Lunes, 23 Julio, 2018

            

Las personas con bajos ingresos y poblaciones minoritarias padecen un mayor estrés que afecta a la esperanza de vida

Se estima que las enfermedades y lesiones relacionadas con el estrés cuestan a Estados Unidos más de 300.000 millones anuales por accidentes, absentismo o rotación de empleados

Imagen ilustrativa | Fuente: Pixabay
EP


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Las personas con bajos ingresos y las poblaciones minoritarias raciales/étnicas experimentan mayores niveles de estrés que las personas blancas más adinerados, lo que puede generar importantes disparidades en la salud mental y física que finalmente afectan a la esperanza de vida, según un informe del Asociación Americana de Psicología (APA).

“La buena salud no está distribuida equitativamente. El estatus socioeconómico, la raza y la etnia afectan al estado de salud y se asocian con disparidades sustanciales en los resultados de salud a lo largo de la vida”, afirma Elizabeth Brondolo, presidenta de un grupo de trabajo de APA que escribió el informe. “Y el estrés es uno de los diez principales determinantes sociales de las inequidades en salud”, añade.

Se estima que las enfermedades y lesiones relacionadas con el estrés cuestan a Estados Unidos más de 300.000 millones anuales por accidentes, absentismo, rotación de empleados, productividad baja y costos médicos, legales y de seguro directos, según el documento.

Las personas con ingresos más bajos informan de estrés más severo (pero no más frecuente) y han tenido más eventos traumáticos en su infancia, según el informe. Los afroamericanos y los hispanos nacidos en Estados Unidos también reportan más estrés que sus homólogos blancos no hispanos, debido en parte a la exposición a la discriminación y la tendencia a experimentar eventos traumáticos más violentos.

EL ESTRÉS AFECTA AL COMPORTAMIENTO
Un análisis de 2016 indicó que los hombres cuyos ingresos están en el uno por ciento superior viven casi 15 años más que aquellos en el 1 por ciento más bajo. Para las mujeres, esa diferencia es de casi diez años. Los autores identifican varias intervenciones a nivel individual, familiar, del proveedor de servicios de salud y de la comunidad que podrían ser útiles para ayudar a mejorar los efectos negativos del estrés en las poblaciones minoritarias y de bajos ingresos y potencialmente abordar algunas de las disparidades de salud.

El informe concluye con una serie de recomendaciones, que incluyen la solicitud de una investigación multidisciplinaria adicional sobre la interrelación de barreras a la salud experimentadas por las personas desfavorecidas. También recomienda mejorar los programas de capacitación en psicología para garantizar que los médicos sean capaces de debatir y abordar adecuadamente los efectos de la desigualdad en la salud individual.

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