Jueves, 19 Octubre, 2017

            

“Las enfermeras pediátricas muchas veces asumimos un papel de madre”

Hoy conocemos de cerca el trabajo que realizan las enfermeras del área de Pediatría del Hospital Clínico San Cecilio del Complejo Hospitalario Universitario de Granada. Su implicación, su dedicación y sobre todo, su ilusión son las grandes bazas de estas profesionales en su día a día

Enfermeras de pediatría


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Teresa Romero, Toñi González y Carmen Anaya son las tres enfermeras del área de Pediatría del Hospital Clínico San Cecilio, del Complejo Hospitalario Universitario de Granada, que hoy comparten con los lectores de Granadadigital su día a día. Jornadas cargadas de profesionalidad, pero también y especialmente de ilusión, compromiso e implicación, en una labor que desborda, en la mayoría de los casos, el propio concepto de Enfermería.

Carmen Anaya es la supervisora del Área Neonatal. Su trabajo comienza con el ingreso de un niño. “Un diagnóstico médico que indica el motivo de su ingreso, pero cuando llega a la sala de Enfermería, se hace una valoración, que se basa en las necesidades de Virginia Henderson, precursora en el modelo de enfermería. Hacemos una entrevista a los padres o niños grandes, y valoramos desde las necesidades más vitales, hasta aquellas que están relacionadas por ejemplo con las creencias, el juego…”, explica Anaya, que continúa asegurando que en base a esa valoración “hacemos un recorrido desde las relaciones vitales, hasta cualquier otro apartado que también forma parte de una buena salud”.
De acuerdo a aquellas necesidades que desde enfermería se ven alteradas, se hace un nuevo plan de actuación, que es un plan de acción y cuidados, que se le brinda al paciente. “Es una agenda propia de trabajos de enfermería”.

“Por ejemplo”, Teresa Romero, de la Unidad de Encamación Pediátrica, que tiene una amplia experiencia con niños diabéticos, asegura que “el médico pone tratamiento y nosotras tenemos una función o unas actividades delegadas de los médicos que la gente conoce, como son administrar la medicación, pero además, llevamos a cabo otra labor, en la que la educación es fundamental, en ámbitos como el alimentario”.

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Enfermeras en la entrada del Aula Infantil del hospital

Explican que para ello es necesario saber las costumbres de la familia, ser conscientes del papel de la madre, saberla tranquilizar, apoyarla psicológicamente, e informarla de todo. “La diabetes es una enfermedad que a día de hoy requiere muchos cuidados e implicaciones, y es necesario que la familia conozca los tres pilares fundamentales para que el niño sea un adulto con los menores problemas de salud posibles, como son: ejercicio, alimentación y tratamiento médico”.

En su trabajo se hace un extra de educación y comunicación. “Es básico establecer empatía con los padres y con los pacientes”, explica la supervisora Carmen Anaya, que también destaca que no solo se trata de esta forma a niños más mayores, sino también a bebes. Algo que recalca Toñi González, enfermera de la UCI Neonatal, “hay que tener en cuenta cómo se entra a la habitación, cómo se coge al bebe. Para las madres es muy importante que tengan la sensación de que tú te haces cargo de la situación, que comprendas cómo se sienten, que pueden tener otros niños en casa, que tienen otras responsabilidades, y nosotras tenemos que saber hablar con ellas, y enseñarles cómo nos comunicamos con sus bebes para que se queden más tranquilas”.

Las enfermeras de niños son las sustitutas de las madres. Ejercen el papel de madre en aquellas cosas en las que la madre no tiene conocimientos para poder hacerlas. “Si una madre supiera poner el tratamiento o hacer otras cosas técnicas las haría ella, pero como no sabe, es la enfermera la que tiene que suplir ese papel”, explica Anaya.

