Jueves, 15 de Noviembre de 2018

            

Loquillo, cuando el rock and roll conquista el corazón | Galería

Casi cuatro mil personas incondicionales disfrutan en el Palacio de Deportes de Granada con la gira que conmemora el 40 aniversario del catalán sobre los escenarios

Loquillo durante el concierto de anoche en el Palacio de los Deportes | Foto: Antonio L. Juárez
Juan Prieto | @juanprieto10


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Fue el mítico Epi, con el que coincidió jugando al baloncesto en categorías inferiores, quien bautizó a José María Sanz con el apodo que, aunque sin saberlo entonces, ha pasado a la historia de la música española. Hace tanto tiempo de aquello… Tanto que Loquillo ya celebra 40 años sobre los escenarios haciendo lo que sabe, lo que le gusta y lo que quiere para ser feliz: rock and roll. Y lo disfruta con una actitud intachable y con una calidad escénica y sonora que dignifican esos años ochenta que tanto se reivindica desde el punto de vista musical, cultural, social y hasta político. De ahí que el nombre de la gira con la que recorre España para un aniversario tan especial sea Rock and Roll Actitud, tema que le sirvió anoche en el Palacio de Deportes de Granada -ciudad a la que le une una conexión especial y un disco en directo- para abrir su actuación y dejar claro a esos casi 4.000 incondicionales, que decidieron embarcarse en un DeLorean para  viajar en el tiempo hasta los 80, su declaración de intenciones para la noche: “…no olvides, no traiciones lo que siempre te ha hecho vivir; no olvides, no traiciones lo que llevas muy dentro de ti; porque no muere jamás tu rock and roll actitud”.

Su inconfundible e insolente personalidad, sus poses, sus bailes, sus gestos, sus miradas, sus diferentes sonrisas y hasta su complicidad con el pie de micro a la hora de moverlo a su antojo, reflejan al Loquillo de siempre, al del rock más genuino, al del garaje, al rockabilly, al de las baladas, al auténtico, al más comercial y, también, al que es incapaz de dirigir más de cuatro palabras a su público. Y lo hace acompañado con una gran banda, con la que armoniza a la perfección y a la que hace brillar como a él mismo. También ayuda la puesta en escena, los efectos, las luces, las proyecciones… Y, por supuesto, sus temas. Mezcló y dosificó ‘los de toda la vida’, los que la gente corea como si fueran suyos, los que hacen real la manida frase de que forman parte de la banda sonora de nuestra vida y ya son himnos generacionales, con otros menos conocidos, más recientes y que, incluso, sirvieron a los asistentes de descanso para no tener que estar más de dos horas y media sin parar de corear estrofas completas o los estribillos más populares.   

Loquillo no podía defraudar en una celebración tan especial. Por su viaje de recuerdos de esos 40 años de imágenes y muchos éxitos, con altibajos -aunque siempre en pie y nunca de rodillas- exhibió lo mejor de su repertorio, sin faltar ninguna de las canciones que todos esperaban, algunas mejoradas: Cuando fuimos los mejores, Esto no es Hawai, Rey del glam, Rock and roll star, El Ritmo del garaje, Quiero un camión, Feo, fuerte y formal, El rompeolas… Emoción a raudales que tuvo su punto más álgido y memorable con un Cadillac solitario desgarrador y emotivo que sirvió como rúbrica a un concierto que no tuvo bises. El respetable entendió que ya se había dado todo por parte de unos y otros, y que bastaba con haber recordado que un día fuimos los mejores para comprobar que, tras abandonar el recinto, aún se podían encontrar bares abiertos.

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