Martes, 24 enero, 2017

Las vacaciones en paz de los niños saharauis en Granada

Como cada verano, niños saharauis viajan desde los campamentos donde viven, del "desierto en el desierto", a pasar las vacaciones en familias españolas de acogida

Más de mil niños saharaui se espera que lleguen a Andalucía este verano


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Si hay alguien que en estas fechas tenga en su cabeza la hoja del calendario del mes de junio, es un niño. Cuentan los días para que finalice el mes y comiencen las vacaciones, aquellos añorados dos meses de solaz y juegos sin fin, de niñez en estado puro. Pero hay un lugar de África, en el Sáhara, donde hay niños que cuentan los días con un anhelo añadido, el de vivir durante dos meses en paz, alejados de la cruda realidad que soporta su pueblo, el pueblo saharaui.

Alrededor de 130 niños -algo más de 1100 en toda Andalucía- visitarán de nuevo Granada dentro del programa de acogida’Vacaciones en paz’, que la Asociación de Amigos del Sáhara pone en marcha cada verano. Una iniciativa para extraer a niños de entre 8 y 12 años de una forma de vida hostil, en la que el asfixiante calor, -con picos de 57ºC- “que sólo ellos son capaces de soportar”, es sólo una de las circunstancias adversas. Niños que vivirán con familias españolas y compartirán vacaciones y vivencias con niños de este lado de la realidad.

LA REALIDAD DEL PUEBLO SAHARAUI

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Gonzalo y Pilar charlan con Granada Digital en la sede de la asociación

Gonzalo Herrera, médico de urgencias de profesión, es el presidente de la Asociación Granadina de Amistad con la R.A.S.D.  y coordinador andaluz del programa de ‘Vacaciones en paz’. Este es el “programa estandarte” de los que realiza la asociación, no sólo por su carácter solidario, sino también por su vertiente política “porque la mejor forma de visibilizar el conflicto saharaui es a través de los niños saharauis”.

Las comisiones sanitarias, el segundo de los proyectos, son fundamentales por cuanto contribuyen a paliar el déficit en asistencia sanitaria de la población. Se realizan tres en primavera y otras tres en otoño, evitando el infierno de los meses del estío. Las comisiones son de tres tipos: médicas, quirúrgicas y técnicas. Estas últimas especialmente importantes, al estar dedicadas a posibilitar la estructura y logística que permite la atención médica, como recientemente rehabilitaran un hospital “en mitad de la nada”. En tercer lugar, las Caravanas por la paz, marchas solidarias en las que se envían alimentos no perecederos “para paliar la hambruna”.

Gonzalo visita a menudo la zona y nos habla de una realidad silente, encerrada “en una campana de vacío” y de la cual los granadinos, “y no sólo los granadinos”, tienen un “total desconocimiento”, en la cual “la represión por parte del Reino de Marruecos es una actividad cotidiana”.

El programa se financia “en su mayor parte, que no en su totalidad” por la Diputación de Granada, que aporta 50.000 € cada año. Dinero que sirve para pagar el billete de avión y demás desplazamientos, unos 700 euros por niño. Puntualmente colaboran otros ayuntamientos de pequeños pueblos y, especialmente en el caso de las comisiones sanitarias, el SAE.

El Servicio Andaluz de Salud concede permisos con sueldo a los facultativos que prestan asistencia allí, aparte de fungibles y medicamentos, que suponen una cantidad económica importante. Igualmente, y aunque los niños que vienen a España durante las vacaciones están sanos en su mayoría, cada verano pueden realizarse en Andalucía del orden de 10 a 20 intervenciones quirúrgicas.

NIÑOS SIN NADA, NIÑOS MÁS LIBRES

Los niños que Gonzalo ha observado en los campamentos saharauis son “niños felices, quizá más felices que los de aquí”, y hace un inciso para explicar que su felicidad no está mediatizada por la posesión material. Niños que juegan descalzos en el desierto pedregoso, en “el desierto dentro del desierto” con apenas nada, “que viven con más libertad que los niños de aquí” y que para jugar “solo necesitan de su imaginación”.

Pilar es madre granadina de un hijo de 19 años y desde hace tres años acoge a uno de estos niños. Este es el último año, cuando “mi niño, mi encanto” cumple doce años, la edad límite marcada por el Ministerio de la Juventud saharaui. Los criterios que este Ministerio tiene en cuenta para otorgar una plaza son variados. Priman los académicos, también los económicos, Gonzalo cuenta que quizá se abra la horquilla de edad admitida, pero en todo caso se pretende que sea el mayor número de niños los que puedan tener acceso a esta experiencia.

ACOGER “NO ES TAN DÍFÍCIL”

Pilar, aunque animada por una amiga que ya acogía, se decidió a acoger desde “la necesidad de hacer algo y de ayudar”. Veía a su barrio a “estos niños, de los que desconocía toda la historia”. La adaptación, a pesar de las diferencias culturales, fue “muy sencilla”. Esta madre destaca que “son niños muy respetuosos con los adultos, con unos valores muy marcados” y que “siempre están dispuestos a ayudar.

La estancia es temporal, pasajera y sin embargo “allí cuentan los días por venir a España, y aquí cuentan los días por volver a ver a su gente”. Durante el verano, entre otras actividades, los niños van a las colonias.

A Pilar se le ve feliz con su experiencia porque “te dan mucho” y anima a la gente porque “no es tan difícil”. Toda persona interesada en acoger debe dirigirse a la asociación Sáhara Granada http://www.saharagranada.com/, o llamando al 958405806.

Le pregunto a Pilar cuándo viene “su encanto” y me contesta con cierta excitación que “el 27, esperemos”. Ella también deshoja en su cabeza este largo mes de junio.

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