Viernes, 26 Mayo, 2017

Los escalofríos pueden convertir la grasa blanca en marrón

El endocrinólogo Paul Lee, del Instituto Garvan de Investigación Médica de Sydney, Australia, realizó este estudio de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) en Washington, Estados Unidos.

E.P


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Un nuevo estudio publicado en ‘Cell Metabolism’ sugiere que los escalofríos y el ejercicio moderado son igualmente capaces de estimular la conversión de la “grasa blanca” de almacenamiento de energía en “grasa marrón” de quema de energía. Alrededor de 50 gramos de grasa blanca almacena más de 300 kilocalorías de energía y la misma cantidad de grasa marrón podría quemar hasta 300 kilocalorías al día.

El endocrinólogo Paul Lee, del Instituto Garvan de Investigación Médica de Sydney, Australia, realizó este estudio de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) en Washington, Estados Unidos. Su trabajo descubrió una manera en la que la grasa y el músculo se comunican entre sí a través de hormonas específicas, convirtiendo las células de grasa blanca en células de grasa marrón para protegernos del frío.

Lee demostró que durante la exposición al frío y el ejercicio los niveles de la hormona irisina (producida por el músculo) y FGF21 (producida por la grasa marrón) aumentaron. En concreto, entre 10 y 15 minutos de escalofríos resultaron en aumentos equivalentes en irisina que una hora de ejercicio moderado. En el laboratorio, irisina y FGF21 convierten células de grasa blanca humanas en células de grasa marrón en un período de seis días.

Todos nacemos con suministro de grasa marrón alrededor del cuello, la manera natural de ayudar a mantenernos calientes cuando somos bebés. Hasta hace pocos años, se pensaba que desaparecía en la primera infancia, pero ahora se sabe que la grasa marrón está presente en la mayoría, si no todos, los adultos. Los adultos que tienen más grasa parda son más delgados que los que no la tienen.

“La transformación de grasa blanca en marrón podría proteger a los animales contra la diabetes, la obesidad y el hígado graso. Los niveles de glucosa son más bajos en los seres humanos con más grasa marrón”, señala Lee. En su estudio, este experto se propuso comprender el mecanismo subyacente a la activación de la grasa parda, porque, aunque se sabía que las temperaturas frías estimulan la grasa marrón, no estaba claro cómo el cuerpo envía las señales de ese mensaje a sus células.

El cuerpo puede sentir y transmitir los cambios ambientales a los diferentes órganos a través de los nervios y las hormonas y, como endocrinólogo, Lee investigó las hormonas que son estimuladas por los ambientes fríos. “Cuando tenemos frío, lo primero que activamos es nuestra grasa parda porque quema energía y libera calor para protegernos. Cuando esa energía es insuficiente, el músculo se contrae mecánicamente, lo que son los escalofríos, generando así calor. Pero no sabíamos cómo el músculo y la grasa se comunican en este proceso”, señala.

“Así que expusimos a voluntarios a incrementos de frío, de 18 a 12 grados, hasta que se temblaron. Les sacamos muestras de sangre para medir los niveles de hormonas y detectamos los escalofríos por los dispositivos especiales colocados en la piel que detectan la actividad eléctrica del músculo”, explica. “Los voluntarios comenzaron a temblar en alrededor de 16 o 14 grados, con variaciones entre los individuos”, agrega.

“Identificamos dos hormonas que son estimuladas por el frío, irisina y FGF21, liberadas por el temblor del músculo y la grasa marrón respectivamente. Estas hormonas encendieron la tasa de quema de energía de las células de grasa blancas humanas en el laboratorio y las células de grasa tratadas comenzaron a emitir calor, una característica de la función de la grasa parda”, relata.

Lee invitó a los participantes del estudio a realizar pruebas de esfuerzo para comparar los dos procesos. “Hemos encontrado que el ejercicio durante una hora en una bicicleta en un nivel moderado produce la misma cantidad de irisina que tiritar durante 10-15 minutos -resume–. Especulamos con que el ejercicio podría imitar el temblor porque hay una contracción muscular durante ambos procesos y que irisina estimulada por el ejercicio podría haber evolucionado a partir de los temblores por el frío”.

“Desde un punto de vista clínico, irisina y FGF21 representan un sistema hormonal de estimulación por frío que antes se desconocía y que puede aprovecharse en futuras terapias para la obesidad a través de la activación de la grasa parda”, concluye.

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