Miércoles, 18 enero, 2017

Las hijas de la acusada de matar a su marido en Charches la respaldan y dicen que era maltratada

El crimen ocurrió tras la infidelidad del marido



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Francisca y Loli, las hijas de la acusada de asesinar con una escopeta de caza a su marido en la localidad granadina de Charches, en El Valle del Zalabí, y ocultar el cadáver después de que tuviera conocimiento de que le había sido infiel, han respaldado este lunes a su madre y han asegurado que su padre la sometía a maltrato tanto físico como psicológico.

En declaraciones a los periodistas a las puertas de la Audiencia Provincial de Granada, donde un jurado enjuiciará hasta el próximo viernes a su madre, las jóvenes, de 22 y 27 años, han explicado que la mujer sufrió “un cambio radical” y se obsesionó con su marido, y llegó incluso a dejar su trabajo por ello.

Según han relatado, la madre “lo ha pasado mal” desde su infancia y desde que se casó, a la edad de 15 años, y ha sido víctima del comportamiento violento de su marido, con lo que, aunque no se esperaban que la mujer pudiera acabar con su vida. De hecho, ella no llegó a contarles que había matado a su padre y aquella noche del 12 de mayo de 2013 ni siquiera llegaron a oir los disparos.

Por su parte, el letrado que representa a la inculpada, Jesús Huertas, ha señalado que durante el juicio intentará demostrar que la mujer, de iniciales M.D.R.L., actuó por “obcecación” y que la “minuciosidad” para intentar borrar las huellas del crimen tiene una explicación “científica” para lo que aportará tres informes periciales.

Sin embargo, el abogado que representa a la acusación particular, que ejerce la familia del fallecido, ha considerado que es precisamente esa “minuciosidad” y la “frialdad” la que hace “difícil” entender que su conducta fue compatible con una alteración de tipo psicológico, aunque en cualquier caso ese es un extremo, según ha dicho, que tendrá que demostrarse durante la vista oral.

La Fiscalía pide para ella una pena de 18 años y nueve meses de prisión, por un delito de asesinato y otro de tenencia ilícita de armas, con la circunstancia agravante de parentesco y la atenuante de confesión, además del pago de una indemnización a la madre del fallecido de 60.000 euros.

Según consta en el escrito de acusación provisional del Ministerio Público, al que ha tenido acceso Europa Press, la procesada, de 45 años, contrajo matrimonio con F.M.E. a la edad de 15 años, fruto del cual tuvieron dos hijas, que tienen actualmente 26 y 21 años. La mujer convivía con su marido y su hija menor en la segunda planta de una vivienda en Charches, en el término municipal de Guadix.

Aproximadamente en el mes de agosto de 2012, la mujer tuvo conocimiento de la infidelidad de su esposo, por lo que, “humillada y despechada por la traición”, en el mes de mayo de 2013 tomó la decisión de matarlo.

En los días previos al 12 de mayo, la procesada, que carecía de permiso de armas, había tomado una escopeta de su marido –aficionado a la caza– que éste guardaba en un armario y la escondió detrás de un sillón cargadas con dos cartuchos y preparada para ser disparada en cualquier momento.

Finalmente, esa noche del 12 de mayo, después de pasar todo el día junto a su esposo y tras cenar juntos en la casa de su suegra, la mujer, “movida por los celos y con el firme propósito de acabar con la vida” del hombre, “procedió a ejecutar un plan perfectamente trazado”, consciente de la gravedad y de las consecuencias de lo que iba a hacer.

Al regresar a su domicilio cerca de la media noche, ambos se acostaron en la cama de matrimonio que compartían desde hacía años. La acusada esperó a que su marido estuviera “profundamente dormido” para llevar a cabo su plan.

Así, “aprovechándose” de la situación “de absoluta indefensión” en que se hallaba, siendo las 2,30 horas, sacó la escopeta de su escondite y, “actuando con sumo cuidado” para que él no la descubriera, le acercó el cañón a la cabeza y “con absoluta frialdad” efectuó dos disparos que le causaron la muerte de manera instantánea.

Tras comprobar que su esposo estaba muerto, la inculpada desarmó la escopeta, la volvió a colocar en el armero y pasó el resto de la noche sentada en un sofá del salón, hasta que a las 7,30 horas llamó a la puerta un compañero de trabajo del marido quien, extrañado por la tardanza de éste, le preguntó por él, a lo que ella contestó que ya se había ido.

Después de que sus hijas se marcharan a trabajar y, con la seguridad de estar sola en la vivienda, la mujer arrastró el cadáver de su marido desde el dormitorio gasta un garaje al que da acceso una puerta situada en el recibidor de la casa y trató de subir el cuerpo en el maletero de un todoterreno. Como no pudo, colocó entonces el cadáver en el maletero de otro vehículo, un Citroen C15 que se encontraba en el garaje, para lo que se ayudó de una cuerda.

A continuación se subió al coche y, con intención de esconder el cuerpo sin vida del esposo, se desplazó hasta un lugar conocido como ‘Rambla del agua’, y se apeó para sacar el cadáver, que dejó caer por un barranco muy escarpado y resbaladizo, auxiliándose con la cuerda de nuevo. Tapó el cuerpo con varias piedras de grandes dimensiones y con vegetación y lo dejó “completamente oculto”.

Después regresó a su domicilio y “con el malogrado propósito de borrar las huellas de su crimen”, tiró las vainas de los cartuchos percutidos entre la vegetación existente en un callejón situado frente a su vivienda, y guardó en unas bolsas las sábanas manchadas de sangre y los restos de la cabeza de su marido que aún quedaban en el dormitorio para, posteriormente, quemarlos en la chimenea de una caseta de aperos propiedad del matrimonio, donde también fregó las manchas de sangre del coche.

Tras limpiar los restos de sangre que quedaban en el dormitorio, cambió también de sitio una de las mesitas de noche, porque presentaba impactos de los disparos, e incluso llegó a pintar con dos capas de pintura las manchas de las paredes, que previamente había intentado eliminar con un estropajo. También cortó las partes del colchón con sangre, las quemó en una estufa y escondió el resto del colchón en un trastero.

Sobre las 18,30 horas, sus hijas regresaron al domicilio y “preocupadas por extraña desaparición de su padre”, lo pusieron en conocimiento de la Guardia Civil, a la que presentaron denuncia el 14 de mayo.

En los días posteriores a la desaparición, la acusada, “con aparente tranquilidad”, participó activamente en las labores de búsqueda del marido. El 16 de mayo la Policía Judicial de Guadix tuvo conocimiento de que se había utilizado la chimenea de la caseta de aperos, y, ante los “evidentes indicios” de que la desaparición del hombre no había sido voluntaria, la mujer, “angustiada”, confesó los hechos y llevó a los agentes al lugar donde había ocultado el cadáver, y fue detenida.

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