Sábado, 17 de Noviembre de 2018

            

La violencia de Boko Haram empuja a miles de niñas desplazadas a prostituirse en Camerún

Las organizaciones de ayuda se declaran sobrepasadas y sin fondos ni estructuras institucionales que los soporten

El grupo terrorista Boko Haram ha forzado el desplazamiento de más de 250.000 personas | Foto: Archivo GD
E.P.


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La violencia de Boko Haram está forzando a miles de mujeres y niñas a ejercer la prostitución para sobrevivir, un fenómeno que se está percibiendo con especial intensidad de un tiempo a esta parte en Camerún, donde el grupo terrorista ha forzado el desplazamiento de más de 250.000 personas.

Es imposible conseguir una cifra exacta de desplazadas forzadas a vender su cuerpo, pero organizaciones como la Asociación para la Protección de Niños Separados de sus Familias en Camerún (la APEEFC, por sus siglas en inglés), están detectando un incremento de casos en núcleos urbanos, comenzando por Maroua, la capital de la región Extremo Norte, en la frontera con Nigeria, epicentro de las operaciones de la organización terrorista.

Un responsable de la asociación, Ezekiel Marvizia, cifra en unas 150 las menores obligadas a prostituirse en Maroua –a las que se puede ver habitualmente en un abarrotado cruce de caminos de Old Manor–, y más en ciudades circundantes como Mora, Mokolo o Kousseri. “Es difícil prestar ayuda”, ha lamentado Marvizia, “porque Boko Haram no para de atacar y las chicas no paran de llegar”.

EURO Y MEDIO POR CLIENTE
La prostitución es ilegal en Camerún. Se castiga con multas o, en el peor de los casos, con hasta seis años de cárcel. Sucede que a las chicas les da igual. “Total, hemos visto cosas peores con Boko Haram”, explica Hawa, de 18 años. Como otras tantas chicas, cobra entre 500 y 1.000 francos centroafricanos, un máximo de euro y medio por cliente.

Una circunstancia particular que pone de manifiesto la urgencia de la situación es que la APEEFC está asumiendo algunas competencias que no deberían pertenecer a la asociación porque muchas de estas chicas viven con sus padres, también desplazados. Sin embargo, son tan pobres que ni siquiera la familia unida consigue sobrevivir, de ahí que tengan que salir a la calle.

“Podemos comer y comprar cositas solo gracias a lo que hago”, explica Leslie, adolescente y trabajadora del sexo en Maroua.

“El problema reside en que se han olvidado de ellas”, explica Marvizia sobre la carga de trabajo adicional que ha asumido su organización. Es comprensible, dado que la mayor parte de la ayuda, insuficiente a todas luces, la reciben las víctimas directas de Boko Haram.

“Lo que pasa”, según el delegado regional para la Mujer y las Familias, Mahamat Sale, “es que ni tenemos gente ni tenemos medios: la demanda es enorme, pero las estructuras no alcanzan”. La ayuda más destacada es la que proporcionan las empleadas de Servicios Sociales que explican en persona a las prostitutas de Old Manor los peligros a los que se exponen.

“Es complicado enseñar a estas chicas a creer en el futuro cuando no tenemos fondos para la formación”, explica Adjidja Hassan, integrante de una organización regional que combate la violencia contra las mujeres.

62 RESCATES
En sus 16 años de actividad, la asociación solo ha conseguido sacar a 62 niñas de la calle y cada vez es más difícil por el flujo de desplazadas que se suman a la multitud de prostitutas de Old Manor. A la APEEFC le está costando incluso efectuar una tarea de formación básica para proteger a las niñas de enfermedades de transmisión sexual.

“Por lo general no les piden a los clientes que se pongan condón porque no saben lo que es un condón”, añade Marivizi. “Se quedan embarazadas o acaban con enfermedades de transmisión sexual”, añade. Las chicas no contestan cuando se les pregunta si saben lo que es un preservativo. Se limitan a reírse.

 


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