Lunes, 23 Octubre, 2017

            

Lucía y el sexo

La verdad es que si tuvieran que pedirme una crítica sobre este film, diría que nos encontramos ante una película provocadora, caótica y sentimental.

Cineptos Zinescrúpulos | @cineptos


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“- Estoy impresionada, pero no puedo llorar.
– No te preocupes, no tienes por qué llorar. Ya me encargo yo de llorar por él.
– Entonces me mareo.
– Eso es por el mar, que está revuelto.”

Lucía y el Sexo me sorprendió allá sobre los años 2004 o 2005, con las colecciones de cine que el periódico El País ofrecía en la edición del domingo. La película la encontré en casa una tarde y nada mas leer el título supuse que iba ser una historia donde el sexo ocupara gran parte del argumento. Repito, me sorprendió.

Apenas los primeros minutos del film las escenas de sexo no se hacen esperar agradando al espectador… Pero ya han ocurrido cosas. Ya ha comenzado la película con una nota de despedida, con una llamada policial, con la imagen de Lucía caminando sobre una isla. Su director Médem nos avisa: el sexo servirá para conducir una historia en la que el drama, la soledad y un pasado turbio se entremezclarán. Los personajes merodearán entre sus recuerdos y su presente, acabando la mayoría de ellos en un pequeño trozo de tierra.

La verdad es que si tuvieran que pedirme una crítica sobre este film, diría que nos encontramos ante una película provocadora, caótica y sentimental.

Estrenada en el año 2000 de la mano del  director vasco Julio Médem, y tras el éxito cosechado en su anterior trabajo con  Los amantes del círculo Polar,  las críticas no se dejaron esperar. Las hay buenas y malas, pero me van a perdonar; voy a centrarme más en las buenas.

Empecemos por el golpe más duro: vendrá del periodista Carlos Boyero, que en el Diario El Mundo comentaba:

“Una gilipollez seudoromántica, manierista, cargante”

-Sin comentarios-

En fin, como en muchas ocasiones ocurre en el cine español tendrán que llegar desde el extranjero mejores críticas a la obra, y así lo hicieron algunos medios franceses y americanos.

En concreto la crítica americana fue bastante favorable. Bryan Reesman escribía en Request Magazine:

“Es el tipo de película inteligente y reflexiva sobre el sexo y el amor que Hollywood es incapaz de hacer”

La crítica francesa también se mostró constructiva. En la revista Studio se dijo:

“Admirable puesta en imágenes, Lucía y el sexo es la obra de una realizador capaz de filmar la pasión como ningún otro”

Realmente el aliciente del sexo consiguió que la taquilla funcionara de maravilla, la película consiguió más de 5,5 millones de recaudación y 2 premios Goya;  todo un éxito.

Y es que ocurre, que en esta historia el sexo no es más que una excusa para adentrarnos en la psicología de los personajes y vivir junto a ellos sus miedos y preocupaciones. Vamos a encontrarnos un escenario común: una isla, un pedacito de tierra al que poco a poco van a ir llegando Carlos, Elena, Lucía y Lorenzo. Cada uno de ellos tiene un pasado, pero también la intención de huir de ello y tratar de encontrarse consigo mismo.

El problema es que cuando uno huye, también puede tropezarse en su propia huida y  toparse con aquello que evita. Así lo explica el film con la siguiente metáfora:

“Cuando el cuento llega al final no se acaba, sino que se cae por un agujero… y el cuento reaparece en la mitad del cuento. Otra ventaja, y la más grande es que desde ese nuevo lugar se le puede cambiar el rumbo a la historia”

Este nuevo encuentro con lo pasado puede dar lugar a una nueva visión,  a un repensar que nos aporte nuevas soluciones para los problemas aparcados. El reto será tomar la isla como un elemento de perspectiva y también como un elemento renovador. ¿Lo conseguirá cada uno de los personajes?

Adentrémonos ahora en la vida de Lucía, de Lorenzo y de los demás personajes que contribuyen al argumento. No tengáis miedo, prometo no haceros espoiler ¡Ni si quiera rozarlo!

 

Lucía

Lucía trabaja de camarera en un bar y en sus ratos libres lee. Tiene la suerte un día de encontrar un libro que le agarra y no le suelta, que le llega al alma. El autor del libro es Lorenzo y empieza a perseguirlo. Acaba conociendo  su bar preferido, su casa y sus horarios. Una tarde se enfrenta nerviosa a sus miedos y se declara ante Lorenzo en el bar que frecuenta. Y como si fuera todo un cuento, Lorenzo acepta y lo celebran.

