Domingo, 22 Abril, 2018

            

Literatura y Segunda Guerra Mundial

Imagen ilustrativa | Fuente: Pixabay
Men Marías | @MenMarias


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No pienso en la miseria, sino en la belleza que aún permanece (Diario de Ana Frank)

 

Si hay un tema explotado por la literatura y el cine es la Segunda Guerra Mundial. Especialmente, lo relativo a la cuestión nazi y el Holocausto. Supongo que tiene sentido puesto que quizás sea el mayor relato de terror que ha conocido la historia del ser humano y en todos existe una pugna entre el miedo y la repulsión que nos generan determinados asuntos con la necesidad de saber más de ellos. Una necesidad que tiene algo de ansiedad. De sed. De adictivo. Casi de superstición. Así, las películas y libros que pueden encontrarse al respecto son casi infinitos y hemos llegado a conocer bastante bien cómo eran los días de los prisioneros en los campos de concentración, por ejemplo. Sabemos bastante de los experimentos que los nazis, obsesionados con la inmortalidad, llevaban a cabo en los presos (aunque pondría la mano en el fuego porque ese “bastante” no es ni la mitad de la mitad). Son muy conocidos, por ejemplo, los de Aribet Heim, el Doctor Muerte, que ¡sorpresa! Se refugió en España en un chalecito majísimo de Alicante para escapar de la justicia y ¡sorpresa! Ni la policía de Felipe González ni la de Aznar hicieron nada al respecto salvo dejarle que siguiera tomando el sol como cualquier alemán jubilado en calcetines blancos y sandalias. Conocemos bastante bien a Hitler, ello así porque su cerebro, que era algo parecido a una pesadilla, fue el escenario en el que se desarrolló el mundo durante los, quizás, doce años más largos de la historia. Ese cerebro, que es el único zeitgeist de la época ya que las “obras” de Gobineau o Houston Stewart Chamberlain, por citar algo de estiérol, no son más que servilismos y apocamientos al dictador, está plasmado en cientos y cientos de títulos hasta un punto que, personalmente, me empieza a parecer aburrido porque la originalidad se ha acabado (ya se acabó antes de El niño con el pijama de rayas, libro por el cual John Boyne me debe cuatro días de vida y unos quince euros). Todo ello salvando la excepción, por supuesto y por justicia, del grandísimo Tarantino y su grandísima obra maestra Malditos Bastardos que es casi la única película que me interesa sobre esta época. Por favor, si no la han visto, véanla cien veces.

Sin embargo, ¿qué sabemos de lo que pasó después? Porque algo tuvo que pasar después, ¿verdad? No todos los asesinos del Tercer Reich hacían cola para ser juzgados en Núremberg, muchos de ellos, demasiados, escaparon. Hace unos años empezó a tratarse qué sucedió con ellos y empezamos así a oír hablar de grupos de “cazadores de nazis”. Estas organizaciones, que se dedicaban/dedican a lo que su propio nombre indica, en muchos casos eran secretas, razón por la cual no se sabía mucho de ellas. Además, sus métodos han sido muy cuestionados puesto que la vocación de justicia y la vocación de venganza se confunden a menudo entre sus miembros. No obstante, han traído algo de “frescura” a la atención, desde mi punto de vista, excesiva que se le presta a esta etapa de la historia contando, al menos, algo nuevo ya que, insisto, salvando a Tarantino, toda la literatura y el cine que hablan de la SGM y el nacionalsocialismo es igual. Y cuando uno lee cien veces  lo mismo no está leyendo, está estudiando.

Comentaré a continuación algunos títulos que he descubierto al respecto y me parecen geniales.

Cazadores de nazis, de Andrew Nagorski, ha sido uno de los libros que más nerviosa me ha puesto últimamente. No crean que es tan sencillo encontrar algo con lo que una se emocione de verdad sin recurrir a los escritores de cabecera que no fallan nunca. No había leído nada de este autor pero, desde luego, como el resto de sus obras sean como esta (estoy en el proceso de comprobación) se va a ganar un serio puesto entre mis autores predilectos. Nagorski comienza con verdades, desnudando a los cazadores de su condición de ídolos. Los presenta como personas que no se llevan bien entre ellas, auténticos rivales, asunto que me sorprendió muchísimo. Después he leído bastantes críticas según las cuales no debería de haberlo hecho ya que desprestigia la caza de nazis en su conjunto. No puedo estar de acuerdo, y animo a los que asestan estas dagas a, en primer lugar, apostar siempre por la verdad y no tanto por el maquillaje y, en segundo, a ser capaces de separar lo “laboral” de lo personal. Pone a Kurt Waldheim en su sitio, cosa que me da muchísima paz. Kurt Waldheim fue un nazi, desde la ene hasta la i, que tras la guerra lo intentó ocultar. Y parece que lo consiguió ya que llegó a ser secretario general de las Naciones Unidas (1972-1981) así como presidente federal de Austria (1986-1992) por el Partido Popular Austríaco. Celebro muchísimo que se ponga a este oportunista en su lugar, aunque sea tarde. Para no extenderme demasiado, esta fabulosa obra desmonta el mito de los comandos vengadores de judíos que ejecutaban nazis. Si bien se dio algún caso, fueron aislados: los cazadores hacían prisioneros para presentarlos ante la justicia, no se la tomaban por su propia mano. No dejen pasar la oportunidad de leer esta obra puesto que es demoledora.

