Sábado, 21 Octubre, 2017

            

Las personas generosas son más felices, según una nueva investigación

Los investigadores encontraron que las personas que se comportaron generosamente fueron más felices que aquellos que se comportaron de manera más egoísta

Foto: Pixabay
EP


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La generosidad hace a la gente más feliz, incluso si son sólo un poco generosos. Al mismo tiempo, las personas que actúan únicamente por su propio interés son menos felices. De hecho, el simple hecho de prometer ser más generoso es suficiente para provocar un cambio en nuestro cerebro que nos hace más felices, según una investigación realizada por neuroeconomistas de la Universidad de Zurich (Suiza).

Muchas personas lo tenía claro desde siempre mientras para otros es díficil de creer pero una investigación realizada por los profesores
Philippe Tobler y Ernst Fehr del Departamento de Economía de la Universidad de Zurich, junto con colegas internacionales, han demostrado que quienes están preocupados por el bienestar de quienes les rodean son más felices que aquellos que se centran sólo en su propio progreso.

Hacer algo amable para otra persona da a mucha gente una agradable sensación de que los economistas conductuales llaman ‘warm glow’, algo así como ‘brillo cálido’. Tobler y Fehr investigaron cómo las áreas cerebrales se comunican para producir este sentimiento. Los resultados proporcionan una visión de la interacción entre el altruismo y la felicidad.

“NO HACE FALTA SER UN MÁRTIR SACRIFICADO”

En sus experimentos, los investigadores encontraron que las personas que se comportaron generosamente fueron más felices que aquellos que se comportaron de manera más egoísta. Sin embargo, la generosidad no influyó en el aumento de la satisfacción. “No necesitas ser un mártir sacrificado para sentirte más feliz, basta ser un poco más generoso”, puntualiza Philippe Tobler.

Antes de que comenzara el experimento, algunos de los participantes del estudio se habían comprometido verbalmente a comportarse generosamente con otras personas. Este grupo estaba dispuesto a aceptar mayores costos para hacer algo agradable para otra persona. También se consideraban más felices después de su comportamiento generoso (pero no de antemano) que el grupo de control, que se había comprometido a comportarse generosamente hacia sí mismos.

Mientras los participantes del estudio tomaban la decisión de comportarse o no con generosidad, los investigadores examinaron la actividad en tres áreas cerebrales de los participantes: la unión temporoparietal (donde se procesan el comportamiento prosocial y la generosidad), el estriado ventral (asociado con la felicidad) y la corteza orbitofrontal (donde se sopesan los pros y los contras durante los procesos de toma de decisiones). Estas tres áreas del cerebro interactuaron de manera diferente, dependiendo de si los participantes del estudio se habían comprometido con la generosidad o el egoísmo.

Simplemente comprometerse con comportarse generosamente activaba el área altruista del cerebro e intensificó la interacción entre esta área y el área asociada con la felicidad. “Es notable que la mera intención ya genera un cambio neural antes de que la acción se realice realmente”, se admita Tobler.

“Comprometerse con comportarse generosamente podría ser utilizado como una estrategia para reforzar el comportamiento deseado, por un lado, y sentirse más feliz, por el otro”, dice Tobler. Su co-autor Soyoung Park añade: “Todavía hay algunas preguntas abiertas, tales como: ¿Se puede entrenar y fortalecer la comunicación entre estas regiones cerebrales?, si es así, ¿cómo?, ¿y el efecto dura cuando se usa deliberadamente, es decir, si una persona sólo se comporta generosamente para sentirse más feliz?”.

Al comienzo del experimento, a los 50 participantes se les prometió una suma de dinero que recibirían en siguientes semanas y que se suponía que debían gastar. La mitad de los participantes del estudio se comprometieron a gastar el dinero en alguien que conocían (grupo experimental sobre el compromiso de generosidad), mientras que la otra mitad se comprometió a gastar el dinero en sí mismos (grupo de control).

Posteriormente, todos los participantes del estudio tomaron una serie de decisiones relativas a un comportamiento generoso, es decir, si dar a alguien cercano un regalo de dinero. El tamaño de la donación y el costo de la misma variaban: podría, por ejemplo, dar a la otra persona cinco francos con un coste de dos francos. O dar veinte francos a un costo de quince.

Mientras los participantes del estudio tomaban estas decisiones, los investigadores midieron la actividad en las tres áreas del cerebro citadas y se les preguntó sobre su felicidad antes y después del experimento.

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