Domingo, 17 Diciembre, 2017

            

Las familias con un miembro con enfermedad mental soportan hasta el 60% del coste del tratamiento

Estos y otros datos han sido expuestos en las Jornadas Internacionales de Psiquiatría basada en el Paciente, celebradas en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid

Una de cada cuatro personas sufrirá en algún momento de su vida algún transtorno mental


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Las familias con un miembro con enfermedad mental soportan hasta el 60 por ciento del coste de su tratamiento, según ha explicado el jefe del Departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid, el doctor Enrique Baca García, quien destaca que además constituye un importante soporte emocional y social.

El coste de las enfermedades mentales para la sociedad europea supone un billón de euros al año, los costes directos son un 30 por ciento que son los costes derivados de la atención sanitaria; mientras que el resto son costes indirectos relacionados con la perdida de productividad y los cuidados que necesitan, los cuales recaen sobre todo en las familias.

“La parte emocional de las familias es tremendamente dura y difícil de cuantificar”, admite. En el caso de la atención a enfermo mental grave las familias dedican entre 8 y 9 horas diarias al paciente, eso supone la interrupción del proyecto vital del familiar, porque tiene que ocuparse del enfermo; además, va a suponer un coste económico y, por su puesto, emocional porque son muchos los familiares que se sienten responsables de la enfermedad.

No hay duda de que “el papel de las familias puede suponer una diferencia crucial en la mejoría del paciente, ya que su implicación en el proceso terapéutico supone una gran ayuda económica, emocional y social, evitando situaciones extremas donde el paciente pueda sufrir riesgo de exclusión”, añade.

Estos son algunos de los datos que se han podido extraer de las Jornadas Internacionales de Psiquiatría basada en el Paciente, celebradas en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, donde se pretendían “conocer mejor las necesidades para implementar ideas y estrategias que ayuden a llegar mejor a los pacientes y a los familiares, y mejorar el seguimiento del enfermo, disminuir la carga de las familias y hacer conscientes a profesionales y a la sociedad del esfuerzo que supone para las familias”.

“Las enfermedades mentales están silenciadas, el impacto que tiene sobre las familias es un tema muy desconocido. Queremos reivindicar algo que debería ser clave y central para los servicios sanitarios, que es mejorar la vida de los pacientes y hacer que puedan vivir su vida como si no tuvieran una enfermedad”, concluye.

NUEVAS TECNOLOGÍAS

Por otro lado, el experto destaca los beneficios que la implantación de las nuevas tecnologías pueden generar en el tratamiento de los pacientes. “Mejorará el conocimiento de las enfermedades mentales y, sobre todo, el conocimiento individual de cada paciente”, advierte Baca García, quien se lamenta de que en este área aún queda mucho trabajo por hacer.

“Estamos muy limitados porque a los pacientes los vemos entre 4 y 8 veces al año, con lo cuál entre una visita y otra puede pasar mucho tiempo que no se valora al enfermo. Las nuevas tecnologías van a permitir que se haga un seguimiento más constante de estos pacientes y mejores valoraciones”, afirma.

No obstante, las nuevas tecnologías ya se están incorporando, de hecho “están permitiendo ya que los pacientes sean conscientes mejor de su enfermedad”, de modo que “pueden empoderarse y autogestionarse mejor, disminuyendo las presión sobre el sistema sanitario”, añade.

El 25 por ciento de la población tiene necesidad de tratamiento por problemas de salud mental, la prevalencia de la enfermedad mental es el 25 por ciento de la población, pero la atención en el caso de España se establece en el 5 por ciento. Gracias a los avances tecnológicos, “a ese 20 por ciento restante se le puede ayudar con las nuevas tecnologías”.

Precisamente, la Fundación Jiménez Díaz está trabajando en sistema de seguimiento de personas con intentos de suicidio, para mejorar la adherencia al tratamiento y eliminar recaídas. Además, tiene un proyecto para la evaluación de los pacientes donde se barajan datos de casi 20.000 enfermos.

“De momento es un tema preliminar que los pacientes lo reciben muy bien pero los seguimientos a largo plazo cuestan trabajo porque todavía la tecnología no la tenemos lo suficiente optimizada para hacer que sea una rutina agradable y que los pacientes mantengan”, explica.

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