Cazadores de nazis, con el mismo título que el anterior pero esta vez de Damien Lewis, cuenta una historia escalofriante casi al término del Holocausto en la que sesenta agentes del Special Air Service, bajo la protección de Churchill, se enfrentan a las últimas defensas del Tercer Reich. Esta historia revela como la CIA encubrió a decenas de criminales nazis con el objetivo de ganar la Guerra Fría de la mano de von Gehlen (jefe de espionaje militar de Hitler). No les cuento más para no hacer spoiler, pero cada vez hay menos secretos ocultos, esos secretos que, en la sombra, son los que han dirigido la historia y afortunadamente están saliendo a la luz.

Por último, hay una novela de Clara Sánchez, Lo que esconde tu nombre, fabulosa como todo lo que escribe Clara Sánchez, que ha admitido una segunda parte publicada recientemente: Cuando llega la luz. Si bien son muy distintas de las dos que he mencionado anteriormente, puesto que son narrativa y sostienen diferentes tramas (amor, amistad, maternidad…) han conseguido algo que, bajo mi punto de vista, era muy necesario en este país: recordar a algunos y descubrir a otros que España ha dado refugio a numerosos nazis huídos de la justicia. Y esto es algo que a algunos les parece de lo más surrealista, de hecho, recuerdo una vez en la que traté el tema con un conocido que me recomendó “informarme más” al respecto puesto que eso no podía ser, ¿cómo iba a haber nazis en España? ¿Nazis de esos que mataban judíos en cámaras de gas? Imposible. Pues sí. Los hubo. Quizás los haya aún. De hecho, con nombres y apellidos. Como decía al empezar la columna, Aribet Heim se refugió en Alicante y Wolfgang Jugler paseó durante bastantes años a su perrita Tiffany’s por Marbella. Y nadie hizo nada. Nada. Yo me pregunto qué tenía tan ocupados a los miembros de la Audiencia Nacional por aquel entonces, en especial a Eduardo Fungairiño, que quizás estaba demasiado entretenido oyendo cantar a su sobrina Ana Torroja como para permitir al Carnicero de Mauthausen pasearse con la sombrilla en las manos por Denia. Unas manos que mataron a cientos y cientos de personas. Les recomiendo estas dos novelas en las que uno de sus protagonistas es un octogenario perteneciente a una de estas organizaciones.

Les recomiendo en general la lectura que trate esta cuestión pues, si bien conocemos hasta el extremo todo lo relativo a la Segunda Guerra Mundial (todo lo que la historia quiere que sepamos, claro), las consecuencias de esta en lo que respecta a los millones de asesinos que participaron del nazismo nos son muy desconocidas. Y, afortunadamente, no todos se fueron de rositas.

Comments

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  1. Estaban ocupados con ETA, bonita, que bastante hemos tenido con lo nuestro como para encima hacerle el trabajo sucio a Alemania. Que se hubiesen encargado ellos, era su lucha, no la nuestra, nosotros teníamos una mucho más real.

    • Ana, con ETA hicieron más bien poco, pero, aunque hubiese sido así, lo que no es normal es que esta gentuza estuviese en España huyendo de la justicia, todo el mundo lo supiera (de hecho, lo denunció El País) y nadie hiciera nada. Y no era solo trabajo de Alemania, ese trabajo es de todos.

  2. Sin duda, un tema muy explotado por el cine y por la literatura pero no por ello menos interesante.

    Hace no mucho leí una de las nouvelles de Stefan Zweig que me pareció fascinante.

    A cualquier que le interese el tema le recomiendo su lectura (2-3 horas), el titulo es:

    “Novela de Ajedrez”

    Me pareció una obra maestra.

    Saludos!!

  3. “Los pacientes del Dr.García”, la última novela de Almudena Grandes, me pareció una novela muy trabajada y exhaustiva, a propósito de este tema.