“Al niño más mayor, de unos 8 o 10 años, te lo tienes que ganar. Porque hay que tener en cuenta que para ellos nosotras somos las que hacen daño, las que tienen que pincharles, o ponerles los tratamientos. Muchas veces llegas y saben que es para algo que no les va a gustar, Y te los tienes que llevar a tu terreno con más arte”, sonrié Romero. “Tienes que hacerles comprender que lo que les haces es por su bien, que si colaboran todo saldrá bien. Es importante tranquilizarlos y explciarles a qué vienen al médico, a qué van al quirófano. Los niños son seres humanos, con unos sentimientos, y sobre todo, mucho miedo a lo desconocido”.

Las tres coinciden en una idea: buscar la comodidad e intimidad dentro de lo posible. “Una madre no descansa, sufre mucho estrés, no puede estar en su casa, y es nuestro cometido que favorezcamos ante todo su estancia”.

En cuanto a la encamación, ahora se está en una época de muchos bebés con bronquiolitis, síndromes febriles, broncoespasmos, y también tenemos diabéticos, o enfermedades que tardan más en estudiarse y son más especiales.

“Cuando los niños son ingresados con una patología más compleja, y el periodo de encamación es más largo hay una escuela que les alivia mucho este periodo. De hecho aquello no parece un hospital. Es una sala totalmente distinta. Si el niño no puede salir de la habitación hay un monitor que se traslada y con el que puede ver en directo lo que se está haciendo”.

En el caso de la UCI Neonatal lo que se hace es estabilizar al niño. “Trabajamos con el neurodesarrollo, nosotras hacemos actividades centradas en eso. Potenciamos mucho que el nivel de ruidos sea el adecuado, el de la luz, evitando mucha la luz, para que los niños no sufran problemas de visión, el posicionamiento de los bebes, para buscarles la postura más adecuada y evitarles problemas de malformación de la columna”, explica la responsable, que comenta cómo “estos niños son prematuros, que nacen antes de tiempo, entonces lo que se busca con estos cuidados es, dentro de lo que se puede, reproducir el ambiente intrauterino“.

En este espacio hay bebes desde 25 semanas de gestación, hasta 37 semanas. “Cuando los niños están en una etapa que se pueden sacar de incubadora, también se fomenta el contacto canguro, para que el niño tenga apego a la madre, aunque esté intubado“, comenta González, “sobre el pecho de la progenitora para que sientan el ritmo cardíaco y se identifiquen con ella, para que la huela, para que les quede el tono de voz. Hay padres que también apuestan por la musicoterapia y un ambiente relajado”.

“Para nosotras, muchos de estos niños son practicamente nuestros, porque los criamos. Les hablamos como si fueran nuestros, y creamos lazos de empatía muy íntimos ya que algunos pueden estar aquí de tres a cuatro meses”, comentan emocionadas, “y son relaciones que duran para siempre“.

Pero en este sentido, también hay una parte negativa, que está muy implícita en el trabajo de estas enfermeras. Es el fallecimiento de un bebe o un niño. “Se pasa un pequeño duelo, no te acostumbras. Sobre todo, la muerte en los bebes es mucho más imponente, porque no ha cumplido su ciclo de vida“. Su papel es fundamental en estos momentos. “Los padres reaccionan muy mal, y tienes que estar ahí, tranquilizándoles y apoyándoles. La enfermera vive el duelo al mismo tiempo que los padres“.

“Normalmente cuando sabemos que el niño va a fallecer, procuramos que tenga una muerte digna, y procuramos que la madre coja unos momentos antes a ese bebe, para que sienta su calor. Se crea un ambiete íntimo con los padres y abuelos”, explican estas profesionales.

“A las enfermeras deberían cambiarle el nombre por cuidadoras en salud, porque cuidamos físicamente, poniendo el tratamiento y lo que menos hacemos son las funciones delegadas, pero nuestro papel es mucho más amplio y complejo”.

Ellas lo tienen muy claro. Lo que más les gusta de su profesión es el vínculo que se crea con los pacientes, la sonrisa de los niños, y la empatía que crean contigo. Lo que menos son las técnicas invasivas que les causan sufrimiento. “Para ello, lo importante es mantener la ilusión, y seguir viviendo esta vocación“.

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