Domingo, 17 Diciembre, 2017

            

Las personas que son perfeccionistas en su trabajo tienen más riesgo de depresión

Aunque la población suele ver el perfeccionismo como algo positivo y digno de admiración, en el ámbito laboral suele acabar derivando en problemas de salud

Imagen ilustrativa
E.P.


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Las personas que son perfeccionistas en su trabajo tienen un nivel elevado de ansiedad y frustración que además es constante ya que “se convierten en esclavos de querer obtener un resultado que no existe”, lo que aumenta su riesgo de sufrir una depresión, según ha reconocido la psicoterapeuta Marisa Navarro, que acabar de publicar el libro ‘La medicina emocional’.

Aunque la población suele ver el perfeccionismo como algo positivo y digno de admiración, como síntoma de una persona trabajadora, minuciosa, detallista y con altos niveles de exigencia, en el ámbito laboral suele acabar derivando en problemas de salud.

“En lo que al trabajo se refiere, es un entorno, en el que ya se tiene un alto nivel de estrés y en el que pasamos muchas horas al día. El perfeccionismo nunca se sacia”, ha destacado esta experta, que en su libro detalla los problemas más comunes a los que estas personas se enfrentan en su entorno laboral.

En este sentido, esta experta reconoce que las personas perfeccionistas en el trabajo se hunden con facilidad cuando las cosas no salen como esperaban. Esto además, suele ser muy a menudo, porque nunca el resultado estará a su nivel de exigencia y siempre les quedará la duda de si podrían haber hecho algo más.

Por ello tienden a exagerar y a encadenar unos pensamientos negativos con otros, que les generan mucha ansiedad y les desvían de intentar buscar soluciones.

Además, el exigirse demasiado se acaba convirtiendo en una especie de automaltrato, ya que “piensan que si las cosas no han salido todo lo bien que se esperaba, ellos son los únicos responsables” y no tienen en cuenta que todo depende de muchos factores o de que hay circunstancias ajenas, que a veces no se pueden controlar.

DAÑOS COLATERALES EN OTROS COMPAÑEROS

“Cuando una persona se exige demasiado, también lo hace con los demás, y por ello pueden volverse totalmente insoportables, para las personas que les rodean, convirtiéndose en compañeros o jefes tóxicos”, según Navarro.

En este sentido, estas personas suelen compararse constantentemente con otros compañeros y suelen estar pendientes de cómo lo están haciendo los demás. Asimismo, suelen darle mucha importancia a la opinión que otros tengan de ellos, lo que se traduce en una baja autoestima y en un automaltrato psicológico en el que llegan a ser muy crueles.

“Quieren controlarlo todo. No confían en nadie, y por ello les cuesta mucho delegar, pues piensan que sólo si ellos son los responsables de algo, el resultado será el que esperan”, ha destacado.

De igual modo, tienen fobia a cometer errores, según ha reconocido Navarro, un miedo al fracaso que en muchas ocasiones les lleva a no querer iniciar un proyecto o a abandonarlo al primer obstáculo que se les presente o si sospechan que se va a producir un error.

Y tampoco disfrutan con sus éxitos, por lo que cuando consiguen algo seguramente le quitarán el mérito, no lo disfrutarán o lo harán durante muy poco tiempo y sin sentirse agradecidos por ello, porque están “constantemente buscando otras metas o poniendo su atención en otras acciones para seguir intentando conseguir que sean perfectas”.

CONSEJOS PARA DEJAR DE SERLO

Esta psicoterapeuta ha reconocido que dejar de ser perfeccionista no es fácil, al igual que no lo es abandonar cualquier otra costumbre, que puede llegar a ser una verdadera adicción. “Pero todos tenemos que saber que el verdadero éxito está en esforzarse y hacerlo lo mejor posible, y si se cometen errores, y las cosas no salen como hubiéramos deseado, aprender, seguir adelante y crecer con ello”, según esta experta.

“Si estamos afectados de perfeccionismo, primero hay que preguntarse de dónde viene esa necesidad”, ha explicado Navarro, para luego adoptar la excelencia, que consiste en dar lo mejor de uno mismo y hacer las cosas lo mejor que se pueda “sin obsesionarse con el resultado, y disfrutando del camino”.

En ese sentido, es necesario que estas personas asuman que no se puede trabajar de igual forma o con la misma calidad a primera hora de la mañana que a última hora de la tarde, y después de estar todo el día delante del ordenador. “Pero si en cada momento está dando lo mejor que tiene, su trabajo será excelente”, ha concluido.

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