análisis cuantitativo, asígnale un peso a cada uno del 1 (poco influyente) al 5 (muy influyente).
  1. Si perdiste la inspiración, haz ejercicios aeróbicos. Si tú eres uno de estas personas que explotan casi todo el tiempo y casi por cualquier cosa, necesitas urgentemente introducir una rutina de ejercicio o práctica deportiva en tu vida cotidiana. Está comprobado científicamente que el ejercicio activa la producción de diferentes hormonas que inciden sobre el estado de ánimo. El gasto de energía física también te permite liberar ese exceso de tensión emocional que te mantiene irritado o a punto de explotar. Además, la disciplina que exige la práctica de ejercicio, o de algún deporte, es también una forma de entrenar la capacidad de autocontrol. Pero si te encuentras en esa fase en la que no te gusta nada, sustitúyelo por un paseo diario, a paso rápido. Trata de energizarte, y busca nuevas actividades. Para esta situación, que va más allá de un exceso de impulsividad hacia quienes nos vuelven locos, lo más importante es que recordemos que tenemos el potencial para resolver cualquier problema que se nos atraviese.
  1. Si sientes que te vence el miedola desconfianza o la depresión, haz lo posible por encontrar un espacio que sea verdaderamente tuyo, en el que puedas meditar y silenciar tu mente al menos media hora. Lo que necesitas es confianza en tí mismo y cree que realmente puedes mantener la calma y hacer un cambio en tu vida.
Porque mantener la calma es algo que se aprende. Aunque nuestra dotación genética nos hace más o menos impulsivos, poco a poco vamos aprendiendo que para actuar razonablemente debemos controlar los impulsos. También nos vamos dando cuenta de que si no hay ese autocontrol, terminamos actuando de manera errática y acabamos haciendo o diciendo frases que a la larga nos perjudican.
En realidad, a quien más le sirve el autocontrol es a nosotros mismos. Nos impide desperdiciar energía emocional inútilmente y nos permite ser más asertivos. Por tanto, responde, no reacciones. Escucha, no hables. Piensa, no asumas.
Y ante ello, las 5 habilidades básicas para desarrollar la resistencia emocional son:
1. Gestión emocional. Para responder asertivamente, es imprescindible tener un gran autoconocimiento emocional. Todos/as, ante la adversidad, mostramos reacciones emocionales, el secreto radica en mantener las cosas en perspectiva y evitar el error de centrarnos únicamente en lo negativo. Así seremos capaces de ver la oportunidad en la crisis.
2. Autoconfianza. Las personas que responden y actúan, en vez de reaccionar, suelen tener una gran confianza en sus capacidades y una imagen positiva de sí mismas. Eso les da la fuerza que necesitan para seguir adelante.
3. Sentido del humor. El sentido del humor es un pilar esencial de la resistencia emocional. Las personas resilientes, que toman el control de la situación, son capaces de mantener la sonrisa en medio de la adversidad. Además, suelen tener un sentido del humor inteligente que les permite reírse de ellas mismas. Estas personas son capaces de encontrar lo absurdo o incoherente en las situaciones más negativas, y reírse de ello. De esta manera le restan dramatismo y logran analizar la situación desde un punto de vista más objetivo.
4. Aceptación radical. Las personas resistentes emocionalmente tienen un locus de control interno, lo cual significa que asumen la responsabilidad por sus acciones y ejercen el control sobre sus vidas. Sin embargo, huyen de las actitudes victimistas y son plenamente conscientes de que hay muchas cosas que se escapan de su control. Comprender la diferencia entre lo que pueden controlar y lo que no, les permite enfocar sus recursos de manera más eficaz.
5. Planificación. A veces la adversidad nos bloquea. El impacto emocional es tan grande que nos sentimos abrumados. Y ante ello, la capacidad de planificación nos permitirá hacerle frente a cualquier dificultad y así comprendemos que necesitamos ir dando pequeños pasos que nos conduzcan a la solución.
Por tanto, cuando algo nos sucede siempre nos queda la capacidad de tomar una de estas dos decisiones: reaccionar o responder. Cuando reaccionamos, la mayoría de las veces lo lamentamos porque actuamos impulsados por nuestras emociones normalmente negativas, que más rápidamente que las positivas ejercen la presión. Cuando respondemos, estamos hablando de un esfuerzo intencional en el que nos tomamos tiempo para pensar y elegir una actitud positiva. Manejar las reacciones emocionales significa escoger cómo y cuándo expresar las emociones que sentimos. Las personas que hacen un buen trabajo en el manejo de sus emociones saben que es saludable expresar sus sentimientos, pero importa saber cómo y cuándo expresarlos.
Las personas que reaccionan bien son las que ya tienen desarrolladas algunas de las destrezas básicas de inteligencia emocional. Sin embargo, cualquier persona puede practicar estas destrezas:
Conciencia emocional: ser capaces de darse cuenta e identificar las emociones que sentimos en cualquier momento. Algunas veces, el sólo hecho de poder nombrar la emoción que sentimos nos puede ayudar a sentirnos en mayor control de nuestras emociones.
Entender y aceptar las emociones. Entender las emociones significa saber por qué nos sentimos de una determinada manera.
Y aprender a reaccionar bien requiere práctica. Sin embargo, todos podemos mejorar para tomar con calma las situaciones emocionales y expresar nuestros sentimientos de una manera saludable.
Las personas capaces de hacer grandes cosas también deben ser capaces de soportar los contratiempos. Uno de sus secretos consiste en que no reaccionan ante las circunstancias sino que responden de manera asertiva. La persona que se limita a reaccionar ante lo que ocurre vivirá en una montaña rusa emocional, siempre a merced de las circunstancias. Cuando las cosas van bien estará feliz pero el más mínimo obstáculo la desmoralizará o enfadará. Esa persona no tiene el control de sí. Al contrario, la persona que responde es capaz de regular sus primeros impulsos, reflexionar y luego decidir cuál es la mejor estrategia de alguien que con una gran Inteligencia Emocional, sea consciente de que permitir que las emociones negativas tomen el mando solo sirve para empeorar el estado de las cosas. Respondamos.

Comments

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  1. Estimado Joan C March,

    En estos momentos que “el tiempo nos pisa los talones” en la presión que vivimos, los de la empresa privada por vender más, ser mejores, atingir los indicadores estipulados que “miden” la eficiencia de nuestra cartera de servicios (para no pecar en la obviedad que o vendes más o otro lo hará),
    Y que todavía sigue en boga España un modelo de gestión obsoleto, hierárquico y muy burocrátizado…. SI AGRADECE LEER algo de nivel como es vuestro artículo. Porque aunque pecamos por la creencia de que los años te aporta la experiencia y la flexibilidad en tu entorno ..este tipo de lectura renueva el ALMA y nos permite esa auto reflexión de haber metido la pata una vez (o más ) en nuestra andadura profesional.
    Reciba un cordial saludo