Llegarán los días de sexo, de ocio en casa de Lorenzo y de curiosidad por la recién estrenada convivencia. Pero también llegarán los secretos de Lorenzo, sus tristezas y Lucía empezará a ahogarse en una relación difícil.

Entonces, una noche pasará la tragedia. Comienza aquí el viaje de Lucía a la isla.

 

Lorenzo

Lorenzo es un escritor bastante exigente consigo mismo. Después de dos años de falta de producción le pregunta a su amigo Pepe que se está cuestionando si realmente es un escritor.

Lucía aparece en su vida de repente, y sin quererlo se encuentra conviviendo con ella en su hogar. El día de su cumpleaños, su amigo Pepe le recuerda a Lorenzo una vieja aventura que tuvo éste hace ya un tiempo:

“Te he mantenido el secreto. La niña nació hace cuatro años, aquí en Madrid, pero fue concebida en una playa, de una isla, una noche como ésta. Con un desconocido, un madrileño, que celebraba su cumpleaños. Si esto lo escribes bien, puede ser la historia de tu vida y mi regalo de cumpleaños. Tu hija se llama Luna.”

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Lorenzo en su mundo interno

Belén

Belén es la cuidadora de Luna. Es una mujer sensual acostumbrada a ver pornografía, pues su madre Manuela era actriz porno hasta que un cliente, Antonio, la retiró. Ella se masturba viendo las pelis de su madre pues le pone mucho y se lo confiesa a Lorenzo. Éste aprovecha todas las confesiones (incluso que Belén fantasea con el amante de su madre) para escribir una novela e ir más allá de la realidad y la perversión.

 

Elena

Elena es la madre de Luna. Huye a la isla y  monta una casa de huéspedes. Un día recibe a Lucía y surge entre ellas fuertes lazos de amistad.

 

Carlos

Carlos bucea por la isla. También está huyendo de sus días pasados. Conoce a Lucía en el hostal y le dice:

“Es que esto en realidad no es una isla. Es una tapadera, un trozo de tierra que flota. He buceado por debajo de toda la isla. Está totalmente hueca. Hay miles de cuevas, pero nada. No he visto ni un solo trozo de roca que la una al fondo del mar”

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 Lucía buscando a Carlos

En esta historia de amor caótica a lo largo del visionado me dí cuenta de que del personaje de  Lucía no se mostraba apenas nada. Prácticamente se la reduce a pocas conversaciones mientras apoya moralmente a su pareja. En cambio vamos a saber de Lorenzo, de sus trapos sucios, de su inestabilidad, pero…¿Y de Lucía?

Lucía se dedica a combinar su trabajo y a luchar por su pareja, una lucha frustrada que día tras día pierde fuelle ante las constantes depresiones de Lorenzo. Lucía es una mujer sencilla y  transparente, mientras Lorenzo es un armario de secretos cerrados con llave. Ante esta situación, el argumento se trasladará en buena parte hacia la vida secreta de Lorenzo.

Así vemos como la personalidad de Lucía poco a poco se eclipsa ante el drama de convivir con una pareja demasiado exigente consigo misma. Algunos me dirán que pinto al personaje de Lorenzo muy mal, pero es que sus propias obsesiones acaban rápidamente con él y atrapan a Lucía como si de una red de telaraña se tratara.

A Lucía la veremos en la Isla cuando el argumento se vuelca en ella, queriendo aprender a vivir sola y conociendo cada día un poco más a Elena… Y poco más. Podría haber sido una gran oportunidad desde mi punto de vista llenar de contenido y personalidad al personaje de Lucía una vez que se encuentra en la Isla, alejada del mundo que la oprimía. Menos mal que a pesar de la tragedia ella empieza a vivir en paz, sin dar explicaciones a nadie.

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También hay que comentar que los constantes cambios temporales podrán complicarnos el visionado, mareándonos un poco, y puede que el cúmulo de emociones que va tejiendo Médem sobrepase a más de alguno.

Sin embargo, creo que merece la pena ver esta película. Julio se esfuerza por crear un film poético y consigue crear metáforas visuales que acompañadas de la música de Alberto Iglesias, aportan grandes momentos de sensibilidad. Quedan también muy tiernos algunos momentos de la relación padre-hija, relación dotada de un halo lírico e inocente.

Sobra decir que la interpretación de los actores roza la excelencia, fruto de un trabajo que no fue fácil de rodar.

Un artículo de Cineptos Zinescrúpulos escrito por Mario Blázquez

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